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ENTREVISTA A LA CONCEJALa DE CULTURA

Gloria Tello: "Cultura ha sido el nido de enchufismo para el PP en el Ayuntamiento"

La coordinadora de las tres concejalías de Cultura de Valencia ha consumido sus primeros seis meses en el cargo con un perfil público bajo, ejerciendo de técnico, pese a su pasado político. Las razones: el caos que describre en el área provocado por el enchufismo del anterior gobierno y la elevada pérdida de presupuesto 

25/01/2016 - 

VALENCIA. Existe un claro choque de realidad entre los datos que maneja el Ayuntamiento de Valencia como oficiales, los que se elaboran a partir de estudios puntuales y sobre todo en la Oficina de Estadística del Consistorio, y las 'industrias' culturales y creativas de la ciudad. Desde la citada Oficina, con sus rutinarios informes anuales, que indican que la actividad artística supuso el 0,5% de la actividad económica en 2015, es imposible detectar una masa creadora y creativa que a partir de la entrevista con la coordinadora general de Cultura de Valencia es más sencillo aproximarse.

El rasgo concluyente es una variable que se maneja con carácter interno, difícil de concretar en cifras, pero que habla por sí sola: ningún otro concejal, ni el alcalde de la ciudad, tiene tanto volumen de entrada de citas y despachos pendientes como Cultura. No es sólo una cuestión de recursos humanos -que también-, sino "entre 100 y 200 correos electrónicos diarios pidiendo una reunión o una cita". Así lo asegura la coordinadora general del Área Cultura, Gloria Tello, además de concejala de Patrimonio y Recursos Culturales. 

Siete meses. Esa es la cifra de espera que se deriva de un área que ha consumido los récords propios de pérdida de presupuesto (el 86% menos que hace 10 años) y de personal (el 26% menos que en la misma horquilla comparativa). Con estos datos, los que atañen a su gestión, se enfrenta a un área tripartita, una división que en un primer momento se le antojó como "sin sentido". María Oliver, Pere Fuset y ella misma forman la extraña familia, diferentes cajones que suman un proyecto cultural todavía por definir.

La necesidad de un relato, de una marca propia, son algunos de las propósitos de la concejala para 2016, el primer ejercicio en el que la gestión de proyectos y presupuesto dependerá de ella. Ideas nuevas, como la de fusionar el museo de Historia y el histórico, y problemas viejos, como el baile en un Palau de la Música pendiente de reestructurar plantilla. Gloria Tello. Año cero.

-Si se le compara con otros concejales del área de Cultura y de otras áreas, se puede decir que ha tenido un perfil público bajo durante estos primeros seis meses. ¿Qué ha estado haciendo?
-En estos seis meses he ejercido más de técnico que de política. La situación era para arremangarse, para estar aquí [hace alusión al despacho donde concede la entrevista] 14 horas al día. En los últimos 10 años la concejalía ha perdido el 86% de su presupuesto y al 26% del personal. Ese es el escenario que me encontré. A veces pienso que si hubiera vuelto a ganar el Partido Popular el área de Cultura hubiera desaparecido definitivamente y se hubiera externalizado cuando hubiera hecho falta algo puntual.

-Para que el ciudadano lo entienda, ¿qué es hacer de técnico y en qué ha consistido esa labor hasta ahora?
-Veo este barco como un carguero de contenedores muy pesado que se dirige hacia el Oeste y trabajamos para que de un giro de 180 grados y vayamos hacia el Este. Lo digo porque no es sólo esa situación económica descrita, es que hay un montón de hábitos adquiridos dentro y de personal desmotivado; eso sí, en gran medida porque la concejalía se ha desdibujado. Hacer de técnico es ponerse a revisar la documentación porque está obsoleta. Es revisar, por ejemplo, el pliego de condiciones de las empresas de seguridad de nuestros museos para que no sean los funcionarios los que tengan el quebranto de llevar el dinero al banco, cuando es algo tan sencillo como incluirlo en el pliego de seguridad porque estas empresas acostumbran a hacer esto y que hagan esa recogida cada cierto tiempo es cuestión de proponerlo.

