El de La Digna es uno de esos proyectos que deseas que vayan bien desde el principio. Porque contra todo pronóstico y sin contar con grandes grupos hosteleros detrás, hay una persona que decide saltar a la piscina sin saber muy bien si esta está llena. Y es justo lo que se merece la nueva apuesta de Marta Castillejo, que hace unas semanas levantó la persiana de su primer local en el barrio del Carmen, concretamente en el número 29 de la calle Alta.
Y lo ha hecho siguiendo el ejemplo del nombre que le acompaña: con todo el cariño, humildad y dignidad del mundo. “Desde hace más de diez años que este apodo me lleva persiguiendo en diferentes momentos de mi vida, desde el ámbito más personal hasta el profesional, yo siempre he sido una persona muy digna. Pensando en el nombre del bar junto con Héctor Merienda que se ha encargado de la imagen creativa, me gustó mucho el concepto porque recupera una palabra que ha caído en desuso, igual que esos bares de toda la vida que poco a poco han ido desapareciendo y que yo quería recuperar. Una persona digna, una atención digna, un servicio digno, un bar digno…”, reconoce a Guía Hedonista la impulsora del proyecto, Marta Castillejo. Dicho y hecho.
Fue así como el pasado 23 de junio, -fecha del que sería el cumpleaños de su madre y la famosa Noche de San Juan-, inauguró este espacio que en pocas semanas de recorrido ha conseguido hacerse su propio hueco en el barrio del Carmen. Como si siempre hubiera estado ahí, como si nunca se hubiera ido.

- - Kike Taberner
Todas las versiones de Marta Castillejo
Pero antes de entrar de lleno y profundizar en esta nueva aventura, tenemos que echar la vista atrás para comprender que La Digna es el resultado de la persona en la que se ha ido convirtiendo Marta ha medida han pasado los años o más bien el resultado de todas sus versiones. De todos los caminos que ha recorrido hasta llegar hasta aquí.
La primera Marta que reconoceremos es aquella que de pequeña iba con sus padres a las míticas e inconfundibles direcciones de Casa Montaña o Rausell en Valencia. Si avanzamos unos años más adelante, a punto de alcanzar la treintena, veremos a una Marta que trabajó durante seis años en ACNUR en Madrid –tiempo que le inspiró en la trama de su novela El Club de los lunes–. En la capital (allá por el año 2013) Marta Castillejo se enganchó a la primera edición de Top Chef con una Begoña Rodrigo como ganadora. Fue en ese momento cuando decidió que algún día trabajaría para la impulsora de La Salita.
Dejó Madrid, se despidió de su trabajo en ACNUR, regresó a Valencia y cursó un año de Dirección de Cocina en el Centro Superior de Hostelería Mediterráneo de la calle Corretgeria. A partir de ahí, el resto es historia: La Salita –en La Digna encontraremos parte de su vajilla y copas, regalo de la propia Begoña–, NH Collection Bruselas, Toshi, Trinchera, Maipi y Piscolabis marcaron su propio mapa de ruta.
En este último estuvo desde la apertura en septiembre del pasado 2025 hasta este abril, fecha en la comenzó a caminar en solitario, aunque acompañada de un sinfín de personas que la están apoyando desde el minuto uno. “En Fallas se me presentó la oportunidad de hacerme con el traspaso de este local y no me lo pensé dos veces. La primera vez que entré me sentí muy cómoda y sabía que era el momento de dar el paso: la vida puede dar muchas vueltas, hoy estás aquí, pero mañana puede que no. He estado mucho tiempo a merced de otros y ya necesitaba volar libre. Es ahora cuando tengo la experiencia y conocimientos para poder sacar adelante un negocio”, cuenta Marta Castillejo.
“La Digna es el resultado de mi casa, de mi madre, de todo lo que he tenido desde pequeña; pero también es el resultado de los trabajos por los que he pasado y los viajes en los que me he embarcado. Como el Camino de Santiago que ya lo he realizado hasta en cinco ocasiones pasando por diferentes etapas entre España y Portugal; y siempre me ayuda en mis peores momentos a tomar oxígeno, a pensar y a verlo todo con perspectiva. En el camino soy todas las Martas que quiero, al igual que pasa en La Digna. Este es el desenlace de un gran bagaje emocional y del momento vital en el que me encuentro en la actualidad”, añade.

