VALÈNCIA. Europa ha decidido ampliar los plazos para la aplicación de las obligaciones vinculadas a los sistemas de inteligencia artificial de alto riesgo. El reciente Digital Omnibus sobre IA pospone estas exigencias hasta el 2 de diciembre de 2027 y, en el caso de los sistemas integrados en productos regulados, hasta el 2 de agosto de 2028. Un aplazamiento que concede más margen a las empresas para adaptarse al Reglamento de IA, pero que no supone una paralización general del marco normativo europeo.
La ampliación de los plazos responde, principalmente, a las dificultades detectadas en el desarrollo de estándares técnicos armonizados, los mecanismos de evaluación de conformidad y la designación de las autoridades competentes. Para las compañías, la decisión implica un alivio temporal en términos de carga regulatoria y costes de adaptación, aunque el tiempo adicional deberá utilizarse para avanzar en la implantación de sus sistemas de control.
"El aplazamiento de las obligaciones aplicables a los sistemas de IA de alto riesgo no supone una pausa regulatoria, sino una oportunidad para que las compañías construyan modelos de gobernanza sólidos y sostenibles. Las organizaciones que aprovechen este tiempo para mapear sus sistemas de IA, evaluar riesgos e integrar mecanismos de cumplimiento estarán mejor preparadas para competir en un entorno cada vez más regulado", señala María de las Casas, senior manager de Deloitte Legal en la Comunitat Valenciana y Región de Murcia.
Más tiempo, pero no una moratoria
El retraso permite a las empresas abordar la adaptación al Reglamento de IA de una forma más gradual y estratégica. No obstante, desde una perspectiva de gestión de riesgos, no debería interpretarse como una suspensión de los planes de cumplimiento, sino como un periodo adicional para implantar las obligaciones con mayor cautela y dedicación.
Las organizaciones deberán aprovechar este margen para elaborar inventarios de los sistemas de inteligencia artificial que utilizan, evaluar sus riesgos y establecer procedimientos internos de validación y supervisión. También tendrán que consolidar mecanismos de cumplimiento alineados con el Reglamento General de Protección de Datos, las normas sectoriales y el futuro marco regulatorio europeo sobre inteligencia artificial.
El Digital Omnibus introduce, además, otras modificaciones dirigidas a simplificar determinados requisitos documentales y extender algunas medidas de proporcionalidad a las empresas de menor tamaño. El objetivo es reducir las cargas administrativas y favorecer la innovación, al tiempo que se refuerzan algunas competencias de la Oficina Europea de IA y se realizan ajustes en materia de registro, supervisión y utilización de datos para detectar y corregir sesgos.
"La principal novedad del Digital Omnibus refleja un cambio de enfoque por parte de Europa: mantener la protección de derechos y la seguridad jurídica sin frenar la innovación. El desafío para las empresas ya no es únicamente cumplir una norma futura, sino demostrar desde hoy que utilizan la inteligencia artificial de forma transparente, responsable y alineada con las expectativas de clientes, inversores y reguladores", apunta De las Casas.
Las obligaciones de transparencia se mantienen
Pese al aplazamiento de las exigencias para los sistemas de alto riesgo, las empresas no deben interpretar la medida como una moratoria general del Reglamento de IA. Las obligaciones de transparencia mantienen una relevancia prioritaria y requieren una actuación inmediata, especialmente por parte de las organizaciones que utilizan herramientas de inteligencia artificial generativa en sus procesos de negocio.
Las compañías deberán garantizar que usuarios y consumidores puedan identificar con claridad cuándo un contenido ha sido generado o modificado mediante inteligencia artificial. Esta exigencia tendrá especial incidencia en actividades como el marketing, la comunicación corporativa, la publicidad digital, la atención al cliente o la creación automatizada de contenidos, ámbitos en los que la implantación de estas soluciones continúa acelerándose.
El reto no será únicamente tecnológico, sino también organizativo. Las empresas tendrán que revisar sus políticas internas, establecer procedimientos de validación y desarrollar mecanismos de información que permitan asegurar que el uso de la inteligencia artificial sea transparente, trazable y coherente con las expectativas regulatorias y del mercado.
De esta forma, el periodo adicional deberá servir para fortalecer los modelos de gobernanza de la IA y evitar que la adaptación se concentre en los meses previos a la entrada definitiva de las nuevas obligaciones. Las compañías que anticipen este trabajo llegarán a 2027 en una posición más sólida para cumplir con el nuevo marco.

