la ausencia de turistas o el teletrabajo transforman la fisionomía de la capital

El futuro de la 'city' valenciana

13/08/2020 - 

VALÈNCIA. Más silenciosa y tranquila que nunca. València transita por el verano con menos trasiego del habitual en esta época del año. Las aglomeraciones en las estrechas calles de Ciutat Vella, el jolgorio en las terrazas y el bullicio en sus entornos más turísticos han dado paso a una estampa bien distinta. Es casi una ciudad adormecida, incluso en algunos momentos como el fin de semana, fantasma. Pocos turistas deambulan estos días por sus vías y muchos bares y comercios permanecen con la persiana bajada. Cierto es que muchos valencianos disfrutan de sus vacaciones fuera del cap i casal, pero el poco tránsito en sus calles y la implantación del teletrabajo en muchas compañías hacen presagiar un nuevo tiempo en el centro de la ciudad. 

Las restricciones a los viajeros y el miedo a los brotes dibujan un nuevo escenario. La crisis sanitaria ha sido un duro golpe para todos y la incertidumbre sobre lo que viene en otoño estremece a los negocios más pequeños, que no creen poder resistir otra embestida. Algunos ya se han visto abocados al cierre y han tenido que colgar el cartel de 'disponible'. Otros, en cambio, han preferido adelantar y prolongar las vacaciones de verano ante la ausencia de clientes y un consumo cada vez más ralentizado. Ana, regente de una clínica estética ubicada en el centro de la ciudad, asegura que de un día para otro, varios locales de restauración de la zona cerraron. "Esta crisis va a matar a muchos", comenta.

Muchos locales de restauración siguen con personal en ERTE porque no hay tanta carga de trabajo y no pueden asumir a toda su plantilla de nuevo. Una circunstancia que les ha llevado a tener que tirar de menú del día o reducir sus cartas, minimizando la oferta. El objetivo es seguir ofreciendo un servicio, pero con los recursos con los que cuentan ahora. Pese a todo, muchos aguantan a base de las pausas del café en las oficinas y de algún almuerzo. Muchos trabajadores están de vacaciones, otros teletrabajando y no hay extranjeros, por lo que el movimiento es escaso en las cafeterías que inundan el centro de València. 

Pero, además, el factor miedo también ha hecho mella en muchos, que evitan entrar a la mayoría de locales de restauración. Pese a las medidas de seguridad implementadas, son las terrazas las que atraen a la clientela, incluso aunque el mercurio alcance marcas por encima de los 32 grados.

La mayoría de grandes compañías con oficinas en la ciudad mantienen a sus plantillas divididas entre el trabajo presencial y a distancia en sus casas. Así, el despacho Andersen Tax & Legal ha establecido un aforo del 40% como regla general en sus espacios en España, mientras que bancos como el Santander mantienen al 20% de su plantilla teletrabajando. Y, en algunos casos, esta circunstancia va para largo, hasta que haya más claridad sobre la evolución de la pandemia. Este hecho lleva a que la afluencia de trabajadores que bajen a hacer la 'pausa' del descanso y se sienten en un bar, a tomar algo o a comer, se haya reducido. Y los comercios lo han notado.

Los coworking, en stand by

Incluso negocios como los coworking, que en los últimos años se habían convertido en un activo muy atractivo para los inversores en el segmento inmobiliario y para autónomos o pequeñas compañías, ahora se han contraído. Y es que este tipo de oficinas flexibles ya ha madurado en grandes ciudades como Madrid y Barcelona y en la plaza valenciana empezaban a despegar con la apertura de nuevos espacios. Pero con la covid, habrá que esperar. "Ahora en el mercado de oficinas se valora la posibilidad de contar con espacios abiertos y terrazas. Coyunturalmente, se han negociado muy poco las rentas y los espacios de coworking han ralentizado su expansión", explica Neus Más, responsable del departamento de oficinas de Olivares Consultores.

Ahora, la compañías buscan grandes superficies para poder mantener las distancias de seguridad y evitar la rotación de puestos de trabajo entre empleados. Eso sí, algunas firmas más pequeñas se verán abocadas a trasladarse a espacios más reducidos para minimizar gastos al mantener, además, a parte de sus empleados teletrabajando. Aunque desde el mercado no creen que esta vaya a ser la tónica general. "En València, al haber tanta demanda de oficinas, se seguirá absorbiendo. Los metros cuadrados son ahora más necesarios que nunca", destaca Borja Tomás, gerente de Financial Advisory de Deloitte, quien recalca que "los inversores ven València como un gran foco y alternativa más que tangible a la hora de invertir en la ciudad para aumentar su portafolio inmobiliario".