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Una tasca de barrio
Marta podía haber optado por crear un restaurante gastronómico, pero ha decidido hacer lo que el cuerpo le pedía: abrir un bar de barrio. Pero no uno cualquiera, sino más bien uno de esos que nos trasladan a los de toda la vida, pero que parecen estar en peligro de extinción. Uno en el que no te echan si solo vienes a tomarte una cerveza, en el que no hace falta reservar para sentarte a cenar, en el que si solo pasas a saludar no te vayan a mirar mal –¡al contrario!–, y en el que tengamos la posibilidad de decidir en ese mismo instante que si queremos algo más que una tapa, tengamos la oportunidad de disfrutar de toda la carta a nuestro alcance. La Digna es lo que cada uno quiera en cada momento. Y también es lo que Marta quiera. ¡Faltaría más!
Con una carta disponible en la entrada escrita a mano en el cristal de la puerta encontramos una propuesta de alrededor de 14 tapas –algunas en formato individual y otras pensadas para compartir–, donde no faltan los clásicos como las gildas, el jamón ibérico, el queso manchego, el calamar a la andaluza, la gambita roja o la clóchina valenciana, que la tenemos actualmente de temporada. Pero la cosa no se queda ahí.
Si queremos saborear las propuestas que más están triunfando en estas semanas de recorrido, Marta lo tiene claro: “Lo que más está gustando son los champiñones estilo logroñés, siguiendo la estela de aquellos de la calle Laurel, en un bar que solo hace esa receta y que es todo un éxito. El champiñón es un ingrediente que ya metí en Trinchera y en Piscolabis, hice lo propio con alguna que otra reinterpretación. Aquí los hago con una gambita, al igual que en Logroño”, señala Marta Catalejo.
Los pepitos es otro de los platos que más adeptos está consiguiendo. En La Digna tienen dos versiones: el de longaniza con queso y mostaza; y el de ternera con cebollita. Mientras que en vez de apostar por la versión de marinera para su ensaladilla, Marta ha decidido mirar un poco mas al norte –allá por la zona de León, Burgos o Salamanca–, con la Paloma de ensaladilla, una tapa que combina la cremosa ensaladilla rusa servida sobre una corteza de cerdo crujiente frita.

- - Kike Taberner

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Y si algún día se quiere complicar, no hay nadie que se lo impida. Si preguntamos por los especiales del día puede ser que nos encontremos con un plato de alcachofas; un bocata de guiso de calamares encebollados con oreja y guindillas, a modo mar y montaña; o una ensalada de burrata, mango, nectarina y anchoas.
Si nos centramos en los proveedores, el Mercado Central de Valencia –localizado a muy poca distancia a pie de su bar–, es para Marta su principal patio de juegos. Cada mañana se mueve como pez en el agua por sus diferentes puestos, desde la carne en Vicente Bau, frutas y verduras en Rafael Planells y el pan de Paco Roig.
En la aventura de La Digna, Marta cuenta con la ayuda en cocina del encantador Manuel Herrera: “También es del barrio y hemos congeniado a la perfección. Es muy trabajador y se anticipa a muchas de las cosas que yo necesito, por lo que por el momento nos estamos complementando genial”, reconoce Marta.
El Carmen más auténtico
En un Carmen cada vez más gentrificado todavía quedan reductos donde ser feliz, siguiendo la mirada del local, aunque también seas turista. ¡Aquí no venimos a hacerles feos a nadie! Desde la Tasca el Botijo, Cantina Monterrey, Café Museu, Taberna El Templat, El Ceniciento, la Latería del Carmen o Bodega La Rentaora, La Digna se suma a esta ecuación donde comer bien sin sentirnos estafados en la cuenta final, pasa de ser una quimera a convertirse en realidad. Y en estos tiempos que corren, créeme que cada vez es más complicado.
Creo que todavía queda un Carmen para la gente local
“Creo que todavía queda un Carmen para la gente local, será un reducto del 15%, pero aún así he decidido abrir aquí. A mí encanta, es mi barrio, mi zona y me recuerda a cómo me sentía cuando vivía en Madrid. Creo que es uno de los pocos lugares que quedan auténticos en Valencia, a pesar del turismo nos conocemos todos los locales que vivimos aquí y seguimos saludándonos en persona a diario. Eso en otros distritos de Valencia no se encuentra”, indica la impulsora de La Digna.

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- Fotos: Kike Taberner
“Ahora mismo siento una serenidad que nunca antes había tenido. He encontrado una estabilidad emocional que hacía mucho tiempo que no experimentaba, después de atravesar distintas situaciones personales y profesionales. Por eso no me importa dedicarle días, noches y todo el esfuerzo que haga falta, porque este proyecto es mi bebé. Al futuro por el momento solo le pido estar contenta, tranquila, disfrutando de lo que hago y tener ganas de venir a trabajar cada mañana. Ser feliz con los pequeños triunfos", añade.
Desde aquí tenemos que reconocer, que no va por el mal camino. Feliz vida nueva y ¡a por todas!