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VALÈNCIA. Hay hambre de Joaquín Sorolla en València y, de momento, no parece que el menú se vaya a agotar. Las obras maestras del pintor de la luz amplían su estancia en la ciudad dos meses más de lo previsto con la prórroga de la exposición que actualmente acoge Fundación Bancaja, cuyo cierre estaba previsto para esta semana y que finalmente se despedirá del público el próximo 6 de abril.

La inauguración de esta muestra se convirtió en uno de los hitos de la pasada temporada expositiva, no en vano ha convertido al centro cultural valenciano en una suerte de subsede del Museo Sorolla de Madrid. Aprovechando que permanece cerrado a causa de las obras de ampliación y rehabilitación del espacio, la institución ha permitido de manera excepcional el traslado de un buen puñado de aquellas piezas que rara vez dejan su hogar. 

“Reunir estas sesenta obras maestras nos da cuenta de los niveles de excelencia artística que alcanzó el pintor […] Son las obras fundacionales del Museo Sorolla, las obras que Clotilde y su hijos legaron al Estado para que se creara al Museo Sorolla”, subrayó el director del Museo Sorolla y comisario de la exposición, Enrique Varela, durante la presentación a medios de la muestra el pasado mes de octubre.

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Si bien el puente creado entre la Casa Museo y Fundación Bancaja se transita de manera habitual con numerosas colaboraciones, la “excepcionalidad” que radica en el cierre temporal del centro de Madrid ha permitido que esos ‘greatest hits’ puedan verse en València, una selección que suma piezas destacadas como Paseo a la orilla del mar, El baño del caballo o La siesta, entre otras. 

Producida junto con el Ministerio de Cultura, el Museo Sorolla y la Fundación Museo Sorolla, la muestra se inicia con los primeros años de formación del pintor en València e Italia, en los que el joven Sorolla empieza a demostrar ya su capacidad y su ingenio como artista. La segunda sección revisa la etapa de afirmación de su personalidad artística en Madrid con la obtención de reconocimientos nacionales e internacionales. 

Su maestría en el género del retrato está presente en la muestra con lienzos de ámbito familiar así como la iconografía del mar, tan relevante en su producción artística, un recorrido que termina con su estancia en la Cala de San Vicente (Pollença, Mallorca) en 1919, en el que fue su último viaje para pintar el Mediterráneo antes de su muerte.

Este recorrido suma también una de las joyas de la colección que atesora Fundación Bancaja, ¡Triste Herencia!, una excepcional pieza que refleja el drama social de niños enfermos acogidos por el hospital valenciano San Juan de Dios, obra con la que ganó el Gran Premio en la Exposición Universal de 1900 en París y que supuso la consagración internacional del pintor. 

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