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presenta EL POEMARIO 'cuaderno de bitácora'

Rafael Poveda: "La vida es un ir y no llegar; es un intento que no se concreta nunca"

28/08/2020 - 

ALICANTE. Escribe desde la adolescencia, aunque nunca se ha sentido capaz de enseñar lo que hacía. Poesía, cuentos o prosa breve son los géneros que el abogado Rafael Poveda ha ido utilizando en secreto durante todo este tiempo. Y es que su excesivo sentido de la vergüenza ha impedido que se hayan hecho públicos hasta ahora. Sin embargo, algún íntimo amigo sí ha tenido la suerte de poder disfrutarlos (incluso, a veces, protagonizarlos). Un placer que se abre al público general con la publicación de su primer libro, Cuaderno de bitácora, cuya presentación será los días 3 y 4 de septiembre, a las 20 horas, en el Centro Municipal de Mayores de Sant Joan d'Alacant

"Cuando eres joven tienes un sentido de la vergüenza que se pierde a determinada edad", justifica el autor. Pretende así expiar la culpa por haber privado a los lectores de la emocionante claridad con la que hablan sus poemas. "Es casi imposible leerlo hasta para uno mismo porque te avergüenzas de lo que lees", insiste. Abrir sus sentimientos y toparse con ellos encima de la mesa implicaba para él todo un shock. Además, confiesa que tampoco se sentía a la altura. "A veces, si te comparas, crees que lo tuyo es muy malo o absolutamente malo", afirma. Aunque, treinta años después, ya se han le caído muchos mitos y también inseguridades. "Me decidí a publicar porque pensé que, si no la hacía ya, no lo haría nunca; siempre te llega un momento así en el que tienes que decidir ciertas cosas que para ti antes habrían sido impensables".

Por encima de todo, intenta crear belleza. "A veces lo consigo y otras no", apunta el autor. Es consciente de que esa belleza de la poesía surge precisamente de hacerla desde la intimidad de uno mismo. Por tanto, asume su venidera desnudez en un descubrimiento emocional que se hace más explícito si cabe en la claridad con la que habla en sus textos. Estilo claro, conciso y comprensible, sin grandes metáforas o conceptos demasiado abstractos. "Hasta que no te acostumbras a hacerlo o no asumes que lo vas a hacer, pues, te sientes incómodo, pero ya he asumido hasta las críticas que puedan llegar", sentencia, y persiste en la humildad: "quizá no es el mejor poemario que podría haber hecho, pero es el que quería hacer". 

Fuera del libro se quedan algunas de sus piezas favoritas. Textos que no encajan en el concepto que quería tratar. Escribir un libro heterogéneo con poesías que nada tienen que ver entre ellas quizá no habría tenido sentido, porque lo que él quiere es transmitir algo concreto. "Necesitas que se lea la siguiente y después la siguiente para que se comprenda lo que quiero decir", describe. Todas tienen un nexo común, que son las cosas que para él son trascendentales en la vida: el amor y la amistad, por ejemplo. "La vida es un ir y no llegar; es un intento que no se concreta nunca, por lo menos en las personas que tienen un carácter como el mío", afirma. Un libro que, en cierta manera, le define.

"Soy un eslabón de una cadena que se ha roto y que estaba compuesta por mis generaciones anteriores, quienes tenían otras costumbres y otra forma de vida", explica. Eso que él vivió de pequeño, ahora, con nostalgia, lo echa de menos. "En esta vida moderna, quisiera aplicar los principios que tenía esa gente tan sencilla, pero no encuentro la forma de hacerlo", lamenta. Así, ese 'ir y no llegar' a ningún sitio es una frustración que le persigue y que, de alguna forma, también justifica, al menos para el fin poético. "No puede haber un poeta feliz. Tienes que tener desengaños; tienes que sufrir y padecer, porque sino no puedes escribir poesía", sentencia. 

Rafael Poveda. FOTO: AP

Agnus Dei es el título de un conjunto de tres poemas que se incluyen en este libro y que, según el propio autor, son los que mejor lo definen. Hablan sobre el último labrador vivo que quedaba en la Condomina de Alicante. "Es una añoranza de mi pasado", desvela. En ellos, dice que quiere ser mejor. Pero no se refiere a ser mejor que sus antepasados, sino a ser mejor de lo que es hoy por hoy, a causa de no poder aplicar esos valores que añora. "Yo puedo hacer algo mejor", cita literalmente. 

"Yo soy un pobre chico que ha nacido al borde de un bancal y he trabajado tanto que mi espalda ya no puede más", continúa citando para explicarse. Esa vida de trabajo en el campo, él la vivió de refilón, hasta una edad temprana. Pero aquella generación anterior, sí trabajó sin descanso para dar a sus hijos los estudios y la formación con la que pudieran ser 'mejor' que sus propios padres."Nuestros padres nos dieron muchísimo y por eso admiro su sacrificio, pero ese 'mejor' es entrecomillado, porque yo siempre pienso que ellos fueron mejores que yo", afirma Poveda. "Esa vida sencilla de trabajo y sacrificio es la que les dio unos valores que hoy no existen", lamenta. Es por eso que, al mismo tiempo, él es también el primer eslabón de otra cadena que ahora trata de aplicarlos, con admiración y añoranza, en un mundo nuevo en el que a duras penas se siente capaz de hacerlo. Un 'ir y no llegar' del que brotan las poesías que ahora plasma en su Cuaderno de botácora

"Echo de menos la honestidad, la sinceridad y la simplicidad que tenía la gente de antes. También el humor y la socarronería, muy propios de esta tierra, con los que se afrontaban las dificultades de la vida permitiendo que no se cayera en el pesimismo", recuerda. "Antes se padecía con paciencia; ahora no estamos acostumbrados al dolor y cualquier cosa nos parece una tragedia", añade. Levantarse a las 6 de la mañana para segar con la luz de un farol colgado en un árbol, quizá conseguía que se tuviera otra perspectiva de la vida. "Esa socarronería e ironía son una forma de afrontar el padecimiento", apunta. Es por eso que, con todo, a pesar de ese aparente pesimismo que pueda denotar su frustración permanente en ese camino sin final, confiesa: "a mí no me verás morirme de pena". 

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