pedralba celebra sus fiestas este fin de semana

Esta falla arde hoy y no hay ningún error

24/03/2019 - 

VALÈNCIA. Es un monumento modesto, pero la falla de la comisión de La Replaceta de Pedralba, con sus 7.000 euros de presupuesto, es especial; en cierto modo, se podría decir que es de una Sección Especial en la que no se entra con dinero. Este domingo arderá, cinco días después de que hayan acabado las fiestas en València. Y no, no es un error. Desde hace nueve años esta población del interior de la provincia tiene a gala ser una de las que celebra oficialmente sus fiestas después que el resto, junto a localidades como Turís, Montserrat y Montroi, la alicantina Elda (en septiembre) o la argentina Mar del Plata (donde la cremà se celebra el 30 de marzo). Son las Fallas después de las Fallas.

¿Por qué se celebran ahora? La clave está en las bandas de música. Lo explica el concejal de Cultura de Festiva del Ayuntamiento de València, Pere Fuset, presidente de la Junta Central Fallera. “La música juega un papel fundamental en la fiesta de las fallas y forma parte del expediente que las convirtió en Patrimonio Inmaterial de la Humanidad”, recuerda. “La tradicional participación de las bandas de música de algunas de estas localidades como las de Montserrat, Turís o Pedralba, en las fallas de València ha llevado históricamente a celebrar sus fallas después de Sant Josep para poder contar con sus agrupaciones”. 

En Pedralba sólo existe la comisión de La Replaceta, presidida por Andoni León, un joven de 28 años amante de las fiestas que es el responsable de que desde hace 19 años el pueblo tenga sus propias fallas. Su Fallera Mayor es Elia Caballer Cervera. Juntos inspeccionan el monumento de Paco Real que tiene por lema ‘Una de piratas’. Real también ha sido el autor del monumento infantil, que este año está dedicado a Egipto. La planta se realizó el miércoles 20. Estamos a jueves. Como mandan los cánones, ni León ni Caballer han podido apenas dormir; y eso que su plantà empezó pronto. Un miembro de la Policía Local se aproxima al presidente de la Falla. “¿Cómo va todo?”, le pregunta a León. Cuando está más cerca le comenta que ya están todos los permisos, también el de Bomberos, pero “hay un pequeño problema”. Se van a un aparte, siempre queda un fleco pendiente, y hablan un rato. Tras ello, León vuelve con Caballer, que se encuentra con un grupo de falleras de la comisión.

Todo comenzó hace 20 años. León y su amigo Miguel Riaza consiguieron convencer a unos amigos del pueblo para celebrar sus propias fallas. Eran poco más que unas cajas de cartón que colocaban en un espacio que popularmente se conoce como la replaceta, un recodo al final de la calle de la Rocha de Almerich. La replaceta se puede ver desde la Plaza de la Constitución, donde se instala ahora el monumento. Lo que al principio fue una pulsión infantil, se fue manteniendo en el tiempo y consolidando. León, inasequible al desaliento, mantuvo la falla en pie con la complicidad de sus amigos y vecinos y, al cumplirse el 10 aniversario, propuso que se organizaran legalmente e inscribirse en la Junta Central Fallera. Todos le secundaron. Y fue así como esta localidad de poco más de 3.000 habitantes, bañada por el Turia y destino de excursionistas, entró de lleno en el mundo fallero.

Las peculiares fechas quedaron fijadas desde el principio. Como explicaba Fuset, les sucede como a otras localidades que celebran sus fallas más tarde: les venía mejor. Los músicos de las dos bandas del pueblo, la Democrática y la Popular, son requeridos por fallas de València; los de la Democràtica, por ejemplo, han ido a la ofrenda durante muchos años con Na Jordana. Pero no es sólo por la música. Asimismo, muchos vecinos se desplazan a València esos días para ver las Fallas. “El pueblo se queda vacío”, asegura Caballer. Así que, haciendo de la necesidad virtud, cuando se inscribieron pidieron desde el principio celebrar su cremà más tarde. Lo ven como un acierto. “Los artistas falleros me dicen que nuestro monumento es un caramelo”, explica León. Como quiera que arde casi en solitario, es de los más vistos por los profesionales y presidentes de Fallas, ya que no se pierde en el marasmo general.

La comisión no llega al centenar de componentes. Mayoritariamente son niños, pero, paradójicamente, este es otro año sin Fallera Mayor Infantil. Muchos vecinos que no son falleros conocen la Falla y participan de sus actividades. En la mañana del jueves se puede a ver a algunos que, tras terminar en sus trabajos, se acercan a la plaza para concluir la plantà del monumento. Césped, agua, gravilla... “El monumento arde aquí muy bien”, comentan. Mientras, en el casal, Emilio Sánchez cocina un gazpacho manchego para un grupo de falleros. Bailes regionales, actividades infantiles, una ofrenda, una misa a San José, ventas de buñuelos en la calle, globotás, una mascletá y una verbena, que este año estuvo amenizada por la Orquesta Módena, han sido algunas de las actividades programadas de una falla que rezuma el espíritu original de la fiesta.

Esa esencia, “popular y vecinal”, fue descrita hace 20 años por el vicerrector de Cultura de la Universitat de València, Antonio Ariño, el director del Museu Faller, Gil-Manuel Hernández, y el especialista Antonio Herrero, en el artículo dedicado a las Fallas de la enciclopedia de fiestas populares valencianas publicada por el desaparecido Banco de Valencia. “Las fallas aparecen, desde el primer momento, como un festejo organizado y celebrado por las clases populares en sus barrios, con algazara y bullicio, siguiendo las pautas de las tradicionales fiestas de calle”, escribían. “Organizado y celebrado por las clases populares”. Ni Ayuntamientos, ni Diputaciones, ni nada… La gente. Sólo la gente. Así era al principio, en el siglo XVIII. Así fue durante mucho tiempo.

Ahora hay quien lo intenta, pero esa dimensión popular de las fallas a veces es contemplada como un mito extraño, ya que el carácter íntimo, de barrio, se pierde en el exceso de la gran urbe. Sólo en València se concentran 770 monumentos. Sólo en la ofrenda participaron 108.983 falleros, entre ellos, por cierto, los de Pedralba, que desfilaron con la falla Vivons-Romeu de Corbera como comisión invitada. Durante la semana de Fallas, y a falta de datos oficiales, por el cap i casal han pasado 430.000 turistas, según el Ayuntamiento; equivale a más de la mitad de la población de la ciudad. Los conflictos por el ruido, la basura, todos los problemas que han marcado las Fallas de 2019 y han hecho que se plantee hasta poner una tasa turística sólo durante las fiestas, son debates que no tienen sentido en Pedralba. Allí las Fallas aún tienen ese carácter puro, de fiesta del pueblo. 

Así lo cree por ejemplo Fuset. “En estas localidades se conserva toda la esencia mas original de una fiesta no masificada y de barrio que seduce también a muchos falleros y falleras de València  pocos días después de quemar nuestras fallas”, asegura el presidente de la Junta Central Fallera. Pero, a su manera, también tienen agobios y multitudes, advierte León. El Presi, como él mismo se describe irónico en el llibret, explica que los sábados el pueblo se llena con los vecinos de los alrededores y también de València. Y el domingo, que se celebran los bailes populares por la tarde, la plaza siempre se llena, recalca Caballer. 

Este año, además, tienen invitados especiales, apunta la Fallera Mayor; por primera vez les visitará una comitiva del pueblo francés de Bosmie L'Aiguille, con el que está hermanado Pedralba. Normalmente suelen visitar el pueblo con motivo de las fiestas de verano. Aunque León en lo que está pensando es en el año que viene, cuando cumplan su décimo aniversario. Ahí es cuando quiere dar un golpe de efecto. Pero antes deberán quemar su monumento de este año, que arderá este domingo, a partir de las 21.30 horas. Las Fallas de 2019 aún no han terminado para ellos. 2020 puede esperar.

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