En los últimos 10 años la concejalía ha perdido el 86% de su presupuesto y al 26% del personal

-¿En qué se concreta esa ida de una plantilla desmotivada?
-La plantilla de Cultura se sentía lo último del Ayuntamiento. Y basta ver la evolución del presupuesto. Por ejemplo, hay una comisión de Patrimonio y no hay ni un sólo técnico de Patrimonio. Los responsables actuales de Patrimonio forman parte de servicios centrales técnicos. Es decir, que se encargan de las alquerías de la misma forma que si aquí se rompiera un baño o un azulejo. Es una situación un poco dramática y más grave que la caída del presupuesto y del personal me parece la falta de peso de la concejalía en el Ayuntamiento, en lo que eso ha generado a largo plazo.

-¿A qué se debió esa caída del presupuesto y del personal?
-No interesaba. A veces me atrevo a pensar que se le veía como el enemigo, pero a los artistas. Cultura ha sido el nido de enchufismos del Ayuntamiento. Y la razón es que parece que si a uno le 'enchufan' en Hacienda ha de saber sumar y restar, pero en Cultura... parece que todo el mundo puede saber algo. Es algo que me indigna.

-¿Ante este escenario, cuál es su política?
-Hace poco le oí una frase al dramaturgo Manuel Molins que me gustó mucho. Decía que hay que pasar de la cultura del autoodio a la cultura de la autoestima. Creo que refleja la realidad que me he encontrado aquí. Aquí se hacía una cultura de grandes contenedores y pocos contenidos, en los que además se valoraba más lo de fuera que lo de dentro, como si lo que se hacía en Valencia fuera peor. Era mejor traer a alguien extanjero. Aquí hay un potencial tremendo, la sociedad bulle cultura y tenemos unos recursos brutales. No por las instalaciones, que hay menos de lo que parece, sino por la sociedad que además está en marcha. No os imagináis lo que hay en nuestro correo electrónico [hace alusión a las peticiones de despacho y cita. En este momento, hay siete meses de espera].

No había ninguna partida para ayudar a artistas de la ciudad

-¿Prepara alguna fórmula para evitar ese colapso en las citas?
-La gente quiere reunirse conmigo, porque la sensación supongo que es distinta a reunirse con un técnico. Pero estamos preguntando exactamente por cada tema. Por ejemplo, si gira en torno a una publicación, yo ya intento derivarlo a la Jefa de Servicio de Publicaciones, pero la gente siempre quiere hablar con el concejal... Y luego están las peticiones que son para otras concejalías, para Acció Cultural (María Oliver) o Cultura Festiva (Pere Fuset)

-¿No le parece que para esos agentes culturales que se quieren reunir con usted ya es un lío tener que entender a cuál de las tres concejalías de cultura dirigirse?
-Bueno, yo soy realmente la delegada del área. Nosotros estamos en contacto permanente con reuniones semanales, así que si alguien me pregunta por algo, suelo saber lo que está sucediendo en ese área.

-Detrás de esas reuniones, se percibe una evidente tensión por la implicación de la Concejalía en la financiación y el patrocinio de cultura. ¿Qué opina de ello?
-No quiero que los agentes de la cultura dependan de las administraciones públicas. Entre otras cosas, porque si su vida profesional depende de eso, cambiará la política o la administración y, ¿qué sucederá? Además, siempre es un campo de crecimiento limitado. Lo que podemos hacer desde ya es quitar esos 240.000 euros del Palau de Les Arts que servían para que los concejales del anterior gobierno fueran a la ópera y destinarlos directamente a artistas y proyectos de la ciudad. No había ninguna partida para ayudar a artistas de la ciudad. 

-¿Cuál será ahora su relación con el Palau de Les Arts?
-A Les Arts le compraremos actividades que nos interesen para la ciudad. Ya estamos trabajando en la primera, pero todo gira en torno a que llegue la cultura a los barrios. Eso con ellos, pero yo quiero que la cultura se viva y llegue también a Nazaret, a Patraix, a Orriols...

