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LA NAVE DE LOS LOCOS / OPINIÓN

Dos tontos muy tontos

Foto: EFE

Pablo Casado y Santiago Abascal se disputan el Premio al Tonto del Año. Sería justo que lo compartieran por dejar de ser útiles a sus votantes. En lugar de tirarse los trastos a la cabeza, deberían unir fuerzas para derribar al Gobierno calamidad. Si son incapaces de hacerlo, que dejen paso a otros dirigentes de la derecha  

28/12/2020 - 

Como el boxeador desorientado a punto de besar la lona, bajo la mirada de un rival marrullero que disfruta dando golpes bajos, así se siente la mitad del país al acabar el infausto 2020. El boxeador arrodillado observa, con la mirada rota, los dedos del árbitro. Uno, dos, tres, cuatro… El KO parece inevitable.

El púgil magullado y sin aliento, al que le faltan las fuerzas para levantarse y seguir peleando, es esa mitad de la nación que se resiste a darse por vencida. Pero mira a uno y otro lado del ring y no ve al entrenador que la anime a plantar cara contra el boxeador golfo que la ha molido a golpes.

Ese púgil en un tris de derrumbarse representa al ciudadano hostigado por un Gobierno aterrador y que carece, para su infortunio, de una oposición eficaz al cabo de un año de legislatura que nos parecen diez. Ese ciudadano puedo ser yo, que ni en las peores pesadillas hubiera imaginado un desastre —sanitario, económico, social— como el actual.

Concentración en la plaza de Colón de Madrid. Foto: RICARDO RUBIO/EP

¿Quién me defiende de un Ejecutivo que es mi enemigo declarado? No veo a ningún partido de la oposición que reúna el coraje, la tenacidad y la astucia necesarios para velar por mis intereses. En teoría, debería contar con dos: PP y Vox. A los liberales castrados de la bella Inés los descarto porque, al ejercer de tontos útiles del Gobierno liberticida, han firmado su acta de defunción.

Elegir entre la derechina o la derechona

Por tanto, la alternativa de gobierno debería pasar por la derechina o la derechona, si bien, aun a riesgo de equivocarme y a que todo se deba a una repentina conjuntivitis provocada por la rozadura de la mascarilla, no observo que ninguno de ellos pueda, por sí solo, derrumbar al presidente maniquí y al matrimonio Ceaucescu.

Entonces me pregunto de qué nos sirven partidos que han dejado de ser útiles a sus electores. Recordad cómo acabó el guaperas de Rivera por no entender esta verdad elemental de la política. Lo pagó con su dimisión honorable. Algo similar les podría ocurrir al joven Casado y a Santi el Asirio si se obstinan en hacer la guerra por su cuenta, preocupados sólo por liderar los restos de una derecha escuálida. Desde la moción de censura de Vox no han dejado de tirarse los trastos a la cabeza, con la vista puesta en Cataluña, donde los separatistas, con la ayuda de la Virgen de Montserrat, reforzarán su mayoría en el Parlament.

Casado, en el Congreso junto a Teodoro García Egea y Cuca Gamarra. Foto: E. Parra. POOL/Europa Press

Peor no se pueden jugar las cartas.  Si hubiera que otorgar el Premio al Tonto del Año, está claro que debería ser para Pablo y Santiago ex aequo.

El viaje de Casado al centro hermafrodita

Casado, en su giro infinito al centro hermafrodita, fía el crecimiento del PP a comerse el electorado de Ciudadanos, como Aznar hizo con el CDS de Suárez. Pero el adusto Aznar no tenía a un partido a su derecha con tres millones y medio de votos. Supo, eso sí, agrupar a todo el centro-derecha en torno a su figura, virtud que no parece acompañar al político palentino.

"PP y Vox se necesitan. Sólo tienen una opción para llegar al Gobierno: pactar un programa de mínimos y unirse en una coalición electoral"

Entretanto, Santi el Asirio confía en el sorpasso a los conservadores de Génova para convertirse en el líder de una oposición que jamás alcanzará el poder frente a la alianza de la izquierda reaccionaria con los catetos del nacionalismo. Le recomendaríamos a Abascal que se olvidara de los tercios de Flandes y del Gran Capitán y fuese más realista, y dejase de afirmar sandeces como que la mejor manera de echar al presidente maniquí es que PP y Vox concurran por separado a las elecciones. 

PP y Vox se necesitan de manera desesperada. Sólo tienen una opción para formar Gobierno: pactar un programa de mínimos y unirse en una coalición electoral. Esto exige generosidad por ambas partes. Si se resisten a dar el paso, estarían defraudando la confianza de más de diez millones de votantes.

Esperanza Aguirre debería intervenir

Pero si se obcecan en mantener viva la división de la derecha española, habrá que llamar a la señora Esperanza Aguirre para que siente a Casado y Abascal en una mesa, y fuerce un acuerdo entre sus ahijados políticos. Ella los conoce mejor que nadie; se criaron a sus pechos cuando eran liberales de la Escuela de Chicago.

Fracasada la vía Aguirre, los líderes del PP y Vox deberían dejar paso a otros dirigentes más propicios al acuerdo. Pienso en doña Ayuso, que trae de los nervios a la izquierda  en Madrid, y al diputado Garriga, autor de un excelente discurso el primer día de la moción de censura contra el Gobierno calamidad.

Cualquiera será bienvenido si evita que el combate acabe en KO, con media España desangrándose a los pies de un boxeador ventajista que se pasea por el ring, brazos en alto, celebrando su victoria tramposa, mientas un público entregado y envilecido aplaude como si estuviera en un circo romano y en la arena hubiera un cristiano devorado por los leones.

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