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José Luis Sánchez Lizaso / EXPERTO EN PESCA

«De momento, la pesca es más sostenible que la acuicultura»

En un debate tan complicado, y con tantas implicaciones económicas, es raro encontrar una voz que llame a la calma en lugar de pintar un escenario catastrófico

17/12/2019 - 

VALÈNCIA.-José Luis Sánchez Lizaso es uno de los mayores expertos españoles acerca de la conservación de los fondos marinos del Mediterráneo. La opinión de este catedrático del Departamento de Ciencias del Mar y Biología Aplicada de la Universitat d’Alacant es escuchada y tenida en cuenta allá donde va. Hace un año, en Bruselas, ante la Comisión de Pesca del Parlamento Europeo, expuso las directrices que en su opinión debería respetar el nuevo marco común para la conservación de los caladeros, que en este momento debaten el Ministerio y las comunidades autónomas. Coautor de una quincena de libros y de un centenar de artículos científicos, además de decenas de proyectos de investigación, avalan la tesis de un hombre que pretende servir de nexo entre un sector, el pesquero, que no cesa de perder flota desde hace décadas, y las ONG conservacionistas.

— ¿En qué situación se encuentran los caladeros españoles del Mediterráneo, sobre todo los de la Comunitat?

— De acuerdo con los datos de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), el Mediterráneo es la región del mundo donde más porcentaje de especies en situación de sobrepesca existe y esto afecta a los recursos de la Comunitat Valenciana. 

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— Aquí siempre se ha dicho que en la Comunitat se practica un tipo de pesca tradicional, con mareas diarias, cortas. A pesar de eso, regenerar los caladeros no parece fácil.

— No solo importa el tiempo de pesca, sino también la capacidad. Tenemos barcos que han aumentado mucho su potencia y cuentan con tecnología nueva que los hace más eficientes… y eso marca la diferencia. Además, mientras en otras zonas hay planes de gestión, y funcionan, aquí ha habido una falta de administración. Esto está provocando que los stocks no estén en buen estado y haya problemas de rentabilidad de la flota, con lo que el ajuste se está produciendo mediante la retirada de barcos.

— Esta es una tendencia de varios años. ¿Cuáles son las especies más amenazadas?

— Se ha recuperado el atún, porque ha habido un plan de gestión efectivo, pero tenemos problemas con las especies demersales, de arrastre, y de pequeños pelágicos (boquerón y sardina), aunque por causas diferentes.

— ¿Cuáles son las causas concretas?

— En el caso del arrastre, probablemente hay un problema de sobrepesca y exceso de capacidad pesquera; y en el de los pequeños pelágicos influyen componentes ambientales, por ejemplo, el calentamiento global. 

«La única manera de gestionar los recursos bien es que todos trabajemos juntos; cada uno por su lado no se avanza»

— Esta es una de las amenazas que se ciernen sobre la pesca, el aumento de la temperatura del mar.

— En realidad, para la pesca y en cuanto al calentamiento global, lo más amenazado son los países tropicales y zonas polares. En zonas templadas, como el Mediterráneo, unas especies se van a hacer cada vez más raras y otras más abundantes. Por ejemplo, tenemos problemas con la sardina y cada vez más gamba blanca. En cambio, en los países tropicales las especies no son reemplazadas por otras de aguas más cálidas.

— En la Comunitat, ya ha citado la sobreexplotación, que ha llevado a que cada vez haya menos barcas; la contaminación es otra de las amenazas… Pero ¿cuáles son los principales problemas que amenazan a esta actividad?

—El principal problema es que pescamos demasiado. La pesca es una actividad sobre un recurso autorrenovable: si capturas más que su capacidad de autorregeneración, el recurso se acaba y el sector entra en pérdidas. Para evitar problemas, hay que limitar la intensidad de pesca. Esta limitación puede ser planificada o no. Por ejemplo, Europa ha aprobado un nuevo plan multianual para la gestión de las pesquerías de demersales en el Mediterráneo: para evitar que el ajuste se haga reduciendo barcos y por lo tanto empresas y puertos, se va a pescar menos días. Así se disminuye la actividad pesquera y se conseguirá mejores capturas, con menos gastos y mejor calidad de vida de los pescadores… y sin perder potencial pesquero.

—En este plan se habló en su día de propuestas muy ambiciosas, como prohibir la pesca de arrastre en fondos menores a cien metros; los pescadores de Castellón proponían zonas vedadas temporales… ¿Las medidas introducidas son suficientes?

—La redacción final señala que hay que ir a pescar a cien metros de profundidad o a seis millas de la costa (a Castellón le afectarían las seis millas) a no ser que se proponga otras zonas de veda temporal que prevean una mayor efectividad. En cualquier caso, aparte de medidas como las vedas o ajustes en días de pesca, es necesario introducir otras complementarias. Si queremos realizar todo el ajuste en días de pesca, la reducción va a ser muy importante. Por lo tanto, es necesario tocar horarios —en Castellón voluntariamente han reducido horas de pesca al día a diez en lugar de las doce legales—, hay que mejorar la selectividad, ya que si matamos menos peces pequeños podemos tener una intensidad de pesca mucho más elevada. Asimismo, es necesario impulsar planes de gestión locales. Una ventaja de la nueva normativa que ha aprobado la UE es que permite planes de gestión a escala local, de forma que se puede aprovechar el conocimiento ecológico tradicional de los pescadores y desarrollar medidas de abajo—arriba y no de arriba—abajo, que no siempre son las mejores. 