-Volviendo a la citada lista de espera, a las inquietudes por parte de los sectores culturales. ¿Percibe las críticas ante una sensación de inacción?
-Sí. Es como si lleváramos seis meses y 'no vemos lo que esperamos'. Bueno, la concejala ha tenido que arremangarse para hacer mucha labor técnica, para salvar auténticos problemas presupuestarios que había, inmediatos. Me he encontrado los cajones vacíos y, bueno, llenos también de presupuestos sin dinero o impagos.

"Me he encontrado con la papeleta de tener que firmar lo que mi antecesora ha decidido no firmar"

-Hace meses hizo referencia a los 'caramelitos' que precisamente se había encontrado en los cajones. ¿Puede ponernos ejemplos? 
-Pues, por ejemplo, 2.000 lápices de la exposición 'Camins del Grial' [sostiene uno durante toda la conversación y lo señala], además de buena parte de los libros que se hicieron para la exposición y que se regalaban como obsequio institucional. 

-¿Qué sucedió con esa exposición?
-Bueno, pues por lo que hemos podido entender fue un encargo que recibió Alfonso Grau y que la titular de Cultura, supongo [Mayrén Beneyto] no le gustó que se hiciera algo de su ámbito sin contar con ella. Así que se fue sin firmar ciertas cosas, facturas pendientes. El libro, por ejemplo, se regalaba y no estaba pagado. Así que me encuentro con la papeleta de tener que firmar lo que mi antecesora ha decidido no firmar, con las dudas de inicio de si todo lo que ha sucedido en torno a esa acción 'está bien'. Pero ha habido más 'caramelitos', como entrar en el Palau de la Música y que hubiera una programación para la que hacía falta 450.000 euros pero sólo tuviéramos 40.000. Insisto en que ha habido que salvar de urgencia una serie de situaciones, como esta.

-El Palau es precisamente el contenedor que mayor número de recursos consume de Cultura del Ayuntamiento, pero hay muchos más. ¿Qué otros espacios quiere poner en valor?
-Con respecto a los museos de la ciudad, es importante que cada sala expositiva tenga su identidad. Que las exposiciones desprendan el carácter de esa sala, porque si no no tiene sentido, no es efectivo. Hay que ayudar a afianzar cada una de esas salas. Pero, efectivamente, hay más recursos que los conocidos. Por ejemplo, la Galería del Tosal, que será ofrecida a la ciudadanía. No había un calendario de exposiciones y quiero que tenga actividad, no cualquiera, pero si que de cabida a la actividad expositiva local. Por ejemplo, con los trabajos de final de Grado y de Master de Bellas Artes o con una exposición del Club de Fotógrafos de Valencia en torno a la historia de la ciudad. Está aterrizándose todo ello, pero quiero que sea para la gente de la ciudad.

-Es uno de muchos espacios. ¿Se han planteado hacer un mapa?
-Sí. Aunque hemos perdido mucho personal una coordiandora técnica va a dirigir a un grupo de estudiantes de la Facultat de Sociologia de la Universitat de València para hacer ese mapeo. De hecho, junto al plan de comunicación, creo que será algo prioritario en la legislatura y este año. 

-Ha apuntado una galería expositiva y a los museos de la ciudad. ¿Quién va a elegir las actividades?
-Desde luego yo no. Los elegirá en cada caso una comisión. Por ejemplo, tengo la idea de, en la línea de investigación, publicar tesis culturales que sean interesantes para la cultura y el patrimonio de la ciudad. Para ello se conformará una comisión de expertos y lo decidirá. 

