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caliu e imperdible esquivan las rutinas de la industria

Editoriales militantes: cuando publicar libros se convierte en un acto revolucionario

1/12/2020 - 

VALÈNCIA. Libros incendiarios, contestones, revolucionarios. Las palabras son poderosas, pero lo de las ideas es otra cosa. Editar un libro significa poner en circular cientos de ellas, formuladas con más o menos acierto, y tienen una capacidad imprevisible de calar en la sociedad. 

Caliu tiene tan solo unos años de vida pero ya ha demostrado que había un espacio en la librería que ocupar: “nos hemos centrado en los libros en valenciano (y por ende, en catalán) sobre movimientos sociales”, explica Jordi García, uno de los miembros del proyecto, nacido a raíz de otro mayor, que es la librería La Repartidora, en Benimaclet. Feminismo, asamblearismo o soberanismo alimentario y territorial son los temas a tratar, ya sea a partir de textos originales o traducciones. “Nuestra intención es la de fomentar la vertebración territorial y formar parte de las luchas por el propio territorio. Por ejemplo, nuestra última publicación, Atles il·lustrat de les comarques valencianes, un libro de literatura infantil que busca divulgar y destacar los elementos de cada territorio del País Valencià”, explica García.

Los pilares de su propuesta: uno, “notamos una falta de libros críticos en el País Valencià, i sobre todo, en valenciano. No queremos ni textos bilingües, la lengua propia es una de nuestras bases”; dos, “la escritura colectiva nos interesa porque significa tomar como referencia el funcionamiento de los propios movimientos sociales. No hacemos libros para ellos, sino desde ellos, y tienen la intención de que funcionen como un retorno”.

¿Qué significan estas apuestas? Tener una distribución muy limitada (“el libro en catalán tienen muy poco público ahora mismo”). Pero lo suyo es una apuesta política, no un negocio. El equipo lo forman media decena de personas, que trabajan de manera colectiva y sin seguir ningún estándar del negocio editorial. Son otro colectivo más, que tiene la capacidad de poner libros en circulación en todo el territorio estatal.

Lo hacen a través de una red que implica editoriales, distribuidoras y librerías que funcionan de una manera alternativa, es decir, a depósito, en el que hasta que la librería no vende el libro no empieza a cobrar el resto de la cadena. Rechazan hacerlo de otra forma por el impacto ambiental que general y las propias rutinas de la distribución habitual. La distribución a nivel nacional se hace a través de Virus y la autonómica a través de Sendra Marco, que sí tiene una extensión notable, “queremos que la idea editorial nunca pierda potencial pero que también pueda llegar a mucha gente. No renunciamos a nuestras convicciones, por ejemplo, en cuanto a soberania alimentaria, pero el formato que elegimos para hablar de ella es un recetario”.

Foto: EVA MÁÑEZ

Imperdible, punk sobre papel

"Es preciso que la verdad ascienda desde los tugurios, porque desde lo alto no se desprenden más que mentiras". Con esta frase de Louise Michel se presenta la editorial Imperdible, un proyecto descentralizado en València, Madrid, Barcelona y colaboraciones en otras tantas ciudades. Piro Subrat, es la pata valenciana.

Imperdible tampoco tiene una década de vida y nace de las necesidad desde el entorno contraeditorial y edición alternativa de dar un paso del fanzine al libro. “Nos encanta el formato, pero tenía varios límites y queríamos dar un paso en cuanto a diseño y maquetación. Mantenemos las experiencias y el espíritu DIY, el circuito por el que nos movemos, y los temas, pero ahora editamos libros”, explica Subrat a este diario.

La militancia la llevan en la sangre, y por tanto, deconstruir las rutinas editoriales más habituales no es un problema: “no llegamos a plantearnos cómo lo podemos hacer más alternativo porque venimos de un territorio activista y esto se ha dado con naturalidad”. 

El trabajo de la editorial venía a cubrir un hueco de dar voz a discursos más radicales sin perder de vista que forman parte de un entorno “anticomercial, anarquista y autónomo”. Los temas que tratan son un abanico surgido de su propia experiencia en movimientos contestatarios, desde el punk hasta el anarquismo. Su activismo también marca su agenda porque el catálogo es también una suma sus propias vivencias: Subrat, por ejemplo, lleva editando publicaciones sobre el movimiento marica, queer y transfeminista desde hace seis años; pero también hay personas que, por experiencias personales, hacen lo propio con textos anticarcelarios.

En lo operativo, su decisión es la de mantener su discordancia hasta el final y no plantearse una distribución comercial per se. Se nutren del circuito de librerías alternativas de los 90, a las que se han sumado -en los últimos 10 años- proyectos que han adquirido un peso comercial importante, como La Central. “Una vez te sales del círculo, te encuentras con la mafia editorial, los grandes intereses empresariales y los intermediarios, que pueden llegar a sextiplicar el precio de los libros cuando los pones a la venta”, comenta Subrat. Su apuesta es otra muy diferente: un tercio es el precio de coste del libro, otro tercio para la distribuidora y otro a la librería, de manera que no haya nadie en la cadena que se aproveche de la misma.

Por otra parte, esta filosofía también les hace poder comercializar sus referencias a un precio mucho más popular de lo habitual. “No queremos ser elitistas y la voluntad es que el material llegue. Por eso también cedemos los libros de manera gratuita a las bibliotecas que lo pidan”.

Además, su modelo descentralizado ha conseguido, más allá de sus limitaciones, poder llevar los discursos locales más allá de las fronteras autonómicas. Ha ocurrido con Rampova, que publicó en marzo sus memorias con la editorial: “Desde Madrid muchas personas del movimiento queer están descubriendo ahora su historia, y conociendo -por primera vez- que en València sucedían estas cosas en los 70 y los 80”.

El horizonte

Hablar de perspectivas con dos proyectos tan jóvenes siempre es complicado. Pero en 2020, Subrat lo tiene claro: “sobrevivir y poder seguir haciendo libros”. El coronavirus ha paralizado el trabajo de Imperdible ocho meses, que es lo que llevan sin publicar nada. Ahora lo retoman y habrá varios lanzamientos a corto plazo, y entre los temas que quieren explorar, el movimiento político desde lo musical: “siempre se cuenta la historia de los rockeros, pero queremos contar la dimensión política de un género como el hardcore”. Mientras ni se plantean moverse en esferas más comerciales: “como aboga el situacionismo, no es el mensaje, sino el medio. No podemos contribuir a una cadena de explotación laboral”, concluye.

Por su parte, Jordi García quita hierro a la situación actua. “Ser militante te da más margen. En Caliu y en La Repartidora tenemos socias que mantienen el proyecto y eso nos asegura poder editar dos publicaciones anuales. Pero seguimos traduciendo libros y haciendo proyectos de crowdfunding de literatura infantil sobre la marcha, si nos apetece y si seguimos teniendo fuerzas”. Por lo pronto, tienen tres publicaciones en el horizonte.

València contesta. Lo hace a través de estas dos editoriales, pero también de tantas otras, como Antipersona. Además, iniciativas como Tenderete han conseguido acercar discursos radicales a un público mucho más amplio. La cultura de fanzine, grapa, e incluso del cómic, crean una predisposición a las páginas incendiarias.

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