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en memoria de la escritora

Carmelina Sánchez-Cutillas: la escritora de Altea

17/10/2018 - 

VALÈNCIA. El pasado 15 de octubre se celebró el Día de las Escritoras  y mientras recordaba a nombres tan ilustres de nuestras letras en castellano como Rosalía de Castro, Pardo Bazán, Martín Gaite, Carmen Laforet o Ana María Matute, no se me iba de la cabeza el nombre de otra mujer escritora –en lengua valenciana- que, como viene siendo habitual en esta serie, ha pasado más desapercibida de lo que mereciera. Esa mujer era Carmelina Sánchez-Cutillas, poeta e historiadora que escribió una única novela -Matèria de Bretanya (1976)- que eclipsó el resto de su obra.

Carmelina nació en Madrid en 1927. Vivió sus primeros años en Barcelona pero pronto se trasladó a València y a Altea para vivir el resto de su vida. Allí, en Altea, pasaría gran parte de su infancia y sería esta población de la Marina Baixa el escenario para su gran novela. Sánchez-Cutillas provenía de una familia culta. Su abuela era el historiador Francisco Martínez y Martínez, oriundo de Altea, que nació en una familia de labradores y que a los diez años se marchó a València para estudiar Derecho y acabar convertido en juez municipal. Sin embargo, su gran pasión fue la de los estudios históricos y literarios. Su ideología fue progresista; republicano pero valencianista, cristiano pero antimarxista. Siempre defendió la coexistencia natural y sin conflictos del valenciano y el castellano. Escribió una extraordinaria obra titulada Coses de la meua terra y murió en Altea, el 5 de octubre de 1946, apenas unos días antes de entregar el tercer volumen de esta obra que se publicó de forma póstuma.

Carmelina Sánchez-Cutillas estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Valencia y escribió sobre asuntos culturales –historia y literatura- en el diario Levante EMV. Formó parte de la generación de poetas valencianos de posguerra, dentro de lo que se llamó –no sin cierto debate previo- “grupo de los seniors” en el artículo Literatura catalana contemporánea en Valencia. Una década de crítica local, escrito por Adolf Piquer Vidal.

Otro de los datos sorprendentes es la intención de agrupar por características autores y obras. Sitúan a Josep Lozano entre los que llaman 'seniors' de la narrativa valenciana de los setenta, amparándose en la “pronta” producción de estos autores. En realidad, Josep Lozano no dará a la imprenta una novela hasta los ochenta, y por edad cabe considerarlo más joven que algunos de los escritores que publicaron en esos años. Por otra parte, en este caso no hacen ninguna apreciación sobre la edad de los autores, sobre todo en lo que afecta a algunos como Carmelina Sánchez-Cutillas, Joan Francesc Mira o Gonçal Castelló; ciertamente estos son algunos de los 'seniors' que publican sus obras en aquellos años. 

Algunos de los poemarios que publicó: Un món rebel (1964), Conjugacióen primera persona (1969), Elsjeroglífics i la pedra de Rosetta (1976) y Llibre d'amic i amada (1980). El poeta Vicent Andrés Estellés escribió en el prólogo de Conjugació en primera persona:

'Conjugació en primera persona' és una llarga, atrevida, sostinguda meditació. Jo l'evoque ara, en aquest migdia de Santa Ponça, d'una lluminositat excessiva, d'una lluminositat indecent per moments, i experimente la vehement necessitat de buidar-me de paraules "com qui vomita –de matinada a un carreró amb llum de gas", com escriu la poetessa. Recorde o pense aquest llibre amb el prestigi instantani d'un núvol de pols en un cel massa clar: veig, amb la mar pel mig, com un núvol de pols, com un muntó de pols, el record d'aquest llibre, un profund llibre d'hores.

Sin embargo, su gran obra fue Matèria de Bretanya, una novela publicada en 1976. Ahora que la autoficción llena los anaqueles de las librerías de novedades, esta obra que obtuvo el Premio Andròmina de los Premios Octubre. Este libro aborda la propia infancia de Sánchez-Cutillas en Altea justo los años antes de la Guerra Civil. Carmelina iba durante los veranos a Altea y en el libro mostraba todo tipo de afectos por aquel abuelo culto que le contaba historias en veranos inolvidables.

A mi m’agradava molt anar al Fornet, i moltes vegades anava amb el meu avi, que encara era molt ben plantat i semblava un senyor dels d’abans. Per això, malgrat que no fos marqués de debò, la gent li deia el marquès de dalt, perquè vivia part de dalt del poble, i li ho deien per tal de diferenciar-lo d’un altre marquès de bon de veres que vivia fora vila.

Quan anàvem al Fornet mon avi i jo, les dones que cosien o xarraven assegudes als cantons cercant la frescoreta, segons que nosaltres avançàvem pel carrer, s’alçaven de les seues cadires per tal de saludar-nos. I era com si nosaltres fórem dos reis passejant; però ell parlava amb totes les dones i les coneixia de sempre i s’interessava pels seus assumptes, i això em sembla que els reis no ho fan. I era de veure aquell gran senyor, com s’oblidava aleshores de l’orgull i es tornava senzill com el poble menut.

Allí, según afirma Joan Borja i Sanz (Universitat d’Alacant) en su artículo Carmelina Sánchez-Curillas: matèria de memoria, la autora hablaba de todos estos elementos que estaban indisolublemente unidos a su propia vida:

La descripció de costeres, els primers cotxes i els camins que serpentegen vora la via del tren; les dones abandonades dels mariners; el fet religiós; l’aventura del viatge en un temps de precarietat quant als mitjans de transport; les restriccions econòmiques i el fenomen sempre misteriós del contraban; els jocs populars infantils, les tradicionals desavenències entre diferents sectors d’un poble i la reflexió sobre el fet lingüístic; el sabor de l’alga de la mar quan bufa vent de llevant; la mare Paula, que com totes les mares paraules de tots els pobles del món, alimenta tèbiament els xiquets amb fantasies de rondalles; el temps de la quaresma; les cases dels senyorets rics, les andròmines de les cambres de dalt; les supersticions, les propietats màgiques de les herbes i de les plantes; l’escola d’abans, en què el núvols podien ser cotó de sucre, i les estrelles les portes del cel; els homes que anaven a segar arròs a la Ribera; (...)

La historiadora y escritora Carmelina Sánchez-Cutillas murió en el año 2009 en València con 82 años. En la necrológica que le dedicó Miquel Alberola en el diario El País se afirmaba que Sánchez-Cutillas era “una de las pocas mujeres de su edad que desafiaban a la sórdida València de los setenta sujetando un pitillo en unos labios siempre encendidos de carmín”. Las tres últimas décadas de su vida las pasó alejada de la farándula literaria. Tras la publicación de su último poemario -Llibre d'amic e amada- decidió recluirse en su casa y dedicarse exclusivamente a su familia, junto a la que murió ya anciana.

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