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el muro / OPINIÓN

El fantasma del San Pio V

El Museo de Bellas Artes de Valencia continúa sin levantar cabeza y recibir atención. Cuatro directores en dos años lo dicen todo

26/07/2020 - 

El Museo San Pío V de Valencia, conocido así históricamente hasta que nuestras autoridades decidieron cambiarle el nombre para ser sólo de Bellas Artes y pertenecer al linaje del progreso inacabado, tiene un espíritu. Algo así como el fantasma del Louvre, aquel que en los sesenta del pasado siglo hacia estremecer a los niños con sus sombras en la tele de blanco y negro. Mejor que À Punt, por cierto. O si quieren, lo dejamos en que la situación histórica del museo es producto del Karma que igual reside en la Academia de Bellas Artes de San Carlos y el pasado de algunos. 

Pero algo allí no es normal. Igual es que los gerentes políticos que lo han tenido en sus manos no han sabido controlar a este caballo loco que sólo reclama orden, disciplina, coherencia, proyectos, personal especializado, programa, autonomía y, sobre todo, lógica. Porque llevamos más de treinta años esperando que alguien se aclare y lo posicione como prioridad de la política cultural de nuestra autonomía. Aunque. visto el perfil de nuestra Consellería de Cultura y su “Oh, la cultura”… Será también que ese departamento gris solo aspira a resultados inmediatos y no a generar historia. El Presidente Puig debería de tomar cartas en el asunto y exigir responsabilidades, tanto aquí como en Madrid.

No es normal que en apenas dos años, como contaba en estas páginas Carlos Garsán, el organismo haya tenido cuatro directores, cuando está considerada la segunda pinacoteca de España y sus fondos alcanzan las 30.000 piezas. Aquí hay un problema de fondo que se esconde en las dimisiones a base de explicaciones tan elegantes o disciplinadas como “cuestiones personales”. Todos sabemos que eso significa mucho más.

Y es que Carlos Reyero, el director que llegó al cargo hace un año por uno de esos concursos públicos de dudosa convocatoria, presentaba esta semana su dimisión argumentando, claro, problemas personales. No los dudo. Pero iría más allá ya que desde hace muchos años el museo está alejado de la mano de Dios, esto es, sin apenas difusión y promoción, resonancia, medios humanos, conservadores, política de compras, independencia y hasta presupuesto formal y claro. Es más, por no tener no posee ni plan museográfico que aún duerme en algún despacho del Ministerio de Cultura, insensible siempre hacia esta autonomía y su museo principal.

Hace seis meses, en la primera entrevista concedida por él mismo Reyero a Valencia Plaza, el entonces nuevo director dejaba ya claro tras unos meses en el cargo que esto no lo veía claro. Ya conocen el resultado o el final de la historia.

Es lo que nos faltaba. Contratar a un experto en Historia del Arte con un currículum sólido, y que nos deje en tan poco tiempo por “motivos personales” después, eso sí, de ver el patio y comprobar el respaldo   de una consellería que se ha quedado en concejalía, tiene su miga 

Ni siquiera el concejal y vice del Ayuntamiento de Valencia, Sergi Campillo, le limpia regularmente los alcorques de sus árboles próximos para ridículo de los pocos turistas que se acercan a él. 

Por mucho que nos quieran vender, el Museo San Pío V continúa siendo el espacio más olvidado de Valencia cuando debería ser un referente no sólo de la ciudad sino de nuestra autonomía. Pero nadie hace nada por impedirlo, ni siquiera la propia Academia de Bellas Artes de San Carlos que tiene allí su sede y es titular de gran parte de sus fondos.

Si durante más de tres décadas la institución ha estado a la espera de que Generalitat, encargada de su gestión, y ministerio de Cultura, titular del mismo, se pusieran de acuerdo parta terminar una rehabilitación y ampliación que aún no está completa, tendremos que esperar otros tantos para que aquello funcione con cierta rigurosidad. No sé si lo veremos.

Un museo necesita estabilidad y un plan de base sólido para que no le afecten los vaivenes políticos, esos que sobran de cualquier institución pública y sobre todo cultural; un criterio como el que siguen otros museos de Bellas Artes como el de Sevilla, Oviedo o Bilbao, menos ricos en sus fondos pero más rigurosos en su gestión. Por eso nos va por aquí como nos va.

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