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Elecciones 2019

El ‘jardín’ del Botànic

Tras el asalto al poder del infravalorado Pedro Sánchez y la  repentina explosión de democracia interna vivida en el PP con la llegada de Pablo Casado, hacer un análisis de lo que se nos avecina antes de las elecciones autonómicas de 2019 es casi suicida. Aunque algunas claves de esta gran precampaña ya están sobre la mesa

30/09/2018 - 

VALÈNCIA.-El Jardín Botánico suena a Radio Futura. Y por lo tanto a estatua. Lo que nos lleva a cuestionarnos uál de los actores (o actrices, que nadie se moleste) protagonistas de l’Acord del Botànic se quedará petrificado en la noche del 26 de mayo de 2019 tras la celebración de las elecciones autonómicas, municipales y ¡europeas! Sí, también hay europeas, y puede que sean las más importantes de las tres, aunque nos importe un bledo a los medios de comunicación, y a usted.

Pero, pase lo que pase, alguien tendrá que quedarse tan de piedra como el busto de Simó Rojas Clemente i Rubio que preside la entrada del Jardín Botánico de València. Y es que les va a tocar a nuestros políticos meterse en un jardín, para luchar por cada sufragio. Alguien tiene que perder ese día, por mucho que la mayoría ponga careto absurdo de vencedor (o vencedora) ante los medios en la comparecencia de turno. Ahora mismo, y en ese emocionante contexto que siempre generan unas elecciones, Ximo Puig y Mónica Oltra son los mejor posicionados, no solo porque no parecen tener rival dentro de sus partidos —aunque mantengan enemistades y rivales dentro de casa— sino porque, además, el efecto «gobernar» hace que tengan más opciones que nadie para alzarse con el triunfo electoral. Y más con la supuesta visibilidad que les dará la Canal 9 reloaded en los meses venideros, si sube de audiencia, claro. 

¿La duda? Quién conseguirá más apoyos, en el caso de que no haya vuelco a favor de los partidos de la derecha, para encabezar un nuevo acuerdo del Botánico. Las encuestas dicen que el PSOE —usted vota al PSOE, no al PSPV— es el mejor posicionado. Pero hay escenarios en los que esa fotografía Polaroid puede cambiar al ritmo de la instantánea que llevaba Marty Macfly en la primera de las entregas de Regreso al Futuro, cuando el protagonista andaba en una fiesta tocando la guitarra. Y si siguen las hostilidades en casa, el govern «a prueba de bombas» se volatizará en cuestión de segundos, pero no parece que vaya a ser en esta legislatura.

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No obstante, el sentido del voto puede variar por cualquier detalle, por pequeño que sea. O por las circunstancias personales de cada uno, como bien nos señala Fernando Móner, presidente de Avacu (Asociación Valenciana de Consumidores): «Cada uno tiene que mirar en su entorno, en lo que le ha pasado durante estos cuatro años, pero en su círculo, y no dejarse llevar por los titulares». Algo en lo que coincide el responsable de CCOO-PV, Arturo León, aunque también cree que la honradez en la gestión podría ser un factor determinante. Esos titulares que se suceden en un panorama nacional ciertamente movido podrían tener su reflejo en el ámbito autonómico. Eso piensa Ismael Sáez, secretario general de UGT-PV: «La evolución del Gobierno Sánchez tendrá efectos en las expectativas de voto, en especial las del PSPV».

En esa misma línea anda el presidente de la CEV, Salvador Navarro, quien considera que la clave en los próximos meses vendrá marcada por «el avance en la reforma del sistema de financiación y en conseguir la quita de aquella parte de la deuda que tiene su origen en la infrafinanciación de la Comunitat Valenciana». 

Y es que quedan muy pocos meses para disfrutar de una noche electoral. Aspecto que se percibió en la mencionada crisis vivida en los estertores de las vacaciones. Una porfía que se saldó con una reconciliación de las de «aquí no ha pasado nada» entre Puig y Oltra. 

