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el billete / OPINIÓN

El pueblo británico se ha equivocado

Contra la creencia de que "el pueblo nunca se equivoca" al votar, está la evidencia de que sí yerra, y no hace falta remontarse a Hitler para encontrar un ejemplo: tenemos el 'Brexit'

26/06/2016 - 

Me permito parafrasear en el título aquella sentencia que Alfonso Guerra soltó cuando el PSOE perdió las elecciones de 1979 frente a la UCD de Adolfo Suárez: "El pueblo español se ha equivocado". Mucho se ha escrito desde entonces contra la ocurrencia del número dos de Felipe González porque, dicen quienes confunden la democracia con el simple hecho de votar, "el pueblo nunca se equivoca". Sin embargo, es evidente que se ha equivocado tanto como ha acertado, y no hace falta remontarse a la Alemania que aupó a Hitler. El otro día, sin ir más lejos, se equivocó el pueblo británico. Para ser exactos, no todo el pueblo, sino el 51,9% de los votantes que decantaron el referéndum hacia el Brexit.

Es tan evidente que una Europa unida ofrece un futuro más prometedor para sus ciudadanos que una dividida, que sorprende que la mayoría de los británicos no haya sido capaz de verlo. Resulta revelador que quienes sí lo han visto han sido sobre todo los jóvenes, que tienen menos bagaje histórico. Quienes tenemos cierta edad y vemos con sana envidia las oportunidades que hoy tienen los jóvenes de estudiar y trabajar en otros países europeos nos echamos las manos a la cabeza al pensar en la juventud británica a la que se va a cercenar esa posibilidad. Ellos, los jóvenes, no saben bien lo que les espera; los mayores sí, y han sido éstos, egoístas por partida doble, con su Generación Z y con el resto de europeos, los que mayoritariamente han votado por el Brexit.

Miles de jóvenes europeos afectados por la crisis en sus casas tienen hoy un empleo aunque sea fuera de su país gracias a la libre circulación de personas. Asusta pensar hasta dónde llegaría el paro en España si no tuviéramos esa posibilidad. Los trabajadores de la Unión Europea seguiremos teniendo después del Brexit la oportunidad de encontrar empleo en otros 26 países, todos menos uno; a los trabajadores ingleses se les cierran 27 puertas, todas menos la suya.

Algunos análisis muestran que en las zonas donde han optado mayoritariamente por abandonar la Unión Europea hay menos personal formado, salarios más bajos y gente que últimamente ha viajado poco. Los análisis de dentro de diez años mostrarán que estas capas de población han sido las más perjudicadas porque de los males siempre se llevan la peor parte.

Es tan evidente para cualquiera que sepa un poco de historia y otro poco de economía que la apertura de los mercados nacionales y la libre circulación de personas es mejor que la autarquía, que el pan para hoy y hambre para mañana de los nacionalistas debería estar prohibido.

El mundo es mejor cuanto más grande, los pueblos se desarrollan gracias a esa mancha de aceite de la civilización que se extiende con el comercio, poco a poco, más despacio de lo que nos gustaría porque cada paso dura una generación, a un ritmo que nos impacienta porque sabemos que no veremos el final. Por eso, resultan desalentadores los pasos atrás y muy especialmente éste, el del antiguo imperio que tanto ayudó a llevar la civilización a medio mundo.

El proyecto europeo está herido a causa del miedo. En la UE se han hecho y se siguen haciendo muchas cosas mal, pero el resultado hasta el momento es tan positivo que sólo el miedo a la inmigración en un clima de tensión alimentado por la crisis y el terrorismo islamista explica el voto de los británicos. Una de las carencias de la UE es, precisamente, que muchas decisiones se toman por vías de participación tan indirectas que su calidad democrática queda cuestionada aunque el proceso avance más rápido que cuando se decide consultar al pueblo.

El derecho a decidir es el derecho a equivocarse. Los escoceses acertaron cuando votaron permanecer en el Reino Unido y han acertado en el referéndum del Brexit cuando han votado que el Reino Unido permaneciera en la Unión Europea. Ahora muchos piensan que se equivocaron en el primer referéndum, pero no, fueron los ingleses los que erraron en el segundo. Y erró también David Cameron ¿o no fue un error?, que planteó las consultas en el orden equivocado.

Contra quién votar este 26J

El autor de estas líneas acudirá hoy a su colegio electoral sin tener claro a quién votar, una vez más. Consuela saber que varios millones de personas están en la misma situación. Decidir en el último minuto es más angustioso que emocionante, no es deseable, pero es lo que hay.

Nos reprochaba Manuel Hidalgo el viernes en El Mundo una indecisión que consideraba injustificada. Nos llamaba, tras consultar el diccionario de sinónimos, inseguros, remisos, vacilantes, titubeantes, dubitativos, irresolutos y fluctuantes, y se mostraba preocupado porque este tipo de personas vayamos “a condicionar decisivamente la formación del nuevo gobierno de España”. Este argumento es una falacia de tipo electoral, porque resulta obvio que el voto de un indeciso condiciona la formación del nuevo gobierno lo mismo que el de Hidalgo, que tiene la suerte de tenerlo muy claro.

Cuando uno no tiene claro a quién votar es porque no le gusta ningún partido y lo que le nace es no apoyar a ninguno. Pero como el voto en blanco beneficia a unos más que a otros y la abstención supone dejar la decisión en manos de quienes lo tienen todo claro, uno acaba votando en contra, haciendo cábalas para sentir que el voto ha servido. En el Senado es más fácil gracias a las X en el casillero. Una pena que no dejen tachar.

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