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Busan, el secreto mejor guardado de Corea del Sur

La segunda ciudad de Corea del Sur se erige como uno de los destinos más interesantes de Asia por su combinación de templos, naturaleza y gastronomía

24/12/2018 - 

VALÈNCIA.-Busan lo tiene todo. La segunda ciudad de Corea del Sur no tiene nada que envidiar a las grandes urbes asiáticas, pero a una escala mucho más manejable. Si en Seúl lo que priman son los rascacielos y las avenidas kilométricas, aquí mandan los callejones atestados de neones, comercios de toda clase y puestos de deliciosa comida callejera. Una incesante sucesión de estímulos sensoriales de luces, ruido y aromas en suspensión que marca el ritmo de una ciudad que nunca duerme. Pero, a la vez, en solo unos minutos se puede escapar de ese bullicio para refugiarse en la quietud de sus templos, evadirse en los bosques que la rodean o pasear por bonitas playas de arena fina. Porque el fuerte de Busan es el conjunto: mar, montaña, gastronomía y una enorme oferta de ocio cuyo máximo exponente es uno de los festivales cinematográficos más importantes de Asia.

La lonja del pescado es, sin duda, el mejor punto para comenzar a explorar esta ciudad cuyo carácter portuario se palpa en cada rincón. El mercado de Jagalchi, en el corazón de la zona histórica de Busan a orillas del río Nakdong, es como una versión relajada de Tsukiji (Tokio), el mayor mercado de pescado del mundo. Aunque no alcanza sus dimensiones, el tamaño de Jagalchi impone, sobre todo a ojos de un occidental. A diferencia del frenesí que reina en el de Tokio, con las carretillas circulando a toda velocidad y los vendedores anunciando a gritos el género, el mercado de pescado de Busan destaca por la tranquilidad y el orden.

En los bajos de un enorme edificio con forma de ola, se despliegan centenares de puestos agrupados por producto que exhiben ejemplares a cuál más extraño. Casi todos ellos están regentados por mujeres que limpian el pescado a gusto del cliente. Lo típico es adquirir el pescado fresco en uno de estos puestos y subir a un gran comedor colectivo en la primera planta y que lo preparen para comerlo en el momento. El bocado más apreciado es un pulpo pequeño que los coreanos toman crudo, preparado como sashimi, y aún vivo, ya que los tentáculos troceados aún se retuercen sobre el plato como si quisieran escapar de los palillos.

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El mercado de Jagalchi y los alrededores del mismo son idóneos para iniciarse en la sobresaliente comida coreana. No hace falta invertir tiempo en buscar un buen restaurante de comida local. En plena calle es posible saborear manjares propios de mesas de postín basados en pescados y mariscos que no tienen nada que ver con la fritanga a la que suele limitarse la oferta en muchas otras ciudades. Las mejores zonas son los alrededores de la estación de metro de Nampo, la plaza BIFF (Busan International Film Festival), o el mercado nocturno de Bupyeong Kkangtong, junto al complejo comercial Gukje. Lo más típico son los saquitos de tofu frito rellenos (Yubu-jumeoni), el pescado asado o desecado y, sobre todo, el ssiat-hotteok, o también llamado pancake coreano, relleno de una mezcla de semillas de calabaza y frutos secos. Prácticamente todo el mundo que pasa por allí se detiene en alguno de los carritos que lo preparan. Mientras lo saborean, los turistas suelen entretenerse buscando entre las estrellas estampadas en el suelo de la calle peatonal entre el antiguo cine Buyeong y el puente de Chungmu-dong, una suerte de paseo de la fama en el que han dejado su huella Jeremy Irons, Wim Wenders o Ennio Morricone.

* Lea el artículo completo en el número de diciembre de la revista Plaza

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