Desde hace unos años, Ana Cuesta ha tenido que cambiar la paella de los domingos en su añorada terreta por un táper en las oficinas de Atresmedia, en la capital. Y aunque poco a poco trata de acostumbrarse a eso de “trabajar cuando todo el mundo descansa”, siempre que puede busca un hueco para bajar a casa y reencontrarse con los suyos.
A lo largo de su trayectoria profesional, Ana ha aprendido algo muy valioso en estos tiempos que corren: a informar desde la piel. Sus años como periodista de a pie le han permitido estar cerca de la noticia, conectar con las personas y sentir ese nervio informativo que acompaña a esta bonita profesión.
En este episodio recibimos a Ana Cuesta en el bar Cassalla, este bar de Arrancapins que, casi por la "magia del directo", le conectará con su infancia.