-¿Además de la Galería del Tossal, qué otros planes tiene para los museos de la ciudad?
-Este año, sobre todo porque ha entrado en los presupuestos, la fusión del Museo de Historia y el Municipal. Pero también tengo en mente para la legislatura la creación de un Museo Marítimo. El lugar ideal serían las Atarazanas, pero el sistema de climatización sería seguramente demasiado costoso. En cualquier caso, mi intención es la de crear un museo actual que no sean cuatro maromas y un barco, sino una experiencia que, como no puede ser de otra forma, ponga en valor el vínculo de la ciudad con el mar. Y que tenga actividad, para evitar ese sentido estático de los museos que parecen creados para visitarse una vez en la vida. 

-¿Y qué sucederá con la Roqueta?
-Las obras que se han iniciado recientemente son obras de urgencia para que el edificio no se tambalee. Ese era el sorprendente y lamentable estado. No va a ser sólo una rehabilitación, sino una medida de urgencia. Luego, le buscaremos un uso, pero no puedo ir mucho más allá del plan que en este momento está en marcha hasta que no haya una inversión para ello.

-¿Y con las Naves de Ribes?
-En este caso los vecinos pedían un espacio de uso no definido, para ellos. El único problema es que por los últimos informes que hemos recibido habrá que hacer lo mismo que se hizo con las naves de Cross: descontaminar el subsuelo. Por otro lado, la nave dedicada a espacio cultural como ya se sabe está lista, pero ahora estamos resolviendo este tema del suelo.

-El Palau de la Música es su gran barco y caballo de batalla desde su llegada al Ayuntamiento. ¿Qué sucede? ¿Cuáles son los planes?
-El Palau de la Música se ideó en 1987 y, aunque parezca un momento del pasado, había bastantes más recursos económicos que ahora. La idea del PSOE era la de crear un lugar para la Orquesta de Valencia, que iba dando tumbos, y plantear una idea elitista de la música. Luego llegó el PP que lo que hizo fue meter a los suyos para que controlaran aquello. Y ahora, además de la crisis económica general, se suma una crisis en la música clásica y para las orquestas a escala internacional. A eso, a esas crisis, se le suma la caída de los patrocinios y así como antes Bancaja [hace alusión a su Fundación] invertía un millón de euros en conciertos, fue bajando hasta desaparecer. Es un ejemplo de patrocinio. Cuando llegué a la concejalía me encontré la situación que ya he descrito: un programa que costaba 450.000 euros y 40.000 euros para afrontarlo. El Palau de la Música se había acostumbrado a tener un presupuesto (en costes generales, en torno a los 13 millones de euros) y, a partir de ahí, ir pidiendo extras al Ayuntamiento. Eso no es forma de proceder y es lo primero que hay que cambiar. Y aunque no me gustaría basar mi actividad en patrocinios privados, en este momento no se puede vivir sin ellos. Reconozco que en ese sentido he tenido que cambiar de parecer tras llegar a la concejalía. 

Además, junto con la auditoría, no es el único sujeto a resolver. Por ejemplo, el tema de los abonos. Son increíbles. Nadie en el mundo puede comprarse un abono para todos los viernes de la temporada y pagarlo en septiembre. ¿Quién puede ir todos los viernes al Palau? ¿Qué sentido tiene eso? Ni un marqués jubilado lo haría porque la gente tiene vida y tiene familia. La idea es encontrar tipos de abono diferentes, flexiblizarlos y, a través de ellos, ir también acercando a nuevos públicos y jóvenes al Palau. También se hace con la programación (acaba de salir el concurso público para encontrar nuevo director), pero hay que encontrar nuevas fórmulas. Y en la búsqueda de nuevos públicos, llegó la incursión de los Premis Ovidi Montllor. Era una forma también de demostrar desde ya que el Palau está abierto a que sucedan más cosas.

