ESCAPADAS HEDONISTAS

Benidorm tiene nuevo hotel de diseño y es perfecto para despedir el verano

Mercure Benidorm se postula como deliberado tributo al estilo de vida Mediterráneo.

| 16/09/2022 | 5 min, 32 seg

Cuando leas estas líneas, todavía quedará verano. Oficialmente no termina hasta el día 23, pero estoy segura de que somos muchos, los que nos agarramos fuerte a esa sensación que solo se siente durante esta estación. Sin importar el calor -que este año ha sido tela-, ni las picaduras de mosquitos o las noches en vela. No podemos dejar ir esta emoción. Así que vamos a estirarla hasta que nos dejen.

Para ello ponemos rumbo a Benidorm, esa ciudad en la que se cotizan los metros de altura con un skyline que se dibuja a lo lejos como una Gran Manzana patria. Ya lo dijimos, tiene muchas cosas que hacen que valga la pena.  Y ahora, sumamos uno más a sus encantos, un hotel, no, hotelazo de diseño con alma mediterránea. 

A tan solo unos pasos de la siempre cotizada playa de Poniente y sobre lo que fuera un hotel que llenaba con los viajes del Imserso (el Benilux Park), abrió el pasado junio el nuevo Mercure Benidorm. El grupo francés Accor y la familia propietaria, vieron aquí un potencial, un je ne sais quoi que, tras una reforma integral, podía convertirse en buque insignia de la cadena Mercure y una verdadera oda al diseño y al estilo de vida Mediterráneo. “Queremos ser embajadores de un Benidorm alternativo. De su lado más desconocido, alejándose del turismo de masas y del imaginario que lo reduce a un destino de sol y playa” comentaba Patricia Uceda, del Grupo Accor. 

Se pusieron manos a la obra y reformaron cada rincón del hotel. ¿Las elegidas para darle nueva vida? Las hermanas Beatriz e Isabel Blanco, del Estudio Burondo, encargadas de dar al nuevo hotel de alma y esencia propias. Rehabilitaron el edificio en su totalidad y no fue tarea sencilla. 

Empezaron por el exterior, dotando a la fachada bloques de pavés transparente, que por el día dejan ver la silueta de las montañas de los alrededores de Benidorm y por la noche, permite que cualquiera que pase por allí, pueda ejercer de voyeur de la vida que ocurre dentro del hotel.

De las más de 200 habitaciones que tenía en un principio el Benilux Park, dejaron 186, ganando todas ellas en espacio, confortabilidad y, por supuesto, diseño. Algunas de ellas tienen incluso doble altura tipo dúplex, con una escalera de caracol que asciende, que se ha convertido en todo un icono en su corta vida. Y otra joya de la corona, cinco suites en la azotea, cada una con su propia piscina privada. ¿La inspiración? El Mare Nostrum y en especial, el levante español. A esta premisa han imprimido su estilo propio, 'minimalismo con alma'. Nada sobra en sus habitaciones de paredes caladas. Madera, artesanía, bañeras, tejidos naturales...

Tan importante fue el diseño de Burondo, como la participación de otras dos figuras capitales, que han sumado para que el hotel sea un adalid del lifestyle. Uno de ellos es el paisajista Álvaro Sampedro, responsable de crear espacios bucólicos ya sea para propiedades privadas o públicas, que hizo del exterior del hotel otro de sus pluses, con un jardín Mediterráneo en el que uno quiere perderse. El otro, el artista Jorge Parra, que decoró varias paredes del hotel con sus dibujos de trazo casi etéreo, además de encargarse de sus jarrones pintados a mano y el diseño de los uniformes del hotel o incluso de las etiquietas de sus amenities propias. 

Todos juntos han creado un lugar en el que uno quiere estar. Si le sumamos la zona exterior, con una piscina -climatizada- de lo más apetecible, rodeada de tumbonas y camas balinesas y el huerto ecológico con el que cuenta el nuevo Mercure, tenemos un hotel que bien podría ser un destino en sí mismo. Además, todos los sábados por la mañana organizan sesiones de yoga en los jardines, tanto para huéspedes como para clientes externos, que terminan con un desayuno ligero. 

Si todo esto fuera poco, suman un restaurante a su propuesta. Malaspina conecta con uno de los lemas de la marca, los Local Discoveries, en el que se pretende -y se consigue- inspirar a sus clientes sobre el lugar donde se encuentran los hoteles, ya sea a nivel cultural, de tradiciones o de gastronomía en este caso. En manos del chef Roberto Artzeni, han creado un espacio de cocina mediterránea, con especial hincapié en carnes, arroces y pescados que muchos de ellos pasan por la brasa. Como no podía ser de otra manera, todo es de proximidad y elaborado con producto local. 

Desde un tomate rosa de Altea con salazones, a unas croquetas de chuleta de vaca con untuoso de piquillos confitados, pasando un calamar a la brasa con cremoso de ajo negro y chimichurri de piparras o una selección de quesos locales de Callosa d'En Sarriá con mermelada de níspero. A ello se suma una carta de cocina casual con ensaladas, un clásico sándwich club o hamburguesa y una buena colección de pizzas artesanas. No querrás salir de allí.


Si todo esto fuera poco, suman un restaurante a su propuesta. Malaspina conecta con uno de los lemas de la marca, los Local Discoveries, en el que se pretende -y se consigue- inspirar a sus clientes sobre el lugar donde se encuentran los hoteles, ya sea a nivel cultural, de tradiciones o de gastronomía en este caso. En manos del chef Roberto Artzeni, han creado un espacio de cocina mediterránea, con especial hincapié en carnes, arroces y pescados que muchos de ellos pasan por la brasa. Como no podía ser de otra manera, todo es de proximidad y elaborado con producto local. 

Desde un tomate rosa de Altea con salazones, a unas croquetas de chuleta de vaca con untuoso de piquillos confitados, pasando un calamar a la brasa con cremoso de ajo negro y chimichurri de piparras o una selección de quesos locales de Callosa d'En Sarriá con mermelada de níspero. A ello se suma una carta de cocina casual con ensaladas, un clásico sándwich club o hamburguesa y una buena colección de pizzas artesanas. No querrás salir de allí. 

Comenta este artículo en
next