Pero sí que pasó. Y aunque en realidad el Molt Honorable no estuvo a escasos centímetros de apretar el botón rojo, aquel cambio de posición de los socialistas en el Consejo de Política Fiscal y Financiera para votar favorablemente a los criterios del ejecutivo de Pedro Sánchez despertó a las bestias y a los tuiteros de gatillo rápido. Y peor se puso la cosa cuando Mónica Oltra pilló un monumental cabreo después de que Gabriela Bravo, consellera de Justicia, anunciara con la secretaria de Estado Ana Botella la puesta en marcha de una comisaría para denuncias de violencia de género sin haber pasado el asunto por el despacho de la vicepresidenta, que vio cómo entraban en asuntos de su competencia sin ser consultada. Eso fue un ‘meterse en un jardín’, de manual.

No llegó la sangre al río porque no hubieran tenido valor los firmantes importantes del Botánico para hacerlo. De haberse presentado a una cita electoral con una ruptura traumática, les hubiera sido difícil después volver a sentarse de buen rollo a firmar otro acord como el que les ha sustentado, y esto lo piensan en ambas formaciones. Se necesitan. Y sus votantes no entenderían otro encontronazo tan mediático, y puede que no lo perdonaran. 

PSPV: Con la venia de Ábalos

En el PSPV tienen claro que Puig es el elegido; incluso José Luis Ábalos así lo piensa, pues siendo el exalcalde de Morella presidente del Consell y secretario general del partido no se va a promover una alternativa a pesar de la división interna que se respira cada vez que alguien pasa por Blanquerías. Pero hay otras circunstancias sobrevenidas que pueden hacer el camino a los comicios largo y tortuoso. El principal tiene nombre de restaurante. El que eligieron los miembros de la UDEF para comer una vez salieron de la Ciudad de la Justicia de València para poner en marcha la operación Alquería. De hecho, meses después de la detención del ‘sucesor’ de Puig, Jorge Rodríguez, aún andan en el sanedrín socialista zigzagueando por las calles por los efectos de la misma. Y es que saben los dirigentes del Comité Nacional del PSPV que la izquierda no es tan permisiva como la derecha con asuntos de presuntas malversaciones y demás, y eso, dependiendo del momento del levantamiento del secreto del sumario y de cómo quede el auto, puede cercenar las posibilidades que tenga el PSPV-PSOE en las urnas de erigirse como la primera de las fuerzas del que ellos llaman «Gobierno del Cambio». No obstante, en el partido no creen que vaya a ir a mayores la cosa.

Hay otro factor que puede marcar el futuro de Puig. Y depende de las decisiones de su ‘amigo del alma’, el ministro Ábalos Meco. De las directrices y órdenes que puedan beneficiar a la Comunitat Valenciana en los Presupuestos Generales del Estado para 2019, si se llegan a tramitar, claro. En el caso de que se produzca un feo más en forma de poca inversión territorial, sin subvención para la Autoridad de Transporte Metropolitano de València (ATMV), sin impulso para el Corredor Mediterráneo o para acabar el Parque Central, las posibilidades electorales de Ximo Puig se verían reducidas ostensiblemente. De hecho, en tal caso, daría exactamente igual que se presentara él, Joan Ignasi Pla, Jorge Alarte o  Joan Lerma. 

En ese contexto, lo único que salvaría al veterano socialista es que su compañero de partido, el no menos joven Ábalos, se las ingeniara desde su despacho del Paseo de la Castellana 67 para sacar mil millones y pico de euros para su amada terreta. Eso sí tendría un efecto colateral. Porque la condonación de la mayor parte de la deuda de la Marina (si se concreta), a cambio del voto favorable en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, no es que vaya a levantar a las masas, por mucho que lo intenten desde el ‘ala oeste’ de la Generalitat. De hecho, lo único que consiguió fue mosquear a Oltra. Pero si llegan más millones y más visibles, se acabarían de facto los argumentos que el Consell ha utilizado para esconder sus errores de gestión, pues ya no tendría a quién achacar la cierta infrainversión, aunque aún les quedara la mortífera infrafinanciación, que siempre queda bien en cualquier declaración o discurso. Aunque ahora manden los socialistas. No obstante, el presidente Pedro Sánchez aún debe sacar adelante las cuentas de 2019, y lo debe hacer con el apoyo de Unidos Podemos y de los malignos (según quién los necesite para gobernar) independentistas.

