Comer

RESTORÁN DE LA SEMANA

L'Estibador (El Saler)

Puede que sea ahora, sin el bullicio del verano, cuando más se disfruta de esta arrocería y de su ubicación