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MONETIZAR EL EVENTO CULTURAL 

¿Cuánto pagarías por oír hablar de un libro?

17/11/2021 - 

VALÈNCIA. La tipología del evento cultural literario suele estar asociada a presentaciones o firmas de libros, donde, dado el componente que tiene de acto comunicativo y publicitario, la entrada es gratuita.  

Pero, ¿es válida esta gratuidad total cuando el evento va más allá del he-venido-a-hablar-de-mi-libro e implica a más humanos, como periodistas, escritores o divulgadores culturales? ¿Quién paga por el tiempo de las personas que, perpetradas tras una mesa y con un micrófono en caso de que haya medios, están durante un par de horas generando contenido en vivo? ¿Y por el esfuerzo de los organizadores? ¿Cómo se monetiza ese intangible que es tener una idea? 

Iniciativas internacionales como los Hay Festivales, que tiene presencia en Cartagena y Medellín (Colombia), Querétaro (México), Arequipa (Perú) y Segovia (España) en la rama de lugares hispanohablantes, están apoyadas económicamente por entidades privadas como The Guardian o la Fundación MAPFRE. En el caso de la edición sevillana, el mix de sponsors privados y públicos es potente: Gobierno de España, Acción Cultural, BBC, Junta de Castilla y León, Correos, Fundación Sabadell, Fundación Telefónica, Loewe Fundación, embajadas, Protos (las bodegas), CEU Universidad San Pablo, grandes y medianos grupos editoriales, grupos de comunicación, teatros y recintos y hasta un mesón segoviano de los de mantel blanco, ancas de rana de entrante y cochinillo confitado entero.

Salvo en el período de pandemia, tiempo en el que los festivales se desarrollaron digitalmente, estos eventos son presenciales y con entrada, y tienen por lo general el formato de charla entre dos autores, periodistas o personajes relevantes de la cultura. 

Los Hay Festivales fueron reconocidos con el premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2020. 

En España el Festival Eñe, que comenzó su singladura en 2009, es un encuentro organizado conjuntamente por La Fábrica y Fundación Contemporánea. La Fábrica desarrolla, desde la iniciativa privada, proyectos culturales contemporáneos vinculados a la creatividad, el diseño y las artes. La Fundación Contemporánea está especializada en análisis y debate sobre el sector cultural. 

“Festival Eñe reúne en el otoño a los grandes protagonistas de la literatura en español: escritores, editores y más de 15.000 lectores, repartidos en las principales instituciones culturales de Madrid como el Círculo de Bellas Artes, el Instituto Cervantes, la Real Academia Española, la Biblioteca Na- cional de España o Casa de América. Eñe celebra también las letras en la ciudad de Málaga y, desde 2019 incorpora a la programación un país invitado”, explican. 

Este festival combina actos gratuítos con actividades con pago, como el café literario con Lorenzo Silva, que tiene lugar en un recinto privado (un hotel de la cadena NH) y cuya entrada está valorada en 10 € por persona. Por la parte de las instituciones, participa el Ministerio de Cultura y Deporte, el Ayuntamiento de Madrid y la Diputación de Málaga. La fundación del Banco Sabadell, Madrid Destino y El País son los colaboradores principales. 

Dentro de nuestra escena local encontramos el ciclo Literatura i Música Pop al Palau, con conferencias coordinadas y moderadas por Rafa Cervera. Este ciclo de acceso gratuito está auspiciado por la iniciativa pública cultural del Ayuntamiento de València. 

A base de generosidad pública vive también el recién celebrado Salitre. Festival de Literatura del Mediterráneo, un evento de la La Diputació de València que reunió a Marta Barrio, Alberto Torres, Juarma o el colectivo Poesía 90, entre otros. Lo mismo sucede con festivales literarios como Sindokma o la Feria del Libro, donde la venta de libros ocupa gran parte de la actividad. 

Al habla Estela Sanchis, de la librería Bangarang, donde se organizan distintos tipos de eventos, en su mayoría, gratuítos: “No creo que nadie pague por oír hablar de libros. Creo que la gente paga por contenidos culturales de calidad, porque saben que hay un esfuerzo detrás. En el caso de los libros, cuando se paga es porque probablemente se espera aprender algo. No pagas por una presentación o por un club de lectura. En relación a la literatura creo que se paga por actividades que tengan algún componente didáctico, como seminarios, talleres, etc. O que incorporen otros elementos que justifiquen el precio como comida (como es el caso de Comerse un libro), bebida, libros o lo que sea”.

“Respecto a la intervención de la iniciativa privada, creo que siempre hay mercado si se asegura una determinada repercusión. No creo que rechacen una propuesta sólo por considerar que el mercado literario no es lo suficientemente potente. Entre otras cosas porque sí que lo es. Al final buscan cifras, visibilidad de la marca, etc y apoyar eventos culturales siempre da caché”.

“¿Qué formulas funcionan? Yo creo que las mejores son las que implican activamente al público, que le hacen sentir que forma parte, que sean más lúdicas y en las que se generan más interacciones. La fórmula clásica de ponente vs público en charlas de una hora quizá esté un poco obsoleta, a no ser que el/la ponente sea muy muy buen orador. El público no es reticente. El público está ávido de más propuestas, es comprometido y leal. Pero para que le llegue es fundamental que haya una buena comunicación. Al menos en València tenemos mucho campo aún por explorar, porque no tenemos muchas propuestas que sean grandes referentes”.

En otra librería, la Ramon Llull, para algunos de los eventos como las conversaciones con autores o ciertas presentaciones de libros, se establecía un bono-libro simbólico. Para reservar la entrada, había que realizar cierto pago que se descontaba del importe de cualquier libro comprado durante el día del evento. 

Fiona Songel, quien recientemente ha anunciado el traspaso de su librería La Primera también tiene su opinión al respecto: “¿Quién paga por oír hablar de libros? Poca gente. Sí la hay, pero ese público es reducido, sobre todo porque ya en la compra y lectura, el porcentaje es reducido, entonces el embudo se hace más pequeño hasta que llegas a alguien que pagaría por escuchar hablar de libros”.

Para Songel no debe ser la iniciativa privada quien financie estos eventos, sino las instituciones públicas. “No es que sea necesario tirar de subvenciones, sino que los gobiernos instituciones, que se les llena la boca al hablar de artistas pero que después no los cuidan, deberían entender que este los agentes culturales aportan tanto valor para una ciudad o un país como un funcionario público que percibe su salario mensual. Es necesario que se entienda que esto es un trabajo, que está aportando riqueza, y no depender solo subenciones puntuales. Es necesaria la independencia económica para crear”. 

Que haya librerías de lance, eventos, encuentros de escritores mola para la imagen de una ciudad, ¿no? Hacen ciudad. Pues es necesario que las instituciones se ocupen de esa gente, que cuenten con independencia económica para crear. Pienso en el caso de la librería Leo, que la cerraron y abrió un Carrefour Express. ¿Qué imagen da de una ciudad que se califica de moderna, de cuidar el diseño?

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