—Para esto es fundamental la colaboración entre pescadores y científicos. ¿Hay que avanzar todavía mucho en este tema?

—Hay que recuperar lo que se hizo. Precisamente en la provincia de Castellón, en los años 60, se puso en marcha un plan experimental para la pesca de arrastre que fue modélico por la colaboración entre científicos, pescadores y la Administración. Actualmente en Cataluña han avanzado mucho en cogestión, con el decreto de gobernanza, de tal manera que la Administración, pescadores, científicos y ONG deciden la mejor manera de proceder para recuperar los recursos. La única manera de gestionarlos bien es que todos trabajemos juntos, si cada uno va por su lado no se avanza. El sistema actual implica que alguien decide y unos defienden sus intereses y los otros los suyos; y al final el político toma decisiones que igual no son las mejores, sino que lo hace en función de las presiones que recibe. Ningún gestor quiere tomar malas decisiones, simplemente no sabe valorar bien o tiene más fuerza un usuario que otro. Es mejor que todos trabajemos juntos: los científicos aconsejamos cuál es la mejor manera de que se acabe pescando más y los pescadores ganen más; las ONG lo que quieren es la sostenibilidad a largo plazo, y cualquier empresa tiene que tener visión a largo plazo; los políticos quieren adoptar decisiones que refuercen el sector productivo… Por tanto, este lenguaje bélico de «quieres acabar conmigo» es mentira; tenemos que crear lazos de confianza porque es la única manera de mejorar la gestión. 

—El sector de la Comunitat está formado por muchas empresas familiares pequeñas, normalmente con una barca. En España ya hay grandes grupos y se están gestando otras grandes empresas que tienen una capacidad de explotación mayor. ¿Es peligroso?

«Transferir derechos de pesca entre barcos  generaría una acumulación de derechos en unas pocas empresas»

—Esto es una decisión de política económica. El nuevo plan a nivel europeo incluye la gestión de derechos de pesca en forma de días de pesca y, desde mi punto de vista, es fundamental. Además, eso es lo que quiere el sector, que esos días de pesca no sean transferibles entre embarcaciones, porque eso generaría una acumulación de derechos de pesca en unas pocas empresas, aceleraría la reducción de flota, se perderían puertos y generaría un impacto social muy fuerte. En cambio, si no se permite esa transferencia, puedes continuar con el mismo modelo sin perder empresas ni empleo y con mayor calidad de vida para todos. 

—El caso contrario se está produciendo en la pesquería del atún, donde hay cuotas que se venden y acumulan las grandes empresas, fundamentalmente del estrecho de Gibraltar y de Tarragona…

—Ese es el riesgo que tenemos. En el caso del atún se ha producido la recuperación del stock pero se han acumulado los derechos de pesca en unas pocas empresas y ahora podríamos sufrir lo mismo en el arrastre y posteriormente en los pequeños pelágicos. Pero no necesariamente hay que acabar en eso. Si limitas la transferencia de derechos de pesca entre embarcaciones, puedes vender una barca con sus derechos de pesca, pero no acumular todos en una sola barca porque, si no, acabas creando grandes empresas. Esto podría regenerar el recurso, pero el impacto social sería muy alto.

—El sector ya está haciendo cosas. Por ejemplo, hay barcas en el Grau de Castelló que prueban puertas para el arrastre menos invasivas; el subsector de cerco hace tiempo que está estableciendo cupos que regulan la cantidad de pescado por debajo del máximo legal y eso ha permitido recuperar los precios… ¿Qué otras medidas puede implantar el sector a corto plazo?

—Lo primero que tendría que hacer es explicar lo que está haciendo, porque esas medidas no se conocen a nivel nacional ni europeo. Tiene que saber vender mejor estas medidas y no se trata de que las adopte por iniciativa propia, sino que tiene que hablar con científicos y ONG e incluirlas en un plan de gestión. El sector pesquero español tiene muy mala fama en el mundo y está acometiendo acciones modélicas. En pesca, lo único que podemos hacer es regular la intensidad. Hay muchas maneras de hacerlo, cada una con un impacto socioeconómico diferente. Quien mejor sabe qué decisones son efectivas es el propio sector, que está adoptando medidas de autorregulación muy útiles. Pero aparte de adoptarlas en motu proprio, deberían tener el refrendo de la sociedad y del mundo científico y presentarlas fuera de nuestras fronteras para que en Bruselas sepan lo que se está haciendo y nos podamos quitar el estigma de piratas o de esquilmadores de recursos, que no es cierto pero que es la fama que tenemos. 

—En todo este contexto, ¿usted cree que se conseguirá que la pesca sea sostenible o nos dirigiremos a un mundo en que todo el pescado del que nos alimentemos provenga totalmente de la piscicultura?

—La pesca es sostenible y de momento el pescado de acuicultura es carnívoro, depende de producir pescado y, por lo tanto, el pescado de acuicultura no hace que haya más pescado en el mercado sino todo lo contrario: estamos usando anchoveta peruana u otras especies para dar de comer a las doradas. Hasta que no cambiemos el modelo de la acuicultura es mucho más sostenible la pesca directa.  

* Este artículo se publicó originalmente en el de 62 (diciembre 2019) de la revista Plaza

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