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POSTRERÍAS

El goloso mundo de la franquicia

| 11/11/2016 | 6 min, 22 seg

VALENCIA. La palabra franquicia hace sonar las alarmas de los aficionados a la buena mesa; también huele a chamusquina en el caso de las hornadas. Puestos a caer en el pecado de la gula, mejor hacerlo con cierta garantía de calidad. Pese a lo que pudiera parecer, hay opciones mucho más complacientes que otras, y aspectos que pueden servir de indicador al cliente. Los letreros luminosos, la promesa del fast food, la uniformidad del servicio y las recetas procesadas son razones suficientes para huir; por el contrario, si los ingredientes son de primera calidad y las recetas se reproducen, pero se efectúan a mano, no hay razón para negarle una oportunidad a esa idea de negocio de libre explotación.

Un paseo por Valencia (y sus alrededores) sirve de actividad didáctica sobre las prácticas gastronómicas de alto riesgo. Por supuesto, hablamos de las franquicias, que ni siquiera de las cadenas. A base de prueba y error es posible aprender donde merece la pena detener nuestros pasos y de dónde conviene salir corriendo. El término medio es muy remoto.

La Cure Gourmande

Plaça de l'Ajuntament, 12

Una naviera provenzal que acaba de desembarcar en la capital del Turia, tras recalar en puertos como Barcelona, Mallorca o Sevilla. Y no se ha quedado en los muelles, sino que ha entrado hasta la mismísima plaza del Ayuntamiento. La Cure Gourmande es una empresa de repostería artesanal nacida en La Provenza a finales de los 80. Desde entonces, se ha extendido por el resto de Francia, Bélgica y España, donde ha adquirido un formato de franquicia, pero siempre apostando por la importación del producto de la zona.

La galleta, el biscuit, es su plato fuerte. Se hornea con receta de mantequilla, pero sabores tan dispares como el coco, la frambuesa o el chocolate; incluso las hay rellenas de pétalos de rosa. Vienen en la típica caja de latón, esa que pervive en la memoria de los nostálgicos, y que constituye un regalo perfecto. Lo novedoso, sin embargo, es cargarlas al peso, al igual que sucede con sus caramelos de toffee o sus olivas de chocolate, lo que implica que el precio es tan variable como el apetito. Pese a no contar con un obrador propio, todos sus productos garantizan respeto hacia la receta original, como bien demuestra el sabor.

Dunkin' Coffee+

Mariano Benlliure, 1

El rugido del estómago al pasar por su escaparate es incontenible. Bien distinto es que sea recomendable. Sus rosquillas glaseadas, en forma de donuts o de berlinas, son tan peligrosas como sus arriesgados toppings. Los hay de chocolate blanco, sirope de fresa, rellenos de avellana, crispy choco, café… y todas las posibilidades que albergue la imaginación, incluso formando caras de personajes de animación. Hasta ahí los llamados dunkins, porque luego vienen los munchkins (en forma de bolita y perfectos para mojar en el café) o los crunkins (cuya masa se combina con la del cruasán). ¿Cómo te va sonando el desayuno?

La famosa marca de bollería, que también opera como franquicia, abrió su única tienda en Valencia en enero de este año. Se trata de un local de 67 metros cuadrados, donde es posible sentarse a disfrutar de la merienda o llevarse una caja para consumir en casa. Ahora bien, la decoración es estridente y próxima a un Burguer King, lo que invita a lo segundo. Para retenerte esgrimen como argumento el café, 100% árabico, que ha obtenido el premio internacional Brand Keys. Decide por ti mismo si lo merecía. Dunkin’ Coffee es la filial española de Dunkin’ Brands, la séptima compañía de restauración del mundo. 

Tartalia 

Carlos Senti, 1 (Dénia)

El mundo se divide entre los que hacen tartas y los que las compran. Tanto para unos como para otros (si es que están interesados en emprender), esta franquicia española es una opción muy digna y con precios competitivos. De momento cuenta con una sola sede en la Comunitat, concretamente en Dénia, pero hay más repartidas en Madrid. El hecho de que el concepto siga siendo desconocido para la mayoría es bueno, aunque le resta puntos la decoración por la que han apostado. Peca de desangelada y poco actualizada.

Que nadie se espere alta pastelería. Sus grandes creaciones, lejos de innovar, incluyen la típica tarta de almendra, de merengue y de bombón. También hay San Honoré de frutas y de chocolate, además de pastel de yema tostada y selva negra. Ahí queda eso. Pero como lo más importante en cuestiones de repostería es el sabor, nos encontramos con una alternativa solvente para celebrar cumpleaños, que en la mayoría de casos contempla obrador propio. En estos tiempos que corren, los padres de familia valorarán como es debido los dibujos en la superficie, sobre todo si son de Frozen y Batman.

Sweets & Coffee

Cirilo Amorós, 2

Hubo un momento en que la fiebre vintage amenazó el mundo con un delirio pin up, pero afortunadamente los efectos parecen haber pasado. En el momento más álgido de la pandemia, no obstante, nació el concepto de Sweets & Coffee, que se define a sí mismo como “más que una cafetería”. Todavía en expansión nacional, está inspirado en los dinners americanos de los años 50. Todo es rosa, todo es ‘cuqui’, y en algunos casos los camareros llevan un gorrito, pero de lo que sobre todo no se libran es de un uniforme con cuellos rosas. Venden zumos, batidos, cookies y frappés. Lo esencial queda dicho.

Si te quieres tomar un café no muy bueno a precio no muy malo, puedes acudir. Te darán más cantidad de la que puedes esperar de una máquina de espresso, pero la calidad tiene poco de reseñable. Además, podrás acompañarlo de bollería, tartas, muffins y doonys, que es como ellos llaman a los donuts de glaseado similar a los de Dunkin’. Su color llamativo promete atrapar a tu mente, que te los pedirá a gritos en los momento de ansiedad, y tú les darás un mordisco aún sabiendo que no te conviene para nada semejante chute azucarado.

Valor

Plaza de la Reina, 20

En las altas esferas del chocolate hay una firma de Villajoyosa con nombre propio. Quién no ha visto amanecer desde el comedor acristalado del Valor que hay en la plaza de la Reina de Valencia, sentado en sus sillas de forja, sobre sus tablas de mármol. Quién no ha apurado el chocolate caliente cuando fuera hacía frío. A gusto de cada cual va el pedir churros, porras o buñuelos. En cualquiera de los casos, lo esencial es la espesura de la taza, la pureza del chocolate, la intensidad de un trago caliente que se enreda en el recuerdo.

La compañía Valor apostó por el formato de la franquicia en lugar de la cadena, lo que le ha permitido llegar a toda la geografía española. Tiene tanto tiendas como cafeterías. Sin duda, las segundas, son un punto de encuentro habitual para las familias. La clave está en proporcionar productos a la altura de las expectativas que confieren más de 130 años dedicados a la elaboración del chocolate. Tradición para dar sabor a la modernidad. Le convendría alejarse de conceptos como el reciente take away o el brunch.

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