VALÈNCIA. Fue el humanista Francisco de Holanda (Lisboa, 1517) quien acuñó el término de “águilas del Renacimiento” para agrupar a aquellos brillantes artistas que en su ‘vuelo’ de regreso desde Italia no solo trajeron consigo el estilo que definiría una época, sino que estuvieron a la altura de sus maestros. Bartolomé Ordóñez, Diego de Siloé, Pedro Machuca y Alonso Berruguete dan forma a esta ‘boyband’ que fue clave para sentar las bases del mundo moderno, no solo desde el punto de vista estético, también en la propia construcción de la imagen que tenemos hoy en día del artista.
Antes de que las “águilas” regresaran de su periodo de formación en Italia, con todo, València ya había sido escenario de las primeras oleadas de la nueva cultura clásica, una producción que en ningún caso fue periférica -en todos los sentidos de la palabra- sino central. Este núcleo artístico protagoniza el nuevo espacio expositivo inaugurado por el Museu de Belles Arts de València (Mubav), que culmina una parte de la remodelación de su discurso en la que lleva trabajando varios años con la apertura de dos salas: una dedicada al Renacimiento y otra al arte de la Contrarreforma.

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- Foto: MIGUEL LORENZO
“Al ser humano siempre le ha gustado hacer una jerarquía de centralidades y periferias. Esa historia, de manera natural, ha acabado haciendo que parte de la historiografía no considere a València como un espacio central […] durante el siglo XVI era una ciudad tremendamente rica. Lo que hay que procurar es no aplicar a otras épocas jerarquías que no existían”, reflexionó el director de la pinacoteca, Pablo González Tornel, durante la presentación a medios del espacio, que supone la “culminación de un proyecto ambicioso”, apuntó por su parte la consellera de Cultura, Carmen Ortí.
El recorrido, pues, se adentra en un renacimiento expansivo que encuentra en Paolo de San Leocadio uno de sus grandes introductores, medio siglo antes del regreso de las “águilas”, e incluye figuras destacadas como Joan de Borgonya o Fernando Llanos, discípulo de Leonardo da Vinci, que realizó en València importante encargos, como el retablo mayor de la catedral, en colaboración con Fernando Yáñez. Ellos son algunos de los protagonistas de una renovada sala que suma también obras de Siloé y Berruguete, un espacio que completa un discurso iniciado con el espacio dedicado al Renacimiento europeo, de Italia a Flandes, que abrió sus puertas en septiembre.
Mención especial en el recorrido para Vicente Macip, del que se reúnen cinco obras que le reivindican como el “iniciador de la escuela moderna de pintura valenciana”, un rol que ha podido quedar desplazado frente a su célebre hijo: Joan de Joanes. Es este último, precisamente, el que actúa como bisagra con una sala monográfica entre el espacio dedicado al renacimiento valenciano y la nueva sala centrada en la pintura de la Contrarreforma.

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- Foto: MIGUEL LORENZO
Libros a la brasa
La Reforma protestante y la Contrarreforma católica no solo supuso un desafío religioso y político, sino que también tuvo profundas consecuencias en la producción artística. El Concilio de Trento definió los principios de la pintura católica a partir de entonces, unas obras de arte que debían enseñar, deleitar y conmover y que anticiparon el barroco, un relato que parte del ámbito valenciano, con obras de autores como Nicolás Borrás o Juan Sariñena, y se expande hacia lo peninsular, con artistas como Luis de Morales, Gaspar Becerra o Luis de Vargas.
Esta ruptura social y religiosa se puede apreciar en la pieza Ordalía en Fanjeaux, de Gaspar Requena, que genera un espejo con la situación de su tiempo a través de la representación del enfrentamiento entre los herejes cátaros del sur de Francia y los dominicos, una leyenda que cuenta cómo ante la quema de libros solo se salvó de las llamas el católico.
La sala, sin embargo, está inacabada, pues todavía falta una obra por incorporarse: La Piedad de Becerra. La pieza se encuentra actualmente expuesta en la Galería de las Colecciones Reales como parte del programa ‘Obra invitada’, una pieza “clave" en esta segunda generación de las águilas del Renacimiento que volverá en verano a su hogar.

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- Foto: MIGUEL LORENZO