Además el PSPV tiene una asignatura pendiente en cuanto al tirón electoral en València ciudad. «Si no mejora resultados en todos los barrios será difícil apuntalar el resultado de 2015 a nivel autonómico», señala Fran Jerez, CEO de la consultora especialista en asuntos públicos Estrategos. Y en Alicante, después de la deficiente gestión que hicieron en el EchávarriGate, con Luis Barcala recuperando la alcaldía para el PP, también lo pueden tener crudo los socialistas.

Compromís: la carta ‘valencionacionalista’

Entre los mencionados y malignos partidos nacionalistas, Isabel Bonig, Pablo Casado y el personaje que hace de Rafael Hernando incluirían sin duda a Compromís, con el home bo Joan Baldoví a la cabeza. Un Baldoví que rechaza siempre que tiene ocasión volver a València para colocarse en algún puesto de tronío. El caso es que el mestre ‘Baldo’ dijo que se veía mas útil en la meseta aunque, en realidad, y pese al deseo de sus colegas del Bloc, lo cierto es que sería inútil intentarlo aquí, teniendo en cuenta que Mónica Oltra es la indiscutible número uno de la coalición, al menos públicamente.  Oltra es la lideresa. Oltra es la baza de esta alianza de partidos, o lo que sean los que conforman la coalición. De hecho, es su única esperanza para llegar al Palau. Y eso lo saben todos. Hasta sus detractores, que los tiene y en buen número en el Bloc, una de las formaciones, la mayoritaria, de las que componen Compromís. El panorama de los valencianistas, anteriormente conocidos como nacionalistas, parece más despejado que el de sus principales socios del Botánico ya que han sabido despojarse de las dudas sobre presuntas financiaciones irregulares y se han limpiado bien de las salpicaduras provocadas por la operación Alquería. No obstante, también han formado parte del gobierno que ha traído una «mejora reputacional» (sic) y que, en el camino, ha pecado de exceso de gestos y pocos hechos.

En este sentido, en las altas esferas de la coalición creen que Oltra debería salir más del despacho de vicepresidenta y consellera, para pelear la batalla por liderar el Botánico contra un PSOE que les aventaja en ser un partido de gobierno, factor que decanta, de momento, la balanza a favor de Puig, según piensan los del Bloc y compañía. Además, de quedarse de ‘vice’ se convertiría en una auténtica estatua de piedra, ya sea en el Botánico o en otro ‘jardín’. 

Con todo, lo que haga o deje de hacer Sánchez con la Comunitat y la imagen que transmitan Baldoví y sus compañeros en la Carrera de San Jerónimo podrían tener su valor el día de los comicios. Igual que tener buenos candidatos para las listas de los pueblos y ciudades, como en Castellón, donde una candidatura fuerte (¿el conseller de Educación, Vicent Marzà?) podría aportar mas votos de los esperados.

Los ‘valencionacionalistas’ saben en su fuero interno que en la cita de 2019 perderán votos de aquellos outsiders que les dieron su confianza ante la deriva que representaban PP y PSOE en 2015. Por ejemplo, los trabajadores de centros comerciales a los que se les prometió que nunca más trabajarían en domingo y festivos, o los progenitores de la concertada y algún sindicalista que han salido escaldados de las promesas, tanto de las incumplidas como de las ejecutadas. 

