que la comida sea tu medicina

Cinco alimentos que transformarán tu vida para siempre, en una u otra dirección

En la comida de cada día puede estar tu lozanía, tu vitalidad, tu belleza y tu salud, o puede estar la enfermedad, la vejez prematura, la obesidad y el desconsuelo.

| 16/02/2024 | 4 min, 55 seg

Es evidente que la brusca desconexión sufrida por el ser humano moderno con el orden de la naturaleza, con la idea de «progreso», más concretamente, con la llegada de la revolución industrial y posteriormente explosión virtual, lo ha dejado colgado en un mundo donde todas las respuestas a la desconexión se buscan en el intelecto, en la razón y en la ciencia. El mensaje parece ser: «Lo más importante es lo que piensas, no lo que sientes».

Podríamos dividir la historia de la alimentación moderna en cuatro fases, una antes de la revolución industrial, otra después de la revolución industrial, la era virtual y la más reciente: un movimiento que está en la búsqueda de las raíces.

En la primera fase —alimentación antes de la revolución industrial— es donde las personas utilizaban el sentido común y los recursos locales que les proporcionaba la tierra en cada momento. La cocina entonces era el centro del hogar, el lugar privilegiado donde se gestaba la comunidad, la fiesta, la cotidianidad, la familia, la reunión, pero también la salud y la vitalidad.

En la segunda fase —la entrada de la revolución industrial— la cocina como núcleo central de la familia y de la sociedad pasa a un segundo plano, el sentido común se desconecta de la intuición y observación para dar paso al dios mecánico de la ciencia y la razón.

Los pesticidas se erigen como el todopoderoso de la agricultura, donde también pasan al escenario como artistas principales el plástico, el aluminio, toda clase de químicos, conservantes, saborizantes, estabilizadores de sabores, y tras esta era, se enlaza la era virtual e informática. En las cocinas el fuego es sustituido por resistencias eléctricas, se vitrifica la electricidad y hasta se cocina por fricción, y como no, su opuesto el congelador ocupa un lugar privilegiado emparentado con el microondas. La urgencia, la rapidez, marcan la tendencia de una alimentación plástica y desvitalizada.

Se utilizan impresoras 3D para simular comida. Los comestibles vienen en paquetes sellados con caducidad de hasta 5 años y con ello el surgimiento de una decena de enfermedades modernas, que son más masivas que las pandemias, totalmente normalizadas y el 90% de ellas se desarrollan en nuestros intestinos.

La herida mortal nos la hicimos al refinar el arroz, blanquear la sal, refinar, blanquear y pulverizar los cereales, las harinas, la entrada masiva de lácteos.

Y con el modelo de vida americano se nos hizo creer que para tener calcio deberíamos tomar mucha leche y ahí todos como terneros con la paradoja de que los países con más producción de lácteos tienen mayor índice de osteoporosis y fracturas.

Pero el más destructivo fue la estandarización del azúcar común también conocido como sacarosa, con su consecuente desmineralización orgánica.

Todos recordamos que de pequeños nos decían “no comas azúcar que se te van a caer los dientes”, en realidad los dientes son huesos, es decir, calcio y otros minerales.

Además el azúcar simple es el factor número uno de obesidad, no te engañes, aunque no tomes un terroncito de azúcar con tu café, casi todos los alimentos de producción industrial llevan azúcar, o lo que es peor, un edulcorante químico que te hacen creer que es más sano, como sorbitol, manitol o sacarinas...

Con el consumo de azúcar surge la diabetes, y lo más preocupante, el desencadenamiento a las adicciones. Vamos, que el placer efímero del azúcar se paga caro.

Pero no todas son malas noticias, podemos volver a las raíces. De hecho, cada vez son más las personas que sienten el llamado a una búsqueda del eslabón perdido, la alimentación de la tierra, la de nuestros antepasados, y así plantearnos, por ejemplo, cómo se hizo la primera paella en València cuando no había molinos para descascarillar el arroz.

Estos alimentos profanados y refinados los podemos rescatar de la despensa de la naturaleza, el efecto en el cuerpo, en la parte psicosomática y orgánica es tan sanador porque son por sí mismos alimentos medicina.

Compra sal ecológica orgánica no refinada, sustituye el arroz blanco por arroz integral, el pan blanco de trigo por pan ecológico de otros cereales que no tengan gluten como el trigo sarraceno o el mijo y la quínoa.

Las leches por bebidas vegetales. En València tenemos la horchata de chufas, ¿nunca has probado el té con horchata o incluso la horchata de almendras, de avena o de arroz?

Y a la hora de endulzar, la verdad no hay dulce más placentero que las caricias, que los besitos con lengua, la amabilidad, el sexo. Cuando nuestra vida es muy dulce no necesitamos azúcar, y en la cocina toma nota de este edulcorante natural :“sirope de arroz” o una buena miel.

Es necesario recuperar una alimentación consciente que nos permita comprender nuestro origen.

Una sociedad abatida por la baja inmunidad, el cáncer, la pandemia de las enfermedades intestinales, alergias, enfermedades cardiovasculares, enfermedades mentales, infertilidad, egoísmo, separación y violencia, nos aboca a la búsqueda del eslabón perdido, y encontramos la respuesta básica en la sencillez de lo elemental :“la comida”, lo que hacemos todos los días al menos dos o tres veces.


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