Los comercios también han comenzado el baile de movimientos con entradas y salidas en las principales vías de la ciudad. Unos llegan, como la cadena de dulces Manolo Bakes, que abre tres establecimientos en la ciudad, o la cadena de cosmética coreana Miin Cosmetics. Mientras, otros se van, como la firma de ropa masculina Lester. Y es que algunas certezas son claras: la situación económica obligará a algunos negocios a no volver a abrir sus puertas en sus actuales ubicaciones, abocando a un cambio en la distribución. Las rotaciones ya han comenzado con varios cambios. Y es que la imposibilidad de permanecer en las vías principales de la ciudad propiciará desplazamientos de marcas y la entrada de negocios que estaban a la espera de dar el salto al hight street.

"Festivales de stock" en las tiendas

Un nuevo escenario se vislumbra en el horizonte del retail de la plaza valenciana, donde se prevén muchos cambios: entradas y salidas de marcas, unificaciones y reubicaciones. Con el parón de la actividad durante los meses de confinamiento estricto, la mayoría de inquilinos han tenido que renegociar sus contratos con los propietarios para ajustar las rentas a la actual situación. Muchos comercios cerrarán de forma definitiva y otros, en cambio, encontrarán una oportunidad de aterrizar en el cap i casal ante la mayor disponibilidad de espacios.

De acuerdo con el informe 'Retail & Shopper en la era post Covid-19. Hispótesis sobre posibles escenarios' realizado por la consultora valenciana Coto Consulting, la presión a la baja de los precios para incentivar las compras ante un aumento del stock y el retroceso el consumo. En este sentido, el documento apunta a un continuo 'Black Friday' en lo que resta de año. "Habrá festivales de stock", predice. 

Según advertía el presidente de Confecomerç, Rafael Torres, en la actual coyuntura están en riesgo el 20% de los comercios en la Comunitat Valenciana. Y es que el cierre forzoso de muchos negocios durante el estado de alarma, sumado a la ralentización del consumo, ha golpeado con fuerza a un sector que en la Comunitat cuenta con 61.000 pequeñas empresas y en el que trabajan más de 210.000 trabajadores autónomos y por cuenta ajena.

Y es que ya es un hecho que ir de compras o 'echar un vistazo' a los escaparates para acabar entrando en los establecimientos son costumbres todavía en 'stand by'. Así también lo ven los comerciantes. La contracción de la demanda en el centro de València es perceptible. Ni el tirón de las rebajas ha conseguido animar del todo la situación. "Ahora la gente no se dedica a pasearse y ese flujo se ha parado en el centro y tiene una afectación. La normalización no creemos que llegue hasta septiembre como mínimo", puntualiza Torres.

No obstante, esa menor afluencia de tránsito en el centro se ha desplazado a los barrios. Las reticencias al uso del transporte público y la no obligación de tener que ir hasta el centro por cuestiones laborales no solo han frenado las 'ansias de compra', sino que también han llevado a muchos a descubrir otra forma de consumo más de proximidad. Una circunstancia que ha beneficiado a los comercios de barrio, en detrimento de los ubicados en el centro de los grandes núcleos urbanos. "La gente quiere ahora proximidad y los centros de las ciudades están más desérticos por el miedo. Además, tampoco hay turistas y eso se nota mucho", explica Torres.

Y es que, según Confecomerç, un 30% de los consumidores ha cambiado sus hábitos durante la crisis sanitaria, decantándose por negocios de proximidad para hacer sus compras. "Mucha gente, especialmente los jóvenes, han redescubierto lo que es el comercio de proximidad y ahora el reto es mantenerlo", señala Torres. 

La pandemia ha puesto en jaque a medio mundo y también al futuro de las ciudades. Cambios en la movilidad y en los hábitos de vida que tendrán un impacto en el desarrollo de las ciudades del futuro. Unos cambios que solo con el paso del tiempo se verá si cristalizan. Aunque lo que está claro es que el futuro de la 'city' valenciana será diferente.

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