Podem: más grises que ‘morados’

Pero esas papeletas perdidas se compensarán, sin temor a quemarnos con la predicción, con las que lleguen vía Podem, partido que anda muy confuso por estas tierras. Porque los ‘morados’ han sido grises. Tibios. A pesar de contar durante esta legislatura con dos tipos válidos. O quizá por eso, por ellos, por esa forma de ser de sus secretarios generales, que tienen esa pinta de supervivientes de un holocausto. El primero fue Antonio Montiel, excelente parlamentario y muñidor de acuerdos, aspecto que sus bases no perdonaron, a la vez que era la razón por la que sus adversarios le admiraban. Pero esa cualidad hervía a los anticapitalistas y demás bandas ‘moradas’, porque Montiel es el típico político al que mi madre votaría si no estuviera en ‘esa’ formación.

Luego llegó el inexperto Antonio Estañ, joven filósofo al que le cuesta mantenerte la mirada,  pero al que le sobran las ideas buenas y que desprende olor a especie diferente dentro de la clase política. Sin embargo, ni él tiene claro si será el candidato a la presidencia, ni si será en una confluencia ‘A la valenciana’, sino a medias con lo que dejen Alberto Garzón y Rosa Pérez de lo que antes se conocía como Esquerra Unida. Como apunta Fran Jerez, de Estrategos, «la absorción es posible aunque tiene sus detractores, pero la tendencia de Podem es a la baja, en consonancia con el partido a nivel nacional». Es el gran obstáculo de Podem: ellos mismos. Eso, y que Compromís ha conseguido ganarles el espacio que tuvieron al calor de Pablo Iglesias. Son los más firmes candidatos a quedarse de piedra en el Jardín Botánico. Aunque comparado con el horizonte que le espera a Izquierda Unida (cuatro años fuera del hemiciclo son muchos) tampoco están tan mal. Pírrico consuelo, la verdad.

PP: pendientes del banquillo... de acusados

Fuera de ese jardín inacabado en su parte del muro del Salvem y luego de Alsasua, que es el Botànic, el PP luchará por no ser quien se quede de piedra en mayo del año que viene. Hace unos meses, antes de la dimisión de Rajoy, el panorama era poco alentador para los ‘populares’. A juicio o imputación por segundo, con Ciudadanos adelantando por la derecha, y sin tener autonomía de Génova, Isabel Bonig se preparaba para una «hostia» sonada, como la que le refirió Rita Barberá a Serafín Castellano allá por 2015 tras el vuelco electoral. Pero la jugada de Sánchez y la marcha del presidente gallego que nunca hacía nada varió por completo la situación. Además, teniendo a Sánchez en La Moncloa, ya no tienen que defender los indefendibles Presupuestos Generales que ninguneaban a los valencianos.

Por otro lado, llegó el joven Pablo Casado al poder orgánico ‘popular’. Hecho que apenas modificó el residual poder valenciano con el que contaba Bonig en la madrileña calle de Génova, pero que no lo dejó peor que cuando Cospedal llevaba las riendas. Bonig supo jugar en el proceso entre Santamaría y Casado, aunque su cúpula quedó dañada al apostar a caballo perdedor, por lo que hubo que replegar a caballerizas con la cabeza gacha y proclamando unidad. 

Sin embargo, que el nuevo líder tuviera poco apoyo entre los dirigentes valencianos de la élite no supondrá modificación sustancial ante estas elecciones. Casado dio en verano el beneplácito oficioso a la exalcaldesa de la Vall d’Uixó. Sabía lo que suponía eso. Si quiere tener opciones en el futuro, debía volcarse con los suyos y bajo ningún concepto remover los cimientos ni provocar revueltas, al menos de manera mediática. El mejor ejemplo es Andalucía, donde Casado ha tenido que tragar con el candidato que apoyó a Soraya Sáenz de Santamaría ante la proximidad de la cita electoral. 

Además, Casado y Bonig, aunque no comparten gustos musicales, sí lo hacen en cuestiones ideológicas, y ambos se han propuesto recuperar a los que huyeron con Rivera y a esos pocos que marcharon a Vox pero que pueden ser importantísimos. Esos miles de votos, a nivel nacional, podrán computarse al PP en caso de regreso a su hogar y, al ser la lista más votada, o de las más votadas, superar en esa carrera a los ‘naranjas y, en caso de que las matemáticas ofrezcan la mayoría al bloque del centro derecha o derecha a secas, proponerse como el primer partido del frente, dicho sea sin connotación bélica ni histórica.

