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LA NAVE DE LOS LOCOS / OPINIÓN

¡Ay de los vencidos (socialistas)!

El PSOE es un enfermo de esclerosis múltiple, un partido paralizado que paga ahora su falta de renovación de personas e ideas, sumido en divisiones internas y que teme cosechar más y contundentes derrotas electorales 

25/01/2016 - 

VALENCIA. La mejor época de los socialistas españoles coincidió con las hombreras. Eran los años ochenta, la democracia permanecía virgen y todos éramos más delgados y menos cínicos. El aprendizaje de la decepción tardó en llegar. Aquellas orgías de Roldán, aquella confesión de un contable chileno… Hasta entonces parecía que España y el PSOE estaban hechos el uno para el otro. Lo que empezó siendo un matrimonio por amor devino relación de conveniencia. Pero aquella relación, con sus altos y bajos, incluso con infidelidades por ambas partes, funcionó durante un largo decenio gracias a la sabiduría y las mañas de un abogado laboralista sevillano que figura ya entre las cuatro o cinco políticos españoles más relevantes del siglo XX. 

Como todo está destinado a corromperse —la salud, las ilusiones, el amor que creíamos definitivo, todo se desvanece con los años—, el PSOE fue perdiendo la pujanza y el crédito entre la gente merced a los errores cometidos. Tres errores. El error Borrell, el candidato elegido por las bases para unas elecciones y defenestrado después por dirigentes históricos que veían peligrar sus puestos; el error Almunia, escogido por esa misma gerontocracia y que hizo el ridículo en las urnas frente a Aznar y, por último, y el más importante de todos, el error Zapatero. La elección de este político ocurrente y atrabiliario como líder socialista y su posterior ascenso al poder en circunstancias dramáticas supusieron el principio del fin del PSOE como partido hegemónico. Algunos creyeron ver en el leonés un espejismo, la posibilidad de una nueva edad dorada para el socialismo hispánico. Nada más lejos. Con Zapatero el PSOE dejó de ser una esperanza —y sobre todo un instrumento útil— para gran parte de los progresistas del país. Era ya una partitura del pasado. Las nuevas generaciones dejaron de tenerlo como alternativa para su voto. Ahora lo comprobamos. 

Y de nada sirvió elegir como secretario general a un maniquí de El Corte Inglés. Porque la gente sospecha que detrás de ese rostro amable y atractivo se esconde un partido viejuno, la burocracia controlada por los mismos dirigentes de hace veinte o treinta años. ¡Cómo si no entender que Ximo Puig, la mano derecha del añorado Joan Lerma, sea ahora el presidente de la Generalitat, o José Luis Ábalos y el manchego Barreda sean diputados a Cortes!    

El PSOE es un enfermo de esclerosis múltiple, un partido paralizado que paga ahora  su falta de renovación de personas e ideas, sumido en divisiones internas, donde la intriga alimenta el día al día de sus organizaciones, temeroso de cosechar más y contundentes derrotas electorales. Haga lo que haga, gobierne o milite en la oposición, sabe que saldrá perdiendo. Es y será el actor más castigado de la política nacional. Lo mismo cabe decir de su sucursal valenciana. ¿Qué hacer?, se preguntarán. Elegir el mal menor, como recomiendan los padres de la Iglesia. Ese mal menor consiste en modular el declive, apuntalar la casa con reformas de urgencia e ir tirando. Porque las marcas PSOE y PSPV se compran cada vez menos. La política es mercado, y ellos lo saben. Y los consumidores se inclinan más por otras ofertas tan sugestivas como perniciosas. 

Ximo Puig, acosado por la bruja del cuento

Por eso, cuando uno observa al bueno de Ximo Puig acosado por la bruja del cuento,  sabe que esta historia acabará mal. Que al PSOE —salvo que en el último momento dé con la tecla adecuada— le esperan muchos años de dieta blanda y penitencia hasta recuperar la credibilidad en unas elecciones. Y lo siento, mira que lo siento, porque con una historia centenaria de muchos errores pero también de aciertos, los socialistas son siempre preferibles a la partida de pelagallos que aspiran a disputarles la hegemonía en la izquierda. La suerte, sin embargo, parece estar echada para un PSOE que a todos sus males suma también el de la crisis de la socialdemocracia europea. 

Por si a los militantes socialistas les sirve de consuelo, les diré que no todo está perdido. Un día no te compran porque estás desfasado y luego, al cabo de un tiempo, vuelven a hacerlo y no sabes por qué. Lo vemos ahora con el anunciado regreso           —bendito regreso— de Twin Peaks. New Order triunfa también con su disco Music Complete después de diez años de silencio. Sólo nos falta confirmar la vuelta de Mecano. Por suerte asoman los ochenta en este país desnortado. Yo, por si acaso, ya estoy buscando en El Carmen una tienda vintage que venda americanas con hombreras a buen precio. Como las de Antonio Banderas en Mujeres al borde de un ataque de nervios

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