-Está claro lo que significaba la celebración Premis Ovidi, ¿cuáles son las soluciones intermedias desde el punto de vista de la programación del Palau de la Música?
-Hacer los conciertos solidarios o ir a la cárcel es algo bonito porque acercas la música a gente que no tiene acceso pero, no nos engañemos, el objetivo es que se dé cuenta de que tenemos una orquesta aquí. Hay mucha gente que no es consciente de que hay una orquesta municipal, que la pagamos todos y a precios económicos. Este tipo de actividades van en la línea de cambiar el rumbo del barco. Cierto es que en el Palau, cunado yo llegué, el marido de Mayrén Beneyto era el programador artístico. Él se jubilaba en unas semanas y necesitábamos a alguien, entonces vino una persona con experiencia para programar, pero hasta que no salga el concurso de director estamos en ese impasse. Yo me invento cosas que puedan atraer a sectores diferentes de la población. Antes era todo Disney, producto caro y enlatado, pero yo quería darle un toque más fresco. Un ejemplo es Ara Malikian, que llenó cuatro sesiones, algo que nadie había visto en el Palau. Ara es calidad excelente y algo distinto, esa es la línea en la que vamos.

-Girar un barco con una rutinas peculiares…
-Hay muchas cosas que hacer. Es un espacio donde hay primos, sobrinos, amigos y vecinos. No míos. Es complicado. ¿Qué voy a hacer en los próximos meses? Lo primero, una auditoría de personal, de hecho ya hemos seleccionado a la empresa que lo hace y es cuestión de días o semanas. En el Palau hay una plantilla de músicos y una plantilla administrativa, que es donde vamos a hacer la auditoría. [En la parte administrativa] Tenemos sobrepoblación, el personal está sobrerrepresentado, pero se tiene que externalizar todo porque no se puede sacar jugo. Mi intención no es despedir a nadie, sino sacar más jugo de la plantilla y redistribuir, aunque se verá si en algún caso no se puede cumplir. Es por el bien de ellos porque si no llegará un momento en el que no será sostenible y será muerte del Palau. Me ha pasado una cosa parecida con los contratos menores, no estás obligado a sacarlos a la luz, pero yo he querido hacerlo. He tenido que hacer ver a la gente que ha trabajado allí durante muchos años que estamos gestionando dinero público, era un ejercicio de higiene democrática. Al final nos hemos ahorrado una pasta.

-Tras años de bonanza, es difícil reconducir algunos departamentos, rutinas que desde la empresa privada es fácil solucionar desde la vía más agresiva, ¿tiene esa percepción?
-Sí. Hay que motivar a la plantilla. Se han generado malos hábitos, no sólo ente la gente que está por ser quien es. Los hay muy preparados, pero la dinámica de los últimos años ha llevado a un mal clima. Hay que ilusionar. Una cosa muy importante para mí es que el Palau empiece a tener producción propia, como el Auditori de Barcelona. Para conciertos infantiles hemos tenido que contratar cuando el Palau tiene recursos económicos y personales para producir, pero no había inquietud. Tenemos 13 millones de euros de presupuesto, aunque esto sea tirarme piedras sobre mi tejado, está bien dotado económicamente. Es cierto que la mayor parte se va en salarios, pero con el dinero que tiene se pueden hacer muchas cosas.

-Se espera concurso en primavera de 2016, ¿preparados para desprenderse del Teatre el Musical?
-No ha cambiado el plan inicial, aún así, yo me he planteado esta cuestión con respecto al Palau de la Música, que depende directamente de mí. A nosotros nos han votado para que llevemos a cabo unas políticas, hay que hacer un trabajo en grupo. El director tiene que tener libertad, pero sería un error desprenderme de todo aquello. En estos seis meses he visto lo fácil que es que se te desmorone el proyecto en un momento. Puede llegar alguien buenísimo, pero no sería inteligente que yo me lavara las manos.

-El director del Consorcio de Museos, Felipe Garín, hablaba de la “incomprensión” del anterior equipo de gobierno municipal, ¿cuál es su relación?
-Cuando me convocaron por primera vez a una reunión del Consorcio de Museos me encontré con que Mayrén Beneyto pasaba y había dejado de ir. El convenio que había estipulaba que el Ayuntamiento ayudaba al Consorcio con 150.000 euros a cambio de algunas exposiciones. En los últimos años no se daba y, aunque no seré yo quien la defienda, esa cantidad no compensa por dos exposiciones. Me parece interesante formar parte del proyecto, pero solicito un cambio. El Consorcio da respuesta a muchos ayuntamientos y lo que yo necesito no es lo mismo que el de Alicante o la diputación de Castellón. En la primera reunión se entendió la necesidad de cambiar la finalidad del Consorcio, es inviable pagar tanto dinero.

