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¿hacia una escuela de 'valentia'?

'100 pesetas': Cuando la nostalgia empieza con treinta años

'100 pesetas' es la primera colaboración entre la dibujante Inma Almansa y el guionista Luis Ponce Segura. Una comedia con sabor agridulce de jóvenes con un panorama incierto por la crisis, y con más confianza en el pasado que en el futuro

18/02/2019 - 

VALÈNCIA.-“Me gustaría escribir una historia sobre la guerra de Vietnam, pero hay que documentarse, y saber cómo era la guerra y todo eso. Pero esto está más a mano, me doy una vuelta por el barrio y me vienen las referencias”, explica Luis Ponce Segura, guionista de 100 pesetas (Planeta). Con dibujo de la también valenciana Inma Almansa González, esta pequeña novela gráfica es un agridulce retrato de una juventud para la que, con apenas 30 años, la nostalgia se convierte en un refugio ante un futuro para nada esperanzador. Sin ser una obra autobiográfica —aunque sí se han colado algunos guiños— la historia de Pablo Martín, que pasa de vivir en Londres con su novia a refugiarse en casa de sus padres, es un relato con el que más de uno (y de una) se verá identificado.

Ponce y Almansa forman parte de aquel grupo de jóvenes que participó, en 2012, en el cómic Valentia (Norma Comics) que hacía un retrato de la ciudad del Turia a través de 34 autores y 23 historias cortas. De ahí surgió posteriormente una nueva iniciativa, De muerte (GP Ediciones). “El colectivo sigue más o menos vivo. Haciendo Valentia, conocí a Inma. A partir de ahí, todos seguimos más o menos conectados e hicimos De muerte, aunque aquí mi compañera no participó. Ahora no hay un proyecto colectivo en el horizonte, pero sí una continuidad, algunos siguen formando equipo y otros van más por su cuenta, pero hay cierto contacto”, explica Ponce.

Aunque es prematuro, quizás exagerado, hablar de una escuela de Valentia —en homenaje a la mítica Escuela de València de los 80—, sí podríamos estar ante el embrión de una nueva generación de autores. Ponce trabaja en un proyecto con Miguel Delicado (¿Y ahora qué?, de Nowevolution); Santi Selvi y José Pérez Zarzo sacaron Gauss. El príncipe de los matemáticos a principios de 2018 con Norma, y en noviembre otro sobre Arquímedes. También el guionista Ricardo Vilbor, que formó parte del colectivo, acaba de publicar Objetivo: Hedy Lamar para Grafito, Ángel Muñoz (dibujo) y Abel Pajares (color). César Sebatián, por ejemplo, ha hecho la portada de la biografía de Johnny Cash o el cartel de la última edición del festival La Cabina. La lista no es exhaustiva, pero da una idea de lo que puede dar de si esta nueva camada de dibujantes valencianos.

La edición de 100 pesetas ha corrido a cargo de Planeta, algo que parece inalcanzable para la mayoría de dibujantes. “En realidad el proyecto lo iba a sacar De Ponent, pero falleció Paco Camarasa, y nos tuvimos que buscar la vida. Como no sabíamos qué hacer, mandamos un mail a Planeta a ver qué pasaba; lo peor era no tener respuesta. Pero no, respondieron en seguida: el viernes y allí estábamos el lunes. Les pareció todo bien, nos dejaron trabajar… fenomenal”, apunta.

¿Sobredosis de nostalgia?

“Inma y yo somos  del 84. A mi me pilló el fin de las pesetas y aún recuerdo cuando llegó mi madre con los primeros euros. De hecho, creo que lo primero que me compré con la nueva moneda fue un tebeo de Daredevil en Futurama”, explica Ponce. Aunque el presente o el pasado inmediato pesa más que el fin del siglo XX, la infancia sigue estando presente en esta historia de fracasados que no han podido madurar como debieran por la crisis. “El titulo viene de un diálogo que había en el cómic, quedaba un poco pedante en plan ‘antes con cien pesetas podías comprar cosas y ahora no puedes ni ser feliz’. o algo así, pero no nos acaba de gustar. La frase sigue apareciendo en una conversación pero, la verdad, no sé porqué dejamos el título. Creo que es porque llama la atención”, explica el guionista.

“Está claro que es una referencia temporal, aunque en la trama no tenga tanto, y como Planeta nos dijo que les parecía bien, pues adelante. Nosotros les preguntamos si querían que potenciáramos más el tema nostalgia, con eso de que está de moda lo de Yo hice la EGB y eso, pero nos dijeron que no, que les parecía bien tal y cómo estaba”, añade. Por cierto, el sábado 23 de febrero, de 11 a 12 estarán firmando ejemplares en el stand de Greyshkull Comics en el marco de la II Heroes Comic-Con de Valencia.

Una cosa que Ponce precisa es que no estamos ante un relato biográfico, pero sí ante una historia con la que mucha gente se podrá sentir identificado. Hay algún guiño (él e Inma fueron, como los protagonistas, a colegios que se llamaban Antonio Machado), y que “todos todos tenemos un ex que te alegras de ver aunque a cada uno le haya ido la vida por un lado, o un amigo noble del que te avergüenzas —como el Nando del cómic—, el futbito… pero la historia es ficción”.

Pero también hay en 100 pesetas cierta mirada social. Por ejemplo, la figura de los padres, que no son los típicos coñazo o que viven una relación tensa con sus hijos. Al revés, se nota que hay cariño hacia esos padres que ven que su hijo no sale adelante, que le entienden, pero tampoco quieren agobiar. “Durante el proceso de creación, tanto Inma como yo vivíamos con nuestros padres, así que no sé si es un poco un homenaje a unos padres que han aguantado más de la cuenta. A veces sí se ponen pesados, pero lo que han aguantado... Mira los míos, que tienen un hijo que hace tebeos”, bromea.

El final tiene un toque nihilista, de mandarlo todo a paseo. Lo único que les queda contra el fracaso es una victoria moral. “Pablo está derrotado cuando vuelve al barrio, y sabe que se ha ido de Londres y es para quedarse y se encuentra con que el tipo al que más odiaba de joven es el típico gilipollas al que le ha ido bien, y  que encima tiene una cadena de gimnasio —muy respetable pero un poco odioso– mientras ellos están en el bar hasta última hora”, dice. Curiosamente, hasta en este proceso de infantilización está Patricia, una niña que todavía va al colegio, y tiene más sentido común que ellos.

Ponce tiene claro que seguirá explorando historias con cierta carga social. “No sé si es por vaguería porque también me gustaría hacer una historia de Vietnam y hay que documentarse, y saber cómo era la guerra y eso... Mucho trabajo. Pero esto está más a mano, me doy una vuelta por el barrio y me vienen las referencias. También, hasta que tenga más experiencia, me parece lo más honesto, contar lo que tengo a mano”, declara..

De momento, también con Inma, trabaja en su próximo proyecto: la historia de una chica que trabaja en un video club, que no tiene un euro, vive con su padre, y que tiene que tomar la decisión de hacer algo de la vida. “Una historia que podría pasar en la calle de al lado de 100 pesetas”, concluye.

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