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LOS RECUERDOS NO PUEDEN ESPERAR

Bernardo Bonezzi, el niño prodigio de la movida

1/09/2019 - 

VALÈNCIA. Bernardo Bonezzi fue muchísimo más que Groenlandia. Y también mucho más que un personaje sagrado de esa movida con la cual el destino se ha ensañado, llevándose a muchos de sus creadores fundamentales. Entre ellos está Bonezzi, fallecido hace ya siete años, sin conseguir que se le entendiera como merecía. Me sigo asombrando al escuchar sus primeras canciones, ahora recuperadas y reeditadas en una caja imprescindible que recoge la que podríamos considerar la primera etapa de su carrera,. Bonezzi empezó a hacer música pop en 1978, a la vez que Alaska y Kaka de Luxe, grupo del cual formó parte de manera intermitente durante un breve periodo de tiempo. Y dejó de hacerla en 1985, tras el rotundo fracaso que fue su primer disco en solitario. Sustituyó las canciones por las bandas sonoras que había comenzado a hacer unos años antes para Almodóvar y pasó años alejado de ellas, prácticamente hasta el final de su carrera.

Integral Zombies / Bonezzi-St. Louis es una de esas tareas que nacen del amor y la admiración y que llegan como un regalo para fans y admiradores, para ese tipo de público que no se conforma con el olvido, que recibe con agradecimiento trabajos exhaustivos como este,  más necesarios de lo que creemos. Porque parece que todo está en in internet y no es cierto. Tanto Zombies como Bonezzi-St Louis fueron dos aventuras osadas, cada una a su manera. La osadía era uno de los principios de Bernardo, que cuando cumplió 14 años era todavía uno menor que Alaska –tal y como nos recuerda ella en el texto que aporta a uno de los libretos de la caja- y que al igual que ella y muchos otros de aquellos jovenzuelos, tenía clarísimo lo que quería hacer.  Quizá hoy nos parezca que entonces todo era muy fácil pero aquel no era el mejor panorama para desarrollar determinadas actividades. Una cosa es aceptar el rock & roll, la fiesta, la diversión, y otra fusionar eso con ideas que vienen del espacio exterior –de Nueva York y Londres en concreto, pero en esta caso, como si vinieran de Uranio-. Bernardo estaba especialmente dotado para la música, y además era un visionario. De haber nacido en el lugar adecuado, seguramente su destino hubiese sido otro, pero la escena musical que eclosionó entre 1978 y 1982 en Madrid no habría sido la misma sin él.

Uno de los textos que se reproducen en los cuadernos que acompañan a los vinilos y cedés de esta caja está firmado por Patricia Godes. Es un artículo publicado a principios de 1982 en la revista Rock Espezial en la que defiende el segundo disco de Zombies, La muralla china. La entradilla del texto, escrita en redacción como suele ocurrir en estos casos, deja bien claro que el disco no gustaba nada a quienes hacían la revista. Era bastante común que, a medida que el brillo de la nueva ola madrileña adquiría fuerza, algunos sectores de la prensa musical barcelonesa se resistieran a tomarse en serio todo aquello. Yo que viví mi adolescencia y primera juventud entre la influencia de ambas ciudades, entiendo dichos reparos, pero en este caso, entiendo más aún las intenciones que Bonezzi esgrimía con Zombies. Ideas que parten de discos que a mí me fascinaban sin reservas en aquellos momentos y que lo siguen haciendo ahora. Ideas que ya están presentes en el primer álbum del grupo, Extraños juegos, editado en octubre de 1980. Como decía antes, Bernardo era mucho más que Groenlandia de la misma manera que los Pegamoides eran mucho más que Bailando.

Con aquella canción, que fue la que le hizo popular convirtiéndole también en eso que los ingleses llaman one hit wonder, nos hizo saber que podía escribir buenos singles y seductoras canciones pop. El resto era otra cosa. Y no estaba necesariamente alejada de lo anterior, sólo que Bonezzi la pasaba por un tamiz de osadía que aquí no era bien visto. A unos le ponía de mal humor. A otros les daba risa. A mí me gustaba mucho que hubiera alguien de mi edad que se inspiraba en Brian Eno, que quería cantar como cuando David Byrne parecía que se iba a volver loco, que metía referencias a Devo y Roxy Music. Los dos álbumes de Zombies tienen mucho de eso y todo pasado por el filtro Bonezzi. La reacción fue aún peor cuando volvió en solitario y puso en marcha el proyecto con la vocalista norteamericana Didi St. Louis –de la cual recuerdo que Carlos Berlanga me dijo, en una entrevista de 1984 que quedó inédita, que cantaba como Matt Monro-. Primero fueron Salambó, nombre con guiño a Flaubert bajo el que publicaron un sencillo que no obtuvo ninguna repercusión comercial. El álbum que editaron en1985, ya como Bonezzi-St. Louis era preciosista y ambicioso. Algo que tampoco se le solía perdonar a los artistas pop españoles, porque a ver qué se han creído. En España el diploma de artista con mayúsculas siempre ha sido complicado de obtener porque te lo tramitan desde el Olimpo, y cuesta mucho que llegue la tinta hasta allí.

Durante los años que abarca la caja Integral Zombies / Bonezzi-St. Louis, entrevisté a Bernardo en dos ocasiones. La primera fue en Madrid, en 1983, cuando acaba de sacar el single de Salambó. La segunda fue en València, cuando vino a promocionar el álbum Bonezzi-St. Louis. Estuvo hablando con Jorge Albi y conmigo en el programa Los bailes de Marte y juraría que la cinta sigue viva en algún cajón. Si alguna vez venzo mi resistencia a enfrentarme al pasado con paciencia y examinar todas esas cosas que me quitarían el sueño si no las hubiese hecho yo, se la enviaré a Juan Sánchez por si la ve de interés para su colección. Juan es el corresponsable de esta caja y gran parte de los tesoros que contiene provienen de sus archivos. Pasó media vida al lado de Bernardo y nadie mejor que él para difundir una obra y recuperar a un artista al que este país todavía no alcanza a comprender.

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