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RESTORÁN DE LA SEMANA

Ca Morera

Has ido a la casa de Jordi y vas a comer lo que él quiera

Por | 21/02/2020 | 2 min, 37 seg

VALÈNCIA. Los cocineros salvajes, los pura raza, tienen ciertos ademanes característicos. No conocía a Jordi Morera, viejo mercenario de los fogones valencianos, pero casi de inmediato supe a qué especie me enfrentaba. Ha abierto su tasca, Ca Morera, en pleno casco histórico. Y digo tasca porque no hay otra manera de definir el espacio, de dimensiones reducidas, con apenas cuatro mesas, donde él cocina y una chica sirve, como si del comedor de una casa se tratase. Estética actual, maneras informales, para un conjunto muy old school. Ni teléfono para el público (no admite reservas), ni redes sociales. Tampoco hay carta que valga. 

"Aquest restaurant es com la meua casa", nos dice, con una convicción que da pánico. Y si estás de visita, te toca comer lo que mande el anfitrión. Faltaría más.

De este aspecto ya estaba prevenida, pero no imaginaba que sería extensible a la bebida. Era miércoles por la noche y nos encontramos todas las mesas completas, por lo que esperamos en la barra. “Voleu alguna cosa?”, nos preguntó la camarera. “Vamos a tomar un vino”, fue la respuesta. Viraje de la chica, orden de Jordi y descorche de una botella de Monastrell. Y ya está, ni quieres tinto, ni quieres blanco; punto y pelota. Por suerte, estábamos dispuestos a apurarla, rendidos a no prostestar, en favor del pase que Jordi nos tenía preparado. “Jo us vaig traient plats i vosaltres alceu la mà quan estigueu bé ", nos explica como introducción.

Le pregunté cómo llevaba la clientela lo de comer -y beber- a ciegas. Me respondió que la gente se sentía cómoda, porque sabía que cenaría bien por un precio ajustado.

Morera se entrega a la cocina de mercado, como no podía ser de otro modo, ya que todas las mañanas compra en la mayor Lonja de València. De su periplo por los cercanos puestos del Mercat Central depende el menú del día, compuesto por platos del repertorio habitual, o totalmente inéditos si anda inspirado. La velada empezó con ensalada de tomate y pez mantequilla, para pasar a un atún escabechado con alcachofas a la plancha y repetirse con otras alcachofas acompañadas de foie. Por último, calamar encebollado, y ahí fue cuando dimos el alto. Producto de temporada y carácter valenciano, por un lado; recetario clásico y presentaciones descomplicadas, por otro. Comer sin pamplinas y con vitalidad.

Es curiosa esta casa, la de Morera, porque todo se vive con mucha naturalidad. Uno cena con agilidad, entre amigos. El chef está a la vista del comensal, y a veces sale a departir con él. Si no quiere dar más mesas, cierra la puerta. Tiene días más y menos finos, ¿quién no?

Lo dicho, cocinero de raza. Si te dejas llevar, vas a disfrutar el viaje.

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