Cine

EL CABECICUBO DE DOCUS, SERIES Y TV

El cine, tal y como lo conocemos ¿está a punto de cambiar para siempre por la IA?

El cambio tecnológico pone a disposición de cualquier hijo de vecino la posibilidad de hacer cine

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VALÈNCIA. Leía un artículo interesante la semana pasada sobre cómo el poder de atracción del cine comercial está desplazándose hacia los autores. Normalmente, se iba al cine a ver a las estrellas, pero en la actualidad nombres como Christopher Nolan, Steven Spielberg, Greta Gerwig, Ryan Coogler o Paul Thomas Anderson tiran de la cartelera tanto como los grandes actores. 

Decía el autor que es un fenómeno prometedor, puesto que si el interés se centra en los creadores más que en los intérpretes la imaginación será el gran factor diferencial y eso puede llevarnos a una nueva época dorada del cine. La competencia del streaming y los hábitos de quedarse en casa tirao con el gato encima de la mantita juegan a la contra, pero en Estados Unidos la Gen Z está volviendo a los cines

Por lo visto, los jóvenes han perdido la costumbre de los años 90 de ir al centro comercial y elegir allí la película entre las que hubiera y meterse en la sala. Ahora van a ver más las películas que han despertado atención o polémicas, como Barbie, porque de alguna manera eso luego genera una interacción, que es lo que ellos persiguen. El fenómeno, ciertamente, supone echar un poco la vista atrás, cuando el cine tenía un gran impacto social y había en él grandes temas. 

Sin embargo, en el mercado también hay una dependencia alucinante de temas reconocibles, ya sean franquicias, personajes históricos o famosos. El año que viene caerá como una bomba el biopic de Michael Jackson. Los Vengadores sumará otro churro para llegar en breve a la media docena. Se espera Super Mario Galaxy… 

El cebo es muy utilitarista: o me das algo que ya sé lo que es o lo que sea que me das que me sirva luego para armar bulla, posicionarme moralmente y decir paridas en redes. No creo que eso sea el paradigma de la originalidad, pero si los críticos se quieren flipar, adelante. Lo cierto es que el cine del mundo, el que generalmente es drama y no importa si la película procede de Vietnam, Islandia o Bolivia, siempre ha tenido muy pocos seguidores. Y sus redes de distribución han sido tradicionalmente tan famélicas que al final es algo que se degusta en torrent tras la trágica pérdida de patiodebutacas

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Además, al cine indie ya le están dando por muerto. Las ventas de Sundance, festival que podemos tomar como canario en la mina, están estancadas. Las películas que se exhiben cada vez firman menos contratos y por menos dinero. La mayoría se van de cabeza al streaming

Los grandes estudios han periclitado todas sus divisiones indie, como Paramount Vantage, Warner Independent, CBS Films… lo que significa que la demanda de cine de autor de verdad está decreciendo. Es algo que se ve en las plataformas. Tiempo atrás, parecían la salvación del sustrato más frágil del cine, del más creativo, pero ahora la mediocridad a todos los niveles que han traído años continuados de libre competencia salvaje capitalista ha acabado expulsándolas de los catálogos. Las plataformas ya no quieren tener películas “raras” por ahí pululando, no enriquecen la oferta. Si el reparto es poco conocido o la premisa es “wtf”, es decir, si no ofrece un caramelito reconocible al estar basada en la vida de alguien famoso, un videojuego al que jugaste, un tebeo que leíste o algo, lo que sea, que identifiques, el algoritmo acaba desechándolas porque nadie hace clic. 

La cuestión es que en este estado el cine va a tener que enfrentarse al mayor reto de toda su historia. Un desafío mayor de lo que supuso primero la televisión, luego el satélite, después los videojuegos y ahora el streaming de toda clase. Hoy, ya, cuando alguien se quiere pagar una IA, entre los paquetes que se ofertan, con megas en la nube, un notebooklm más potente, etc… se incluye la posibilidad de trabajar vídeo. Los precios están en alrededor de cien euros mensuales. 

A medida que mejoren los modelos, y los hacen cada poco tiempo, no sé en qué momento nos vamos a encontrar a cualquier hijo de vecino haciendo películas o cortometrajes en su casa con esta herramienta de IA. Es decir, YouTube hasta arriba de películas y series hechas por particulares. 

Cuando comento esta idea, la gente se echa las manos a la cabeza. Nunca será igual que si lo hacen profesionales, etc… Una canción que ya hemos escuchado muchas veces. La verdad es que no sé qué importancia podrá tener que las películas las hagan profesionales si, como ha sucedido con el streaming, las ven millones de personas. 

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Hoy la creación tiene una libertad ciertamente estrecha. No llega a las pantallas la mejor idea, sino la que un departamento de marketing considera que conviene. El otro día recordaba Eduardo Fuembuena, autor de una prodigiosa biografía de Eloy de la Iglesia y José Luis Manzano, que el director guipuzcoano propuso una serie sobre la relación entre Alejandro Magno y Aristóteles. Al parecer, nadie le hizo caso e incluso le tomaron por loco, pero ahora es el próximo proyecto estrella de Netflix. ¿Antes no era una buena idea? Importa mucho el qué, el quién, el cómo y sobre todo de dónde viene el dinero y cuál es la red de amigos o asociados que sostiene todo. 

Yo a eso no lo llamaría libertad creativa, el dinero la tiene muy cogida por el cuello. Y siempre ha sido así, pero ahora que la competencia es máxima y con tantos estímulos, está ocurriendo todo lo que hemos comentado en este artículo. Por eso creo que no sería de extrañar que un cine hecho por quien lea esto, por su cuñado o el padre jubilado de otro, por cualquiera con tiempo para meterle un guión a la IA prompt a prompt no es que vaya a traer un soplo de aire fresco, sino que puede ser una auténtica revolución que lo cambie todo para siempre. 

¡Pero los actores serán artificiales! Sí, pero seguirán siendo creaciones humanas, Alguien dirá cómo tienen que ser y qué tienen que hacer. El personaje que crea un autor será también el intérprete. No veo por qué no puede causar sensación igualmente. ¡Pero un cualquiera no sabe hacer un guión! El guión que guste a millones de personas será un buen guión; el que no, no. La ventaja es que ahora el que no se vea no supondrá pérdidas millonarias, por eso habrá más riesgo, esto es, más imaginación. 

Recuerdo que los periodistas se ponían dignos ya con la aparición de Gran Hermano. ¿Qué era eso de gente cualquiera chupando cámara? Pues el fenómeno se mantuvo casi dos décadas. Después fueron los blogs. La opinión de cualquiera no vale lo mismo que la de alguien que ha estudiado. Cierto, o no. Lo importante es que la atención se desplazó hacia lo que podía hacer cualquiera. Y ahora con las redes y YouTube, la inmensa mayoría de  la comunicación social la hacen particulares, mientras teles y periódicos agonizan e incluso se arrastran. 

Además, no me interesa si es bueno o malo un cambio así, lo que quiero decir es que si va a ser posible técnicamente, será. 

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