ILUSTRES VERANEANTES

Alexis Marí, de la Marina del Pinet a Dénia pasando por Lyon

1/07/2017 - 

VALÈNCIA. Un año más los Ilustres Veraneantes se asoman a Valencia Plaza para relatarnos sus recuerdos de verano y sus veranos para el recuerdo. Empezamos con uno de los políticos que más tuit-tulares acapara en las últimos semanas, Alexis Marí.

¿Qué recuerdos tienes de los veranos de tu infancia?

Mis veranos, así como toda mi infancia, los recuerdo alegres, en familia, muy felices. De pequeñito iba siempre al pueblo de mi madre, La Marina del Pinet, una pedanía de Elche. Por las mañanas íbamos a la playa y cuando volvíamos a casa –era una antigua casa de mis abuelos en el pueblo– siempre comíamos debajo de una gran parra, después de comer recuerdo que mi madre siempre me decía que tenía que hacer la siesta, era un ritual obligado aunque a esa edad no me apetecía, además el calor en aquella zona era tremendo.

¿Jugabas a fútbol o preferías jugar a polis y cacos?

[Sonríe el protagonista, Guardia Civil de carrera] Jugábamos a fútbol en una era, siempre había piques con mis primos. Uno de nuestros pasatiempos era perseguir lagartijas y anguilas en las acequias, también alimentábamos a los gusanos de seda y hacíamos unas cabañas con palés encima de los árboles. 

A partir de tu adolescencia empiezas a ir a Francia, ¿cuál es tu vinculación con el país galo?

Así es, además de La Marina, siempre aprovechábamos para ver a la familia en Francia, íbamos una semana a Lyon a visitar a mi abuela paterna –aclara que su padre es argelino de nacimiento cuando Argelia era una colonia francesa–. Viajar en aquella época era súper ilusionante, íbamos todos en coche y recuerdo muy buenos momentos con la familia. Mi padre tuvo primero un Citroën GSA Palas y después un Mehari, con éste en verano muy bien pero en invierno entraba aire por todos los lados y pasábamos mucho frío. 

Llegamos a la adolescencia, esa difícil edad de veranos eternos y amores imposibles.

En mi etapa pre-adolescente iba con los amigos a La Marina en Elche y en esa etapa había un grupo de franceses que venían a pasar el verano y una de las jóvenes se llamaba Gaelle y a mi me gustaba mucho, realmente fue mi amor platónico en mi pre-adolescencia. [Aquí confiesa que ese fue el motivo para llamar a su hija pequeña Adriana Gaelle]. 

Aunque llevas unos años dedicándote a la política, tú eres guardia civil…

Sí, desde los 19 años cuando ingresé en el Cuerpo benemérito donde las vacaciones tenían que ser siempre partidas, había que dividir en dos períodos los 40 días reglamentarios. Por ello yo a veces cogía las vacaciones en junio, aunque casi siempre pude cogerlas entre finales de julio y principios de agosto que era cuando yo prefería. Aunque he de reconocer que me gustaba tanto mi trabajo que los últimos días de vacaciones ya tenía ganas de incorporarme.

A los 19 años Guardia Civil y a los 20 te casas, supongo que ahí cambian mucho los veranos. 

Efectivamente me casé con Nuria con 20 años, pasé unos veranos divertidísimos con la madre de mis hijos. Los dos primeros veranos fuimos a La Marina y luego con mis suegros a la Puebla de Farnals, donde podíamos combinar trabajar y volver a la playa a final de día, por ello estábamos ahí todo el mes. 

¿Y cuándo y cómo llega Dénia a tu vida?

Siempre he tenido una gran afición por el buceo recreativo, deporte que practicaba por la Marina Alta –Jávea, Calpe, Dénia– y pese a ello y a través de la empresa donde trabajaba surgió una ocasión y mi ex mujer y yo decidimos comprar una casa en Sabiñánigo, Huesca y cuando ya habíamos dado una entrada, Nuria encontró una promoción interesante en Dénia y me dijo: "ahí puedes practicar buceo y está mucho más cerca de València" y de manera casi casual compramos la casa en Dénia.  

¿Qué es para ti Dénia?

El paraíso en la tierra, las mejores calas, las mejores playas, el microclima que se genera al lado del Mongó, las vistas son preciosas, hay huerta y naranjos. La zona de Marqués de Campo mantiene su esencia de barrio marítimo. Yo siempre digo que el sol y la luna allí son distintos. La temperatura es idónea, apenas dos meses de frío, el verano se alarga hasta finales de octubre. Tiene una fauna y flora que no encuentras en ningún otro sitio. La gente es muy abierta. Lo bueno de Dénia es que es una ciudad que no está masificada y está a una distancia ideal de València y Alicante.

¿Cómo es tu rutina un día de verano junto a tu actual pareja, Carolina Punset? 

Desayunamos en la pastelería que nosotros llamamos "la de los franceses" –La Chocolatine– regentada por mi amigo Sebastián que hace una repostería francesa,  leemos la prensa y nos encanta visitar una pequeña librería donde hay muchos libros sobre la historia local de Dénia. Algunos días hacemos una excursión por las lomas o faldas del Montgó, es un paisaje natural tremendamente bonito y normalmente acabamos en la playa de Les Rotes o en Las Marinas, donde tengo mi casa. 

Tanto Carolina como tú 'sois' de la Marina Alta. ¿A la playa mejor sólo o en compañía?

Carolina se puede pasar horas y horas, yo con hora y media estoy servido. Eso sí, ella está zumbada perdida, se puede bañar con el agua a 160 en octubre, noviembre y febrero con traje de baño, yo hasta que el agua no está unos 23 grados no me gusta padecer. Hacemos snorkel, escucho música y me relajo. Además me gusta hacer de embajador y por ello intento que mis mejores amigos disfruten de Dénia, la gente que viene suele repetir.

 

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