"En la primera reunión se entendió la necesidad de cambiar la finalidad del Consorcio, es inviable pagar tanto dinero"


-¿Qué necesita Valencia para que le sea interesante pertenecer al Consorcio?
-Yo no necesito espacios expositivos ni dos o tres exposiciones hechas para colocarlas donde sea, necesito un plan global. Que paramos una muestra interesante entre todos y la adaptemos, el problema es que Valencia ciudad no necesita lo mismo que un municipio más pequeño. Además, si yo creo en la transparencia y en que una comisión seleccione las exposiciones, el Consorcio tiene que adaptarse a mi manera de entender las cosas, el resto que pasan por la comisión estarán en desventaja.

-Con el programa Europa Creativa 2014-2020 como contexto, ¿se visualiza Valencia como ciudad turística a partir de la Cultura?
-Leí el artículo de Cultur Plaza del Día de los Inocentes [ríe]... y encaja con lo que quiero hacer. Además de una página web, con la que se pueda publicitar y comprar entradas, algo que hasta ahora no se podía, también queremos crear un plan de comunicación que vaya unido a una imagen de marca de los recursos culturales de la ciudad. El grave problema que tenemos es que la gente no sabe lo que hay. Todos los días pasan por la plaza de Tetuán sin saber que está un museo del Palacio de Cervelló. No se trata de marcar terreno, pero sí de visualizar lo que hay. En las puertas de las casas de Berlín hay unas chapas doradas que explican que ahí se llevaron a un judío a un campo de concentración, ¡hasta eso está marcado! Esa es la línea, yo quiero eso para valencia. No para marcar terreno, para poner en valor lo que hay. En Micer Mascó vivió Estellés y nadie lo sabe, no hay una mísera placa. Como Estellés otros tantos, algo que tenemos que cambiar, porque hasta ahora sólo parecía que estuviera Sorolla y Blasco Ibáñez.

-¿Cómo es la relación con la Agència Valenciana de Turisme y el resto de entidades?
-Hemos formado una comisión, liderada por Joan Calabuig, para abordar el tema. Yo necesito una relación con turismo porque quiero que los folletos estén en las camas de todos los hoteles de la ciudad. La colaboración es necesaria. Queremos crear una marca madre para los recursos culturales de la cual nazcan otras para bibliotecas, teatros o museos. Hace falta generar un relato cultural en esta ciudad. El PSOE lo hizo muy bien en los años 80 con la idea de Mediterráneo.

-Festivales urbanos apuntan de forma crítica que se les ha atendido con interés, pero no se ha materializado, ¿cuáles su relación con ellos y cuál será el criterio para optar por unos u otros?
-Cuando ellos han venido a conocernos es cuando no hemos tenido un duro, pero parte de esos 240.000 euros del Palau de les Arte son para dar respuesta a estos proyectos. Con algunos de ellos ya hemos hablado para hacer algún festival de artes escénicas. Ahora bien, lo que tengo es lo que he podido desviar del Palau de les Arts, al que también lo compraré cosas. [Sobre el criterio de selección] No hemos abierto ese melón aún. Esta semana nos hemos reunido con una asociación de teatro pero, aunque sea esta la que haya parido el festival, como administración pública no me parece bien dar dinero a alguien sin abrir las puertas a otros. Es impepinable. Está todo tan deshecho que lo que no quiero es ayudar a un empresario y dejar de lado al otro. Es básico poner en valor lo que tenemos, pero también hay que intentar ser punteros e innovadores. Yo creo que no siempre es necesario traer lo mejor, sino lo que te aporta más.

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