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EL INVERSOR ESTÁ DESNUDO / OPINIÓN

Cómo construir una cartera coherente para el largo plazo

21/11/2018 - 

ALICANTE. En los artículos que publicamos en los meses de septiembre y octubre hablamos sobre la posibilidad de construir carteras de inversión basados en la cartera de mercado (C.M.) y el activo libre de riesgo (a.l.r.). Estas carteras ofrecen una rentabilidad coherente en relación con el riesgo asumido. Hoy vamos a describir con más de detalle la naturaleza de la C.M. y elegir un a.l.r. deseable para construir un conjunto de carteras coherentes.

Adelantamos en su día que la C.M. se compone de todos los activos existentes ponderados por su presencia en el mercado, es decir, una ponderación relacionada con su capitalización. En tal caso, resulta relativamente simple construir estas carteras ya que consistiría en observar la capitalización de cada activo e incluirlo con la ponderación resultante.

Empecemos por definir las clases de activos que podríamos incluir en una C.M. Estas podrían ser renta variable, deuda gubernamental, bonos ligados a inflación, bonos corporativos, bonos de alta rentabilidad e inmobiliaria cotizada. Todos ellos agregados a nivel global. Podríamos incluir otras clases de activos (private equity, por ejemplo), pero para facilitar el acceso a productos, convendría centrarse en activos cotizados. 

Para simplificar nuestro análisis, vamos a trabajar con dos clases de activos que cubren gran parte de la capitalización de todos los activos cotizados, la renta variable global (incluidos mercados emergentes) y la renta fija agregada global. Hay ETFs a nuestro alcance que replican, por ejemplo, los índices MSCI All Country World Index y Bloomberg Barclays Global Aggregate Bond Index.

Comportamiento del precio

La ponderación de estos dos activos va a cambiar de año en año ya que la capitalización de estos va variando. Esta variación no solo se debe a la proporción de nuevas emisiones entre acciones y bonos en el mercado primario, sino en gran medida al comportamiento del precio de estos activos en el mercado secundario. Si por ejemplo en 1999, un año muy positivo para la renta variable, la ponderación en la C.M. de acciones y bonos fue del 67% y 33% respectivamente, en el año 2008 nos encontramos con una ponderación del 44% y 56%.

La ponderación utilizada para construir la C.M. es un ponderación ex-ante. Se construye a partir de una capitalización reciente y ésta no tiene porque coincidir con la ponderación futura. ¿Cómo podemos solventar este problema? La idea más generalizada es invertir en una cartera de equilibrio, es decir la que se define por las ponderaciones medias en el largo plazo. Estas fueron, para el período 1959-2015, del 55% para la renta variable y 45% para la renta fija. Ahora bien, pocos inversores invierten para un horizonte a 50 años (aunque sería lo deseable). Si buscamos horizontes de inversión menores, convendría ajustar las ponderaciones de la cartera de equilibrio a plazos menores. ¿En que se basarían estos ajustes?


Una política de inversión se define como la combinación de una asignación de activos estratégica y una táctica. La asignación estratégica se basa en la presunción de estacionariedad (rentabilidad y riesgo constantes e independientes del tiempo). Para nuestros objetivos, esta asignación estratégica sería en consecuencia la C.M. en equilibrio (55%/45%). 

La asignación táctica deberá permitir ajustar las ponderaciones al ciclo económico, al sentimiento de mercado y a las valoraciones. Podemos concluir con ello que, a mayor horizonte de inversión, mayor réplica de la C.M. de equilibrio, y a menor horizonte de inversión, mayor ajuste de la cartera de equilibrio a las condiciones del mercado. En la práctica se suele variar las ponderaciones del orden de 35%/65% a 75%/25% para diseñar la cartera táctica.

Opciones para el inversor

Con el fin de ajustar la C.M. al nivel de riesgo deseado, combinamos ésta con el a.l.r. Las opciones que el inversor tiene a mano son las Letras del Tesoro y los fondos monetarios. Como regla de calculo, el riesgo de una cartera se reduce en la misma proporción que la ponderación de la C.M. en esa cartera. Una cartera formada por un 60% de la C.M., con una volatilidad esperada de 12%, y un 40% invertidos en el a.l.r. tendría una volatilidad resultante de 7,20%.

En resumen, para un inversor a largo plazo (más de 20 años), la opción ideal sería invertir en la C.M. de equilibrio y ajustar el nivel de riesgo deseado con el a.l.r. Para un horizonte de inversión menor, la necesidad de realizar ajustes tácticos dificulta la implementación de la estrategia y, por tanto, sería conveniente contar con un asesor financiero para su diseño. En un futuro artículo haremos un pequeño repaso de cómo adecuar la asignación táctica para ajustar la C.M. a las condiciones de mercado.

Marc Leutscher es responsable de inversión, producto y riesgo de la EAF alicantina gCapital Wealth Management

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