Otros hitos a los que se enfrentará el PP —y entre sus filas no lo olvidan— pasan por los tribunales, y aunque andan curados de espanto, la sombra de Camps es tan alargada y la boquita de Ricardo Costa tan afilada que cualquier resolución contra el partido podría noquear a los ‘populares’ valencianos. Y no hay que olvidarse —como pretenden algunos— de las andanzas de Eduardo Zaplana. Que el expresidente que mandó al PSPV a la oposición en aquel lejano 1995 duerma en Picassent no contribuye a mejorar la imagen de un partido que tiene en la corrupción su talón de Aquiles. Lo de la ‘renovación’ sirve para los de la casa, pero para los de fuera sigue siendo un arma arrojadiza.

Eso sí, al menos respirarán si se descarta un adelanto electoral puesto que, como advierte algún dirigente del PP, la fuerza de su formación se genera desde el municipalismo, y una votación con una sola urna autonómica no les daría el impulso necesario que dan los pueblos donde siguen siendo fuertes, muy fuertes. Además, en las grandes ciudades el PP puede recuperar el terreno perdido. Con Alicante reconquistada, un buen candidato o candidata en València (si consiguen encontrarlo, que no es fácil) y un pequeño impulso en Castellón, las expectativas mejorarían notablemente a nivel autonómico.

C’s: Cantó sí... pero ¿hay alguien más?

Puede que en Ciudadanos sueñen todavía con erigirse como el partido de derechas más votado, aunque sigan presumiendo de ser más de centro que Agustin Rodriguez Sahagún. Es cierto que si se confirma la candidatura de Toni Cantó (sus colaboradores más estrechos así nos lo confirman, otra cosa es qué dirán las bases) será difícil determinar cuál será el rumbo de los ‘naranjas’ en el parlamento valenciano, pero para eso Albert Rivera mandará órdenes para operar por el ‘Levante español’.

Puede que Cantó sea, a la vez, el gran obstáculo y la gran esperanza de la formación ‘naranja’. Obstáculo porque entre los colegas de la prensa valenciana no despierta muchas pasiones, más bien lo contrario. No es un secreto que no cae demasiado bien. Quienes le conocen de cerca aseguran que una vez traspasas su muro, y con confianza, es un buen tío —con permiso de Arcadi Espada—. Además se duda de sus conocimientos sobre la realidad valenciana, a pesar de sus esfuerzos por parecer que es de València, aun siéndolo. Sus colaboradores aseguran que ese impedimento está siendo superado en los últimos tiempos. Pero Cantó tiene algo. Sí, entre los votantes de centro, centro derecha o de donde sea, pero tiene algo. Un factor que puede ser determinante en una cita electoral: es conocido, es famoso, es popular... por lo menos, más que la actual portavoz de Ciudadanos en Les Corts, Mari Carmen Sánchez, lo que tampoco es decir mucho. De hecho, es probablemente el único al que la gente identifica. No hace falta más que dar una vuelta por la calle para comprobar que tiene tirón entre los asqueados por la corrupción y lo ocurrido en Cataluña, que también contará en las urnas. Y eso lo saben perfectamente en la formación ‘naranja’. Como que esperan haberse recuperado de la jugada de Pedro Sánchez a Rajoy que dejó noqueada y desorientada a la tropa de Rivera. Tiempo tienen.

En realidad, tiempo para prepararse tienen todos. Ocho meses pueden ser muchos o pocos, según cómo sople el viento. El panorama a nivel nacional puede cambiar de un día a otro y lo que hoy es una baza mañana es un clavo en el ataúd.  ¿Y si a Sánchez se le atragantan los presupuestos? ¿Y si Casado es condenado... o absuelto? ¿Y si lo de Cataluña va a más o a menos? Por si acaso, todos han vuelto de vacaciones en modo precampaña. Pot començar la mascletà!  

* Este artículo se publicó originalmente en el número 47 (IX/2018) de la revista Plaza

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