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gastronomía

Alejandro Sánchez: el valenciano que susurra a las paellas... en Pekín

Alejandro Sánchez dejó el mundo financiero para especializarse en cocinar paellas valencianas. Hoy, desde Pekín, abandera la gastronomía española y valenciana

17/05/2019 - 

VALÈNCIA. A los ocho años, Alejandro le dijo a su madre que le enseñara a hacer una paella y ella le respondió: «No, que te quemarás». Pero su madre no sabía con quién estaba hablando. Alejandro, el mayor de seis hijos, había salido bravo y con las ideas claras. Y aunque su trayectoria profesional comenzó como profesional de las finanzas —una de sus virtudes— tenía una idea fija desde muy joven: montar su propio restaurante y cocinar muy buenas paellas, con el 'muy' por delante. Y como 'fácil' no es adjetivo que Alejandro conjugue con facilidad, apostó por Pekín tras descartar otras ciudades.

Lo que no sabían los chinos era lo que les esperaba. Con la llegada de Alejandro a Pekín, en 2009, y con la apertura de su restaurante Niajo —de cocina española— también iba a llegarles un valenciano muy ‘chino'. Un valenciano que iba a enseñar a los profesionales asiáticos que trabajasen con él —veinte personas en la actualidad— la importancia del respeto entre las personas y de comenzar respetándose a uno mismo; iba a hablarles de que trasladasen el civismo hasta los lugares más íntimos, iba a destacarles la importancia del orden y la limpieza... y también a no escupir. Y además de todo eso, el cocinero valenciano iba a enseñarles a mover las muñecas más que una bailaora de flamenco, para sorpresa de los orientales. Es lo que tiene el manejo del arte de los fuegos, ese jugar con las llamas que Alejandro aprendió primero de su madre y luego de algunos cocineros valencianos de renombre. 

Con tesón, sacrificio, mucho trabajo y afán de superación, Alejandro Sánchez acumula ya 43 años cocinando muy buenas paellas valencianas y diez años ofreciéndolas en Niajo, el restaurante que ha levantado en el corazón de Pekín. Para lograr la excelencia, este inconformista cocinero ha necesitado fusionar la sabiduría robada (o prestada) a ilustres nombres de profesionales valencianos como Óscar Torrijos, Roberto Aparicio (Casa Roberto), Borja Azcutia y a restaurantes centenarios como La Pepica. En todos ellos invirtió muchas horas de dedicación profesional, las que le quedaban de su tiempo libre y de vacaciones; también muchas escapadas de fin de semana a València —durante el tiempo que residía en Madrid por motivos profesionales—, en las que se convertía en un pinche de cocina accidental (con ‘a’, que no occidental), y se metía en las cocinas de los restaurantes que, meticulosamente, él había seleccionado. De todos ellos Alejandro se impregnó del arte de la cocina tradicional valenciana. 

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Este inquieto y curioso valenciano desde hace diez años ofrece una carta 100% española a sus vecinos de las embajadas de Pekín, y a los muchos pekineses y turistas que se acercan, siempre recomendados por otros comensales —y también por Tripadvisor—, a degustar alguno de sus más de setenta platos, entre los que se encuentran el jamón ibérico, el pulpo a la gallega, las cremas de tomate y, cómo no, el plato estrella haciendo honor a sus orígenes: la paella valenciana. 

* Lea el artículo completo en el número de mayo de la revista Plaza

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