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de cómo han cambiado los trabajos en paterna por la pandemia

Exhumaciones vía Youtube

7/06/2020 - 

VALÈNCIA. "Como la retransmisión en directo del otro día tuvo tanto éxito y debido a la situación que tenemos, tan particular debido al covid-19...". Al habla, Álex Calpe, en el segundo de los vídeos subidos a Youtube por parte del equipo de ArqueoAntro para explicar el desarrollo de los trabajos de exhumación en la fosa 111 de Paterna. Podría decirse que, a diferencia de las otras, esta es una fosa nativa digital: desde el primer día, las labores en ella se pueden seguir por internet.

Tanto es así que el mismísimo acto de apertura se anunció por redes sociales como Instagram y se convocó para una retransmisión el 13 de mayo a través de Youtube. El acontecimiento, que acostumbra a ser multitudinario, no es un acto de celebración, pero sí un momento simbólico y emotivo de acompañamiento a los familiares de represaliados por el franquismo. La compañía, en este caso, sólo se pudo vivir por la red.

Desde entonces, cada semana el equipo de trabajo publica un vídeo semanal para dar a conocer sus avances. Esta es una de las fosas más grandes del cementerio de Paterna y guarda lo irreductible de 150 personas fusiladas entre marzo y mayo de 1940. Calpe y el resto del equipo de trabajo reciben a Valencia Plaza una mañana de desescalada, en plenas labores de exhumación.

"Las familias vienen siempre, a cualquiera que venga les explicamos lo que hacemos sin problema", explica Calpe, pero ahora todo es diferente: las visitas son muy espaciadas. "Las familias estaban acostumbradas a venir siempre, pero ahora la gente se retiene en casa y viene muy poco". De ahí que, ante la dificultad para poder acudir al cementerio, el equipo se preguntó: "¿Cómo nos acercamos y lo explicamos para que puedan verlo los familiares?". El resto es ya hemeroteca audiovisual.

Desde 2017, ArqueoAntro ha exhumado hasta una docena de fosas comunes en el cementerio de Paterna, gracias a las subvenciones convocadas por la Delegación de Memoria Histórica de la Diputación de València. Pero "nunca deja de impactar, si somos justos a la realidad", admite el también codirector del equipo.

Cuando los familiares de los enterrados en una fosa constituyen una asociación, pueden acceder a la subvención. Más tarde, el protocolo dicta que el equipo ha de denunciar el hallazgo de cuerpos con signos de violencia. En este caso, en el de la fosa 111, los trámites fueron más farragosos, por la excepcional situación de pandemia, la descoordinación de los juzgados y la imposibilidad de hacerlo presencialmente. "Casi nos echaron a patadas", recuerda. Finalmente, consiguieron dar el primer paso con ayuda de una abogada.

En el cementerio, la crisis del coronavirus ha obligado a mantener la distancia social. Por ello, han tenido que restringir el número de empleados que entran en la fosa. En ocasiones, entraban hasta tres o cuatro personas, "pero ahora como mucho entran dos". Esto puede retrasar los trabajos. "Es complicado de baremar, peo diría que vamos a ir más lentos". Máxime ahora que tienen menos manos: "No tenemos la misma gente, antes teníamos más voluntarios".

Se antojan cuatro meses de trabajo duro sin descanso veraniego. Y es que no sólo se trata de sacar los huesos, sino también de catalogarlos y limpiarlos en un laboratorio, lugar, este último, donde más restricciones de aforo hay al tratarse de un espacio cerrado. A estas alturas de la película, tras un mes de trabajos, hay ya nueve cuerpos exhumados, y dos más esperan su momento para salir a la luz.

"Están saliendo muy profundos", dice el codirector, quien explica que, a juzgar por las fosas anteriores, el agujero "ha de ser profundo", unos cinco metros más o menos. Capas y capas de esqueletos aguardan bajo la primera sección de cal, que los enterradores vertían líquida para acelerar la descomposición y sellar también las fosas.

Capa a capa, avanzan con minucia y precisión los expertos. "Hacemos un croquis general por capas". Sobre el papel se dibujan todos los cuerpos de cada capa y cómo están situados. "Luego hacemos una ficha individual, donde se explica la posición de cada cuerpo, si tiene signos de violencia, los materiales encontrado...", relata.

"El ojo se acostumbra", asegura una de las expertas. Agrupar todos los huesos de un mismo cuerpo no es excesivamente difícil, ya que están en conexión anatómica. Es decir, que mantienen la posición general a grandes rasgos. Eso sí,  "a veces es complicado por la superposición de los cuerpos", y ahí entra la antroplogía. Los huesos de los pies y de las manos es lo primero que se descompone, pero gran parte del cuerpo se recupera, más del 90%, dicen en el equipo. 

Una compañera de Calpe se acerca enguantada, portando en la palma de su mano restos diminutos, porciones de algo inescrutable a ojos de cualquiera. No para él, que en apenas pocos segundos sentencia: "Son esquirlas, hay algo de costilla".

Foto: EVA MÁÑEZ

- Mira Eloy, justo a tiempo, vamos a documentar dos en unos minutos - exclama una empleada. Asombra la normalidad con la que se tratan aquí los huesos, sin perder de vista lo trascendente de la actuación. 

Eloy se ocupa, entre otras cosas, de registrar los restos con su cámara. También graba en ocasiones. En la fosa parecen levitar dos tablones de madera, descansando en un par de tubos metálicos clavados en las paredes. Hasta allí desciende para numerar los huesos con carteles y hacer la fotografía correspondiente.

La lista de los allí enterrados existe. Pero la identificación de los cuerpos, en la mayoría de los casos, es irresoluble. "Es complicado", dice Calpe, quien recuerda que, en la fosa 128, únicamente se consiguió saber la identidad de 16 cuerpos, cuando había más de un centenar de esqueletos. Entre ellos, se encontraba el abuelo de la esposa de Paco, uno de los familiares que se acerca al camposanto de Paterna para preguntar por algunos trámites.

En aquella fosa, al fondo, cuando los exhumadores pensaban que habían terminado, dieron con otra capa de nueve cuerpos más, entre los que estaba el pariente de Paco, para su sorpresa. Y es que, a priori, debería haberse hallado en la zanja de al lado, en la 126, donde estaba registrado su nombre entre las decenas de azulejos extendidos sobre el hoyo. "Se ve que en la última saca de la 126, no cabían, y los tiraron en la 128. Por eso se encontraron al fondo de esa fosa", explica.

Da la casualidad que, además, en la fosa 111 yace otro de sus familiares, un tío, hermano de su padre. "En este caso, no hay nadie vivo que lo haya podido conocer", asegura, "lo mataron a los 26 años". De sus hermanos, no queda nadie y Paco pudo saber que se encontraba aquí indagando en documentos de los archivos y con la ayuda de las instituciones. "Según los documentos, lo cogieron por tener relación con otro hombre represaliado", relata.

Cuando finalicen los trabajos en la 111, Paco podrá recuperar los huesos de su pariente. Existe la opción de quedárselos para darles otro final, pero también se puede optar por inhumarlos de nuevo. Eso será al final. Hasta entonces, los trabajos continúan más lentos de lo normal y explicados a través de fragmentos semanales en las redes sociales.

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