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El 'Guernica', patrimonio más allá del ruido

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VALÈNCIA. En 1937 la ciudad de París, al final del período de entreguerras y ya en pleno ascenso de los fascismos en Europa, decidió organizar la “Exposición Internacional de Artes y Técnicas de la Vida Moderna”. España fue invitada a participar, pero el golpe de estado iniciado el 17 de julio de 1936, desencadenante de la violenta guerra que asolaría el país hasta 1939, pareció truncar las aspiraciones del gobierno republicano por mostrar en Europa la modernidad española. No obstante, contra todo pronóstico, la República participó en la exposición de 1937 con uno de los pabellones ibéricos más deslumbrantes que se habían visto y con un aire de modernidad indudable.

Los arquitectos Josep Lluis Sert y Luis Lacasa erigieron en París un pabellón en el que ondearon las banderas de la República, de Euskadi y de Cataluña.  Aquí, el contenido de la infraestructura orbitó alrededor de la propaganda de los logros de la República y la llamada de atención sobre el conflicto bélico en España. No obstante, el pabellón español fue, en gran medida, una exhibición de los mejor que el arte contemporáneo español podía ofrecer desde los parámetros de una buscada modernidad. La monumental escultura de más de doce metros de Alberto Sánchez, el Guernica de Picasso o la Montserrat de Julio González son, probablemente, los hitos más reconocidos, pero a su alrededor orbitó una constelación de artistas hilvanada gracias el entonces director general de Bellas Artes, Josep Renau.

El artista valenciano Josep Renau era, desde septiembre de 1936, director general de Bellas Artes del gobierno de la República y fue el encargado de realizar la selección de artistas y obras que viajaron al pabellón español de París asistido por los pintores Timoteo Pérez Rubio y Roberto Fernández Balbuena. Y en esta selección, pese a la multitud de artistas que participaron, hubo desde el principio un centro indiscutible en el discurso artístico del pabellón, Pablo Picasso. Además del protagonista Guernica, el malagueño aportó varias esculturas, así como su recientísima serie gráfica Sueño y mentira de Franco.

El Guernica, un lienzo formidable

El Guernica de Pablo Picasso fue realizado en 1937 ex profeso para el pabellón de la Exposición Internacional de París en el contexto de la Guerra Civil. La obra, encargada por el gobierno español, recogió directamente al impacto internacional del Bombardeo de Guernika, ocurrido el 26 de abril de ese mismo año. El gran lienzo monocromo organiza un complejo repertorio iconográfico —caballo herido, madre con hijo muerto, figura caída— articulado mediante un lenguaje formal cubista, surrealista y expresionista. Picasso construyó así una imagen de fuerte densidad simbólica que trasciende el episodio histórico concreto y es una alegoría de la violencia contemporánea e instrumento visual de denuncia política.

Desde su origen, el Guernica adquirió una condición itinerante ligada al exilio republicano. Tras desmantelarse la Exposición de París, el enorme lienzo se mostró en diversas ciudades europeas y estadounidenses hasta que la obra quedó depositada en el Museum of Modern Art (MOMA) de Nueva York en 1939. Picasso estipuló que regresara a España solo cuando se restaurara la democracia y un gobierno legítimo. Por fin, en 1981 se reconoció la propiedad del lienzo por parte del Estado español y el cuadro llegó a España para ubicarse primero en el Museo del Prado y, desde 1992, en el Museo Reina Sofía. Esta obra forma parte del Patrimonio Histórico de España, es de dominio estatal inalienable e imprescriptible, está adscrita al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y goza de la protección de la Constitución Española y de la Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, que establece, en su artículo 60, que los museos estatales y los bienes en ellos custodiados son Bienes de Interés Cultural.

El enorme lienzo (349,3 x 776,6 cm) fue enrollado y desenrollado numerosas veces a lo largo de su historia, acometiéndose para sus traslados operaciones que serían impensables hoy en día desde la perspectiva de los criterios científicos de conservación del patrimonio cultural. El 26 de julio de 1992, año simbólico por lo que significó para la inclusión de España en la modernidad internacional, el Guernica padeció su último traslado desde el Casón del Buen Retiro hasta el Museo Reina Sofía. En aquel momento, hace casi 35 años, ya se entendió que enrollar y desenrollar un lienzo que es Bien de Interés Cultural sin que esta operación fuera imprescindible para su salvaguarda y conservación era una acción inaceptable. Siguiendo los criterios establecidos por el ICOM, el delicado Guernica no fue enrollado, sino transportado con su bastidor en una caja especialmente fabricada para mantener las condiciones óptimas. Fue necesario, además, derribar muros y ventanas para que la enorme mole hiciera su breve peregrinación de una a otra acera del Paseo del Prado. Todo fue controlado por el personal técnico de las dos instituciones implicadas para asegurar que uno de los lienzos más relevantes de la historia universal llegara a su hogar definitivo con todas las garantías.

La responsabilidad de la conservación del Guernica

La protección del Patrimonio Histórico tiene su base en el artículo 46 de la Constitución Española, que obliga a los poderes públicos a garantizar su conservación y enriquecimiento. La Ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español, define con claridad qué bienes son integrantes de dicho patrimonio y son, por lo tanto, de protección obligada por parte de la Administración. El Guernica ha de ser, por imperativo legal, conservado como parte del Patrimonio Histórico que pertenece a todos los españoles y esta norma se aplica, tanto a la Administración en general, como a la entidad que lo custodia, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. 

Los criterios de obligada aplicación en la conservación del Guernica y de cualquier otro BIC, así como los profesionales que deben dictarlos, están regulados también por nuestro marco jurídico. La Ley 16/1985 del Patrimonio Histórico Español, atribuye al personal de los museos estatales funciones de estudio, investigación, documentación y valoración de bienes culturales. Dichas funciones implican emitir informes técnicos sobre autenticidad, conservación, atribución, estado material o relevancia histórica de las obras. Además, estos informes se regulan a través de la Ley 39/2015, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas, particularmente a través de su artículo 7. 

En base a la legislación citada, cuando la Administración aporta informes técnicos elaborados por especialistas de museos estatales, dichos profesionales actúan como peritos institucionales cuya autoridad deriva de su cualificación profesional y de su pertenencia a un organismo público especializado (desde una perspectiva procesal, la figura del perito se regula en la Ley de Enjuiciamiento Civil (artículo 335 LEC y siguientes). Así, los técnicos adscritos a los museos estatales actúan como órganos técnicos de apoyo a la Administración, emitiendo informes que guían la adopción de decisiones administrativas relativas a su ámbito de especialización. Al igual que los técnicos de Hacienda velan por la aplicación rigurosa de la ley dentro de su ámbito competencial y defienden el patrimonio económico de todos los españoles, los técnicos de Museos velan por el Patrimonio Histórico que nos pertenece a todos. 

Si la Administración desoyera los criterios establecidos por los técnicos especializados de los museos podría ser acusada de delitos contra el patrimonio, tal y como recoge el Código Penal (Ley Orgánica 10/1995), dentro del Título XVI, Capítulo II ("De los delitos sobre el patrimonio histórico"), artículos 321 a 324. Afortunadamente, como corresponde a un estado democrático y moderno, el marco jurídico y reglamentario que afecta al Guernica de Picasso, como a cualquier otro Bien de Interés Cultural, es claro y será respetado. Los criterios para su conservación y custodia los seguirán estableciendo los técnicos especializados de la Administración a través de sus informes periciales y así se asegurará que nuestro patrimonio pueda ser disfrutado por las futuras generaciones. El resto es solo ruido.
 

Pablo González Tornel

Director del Museu de Belles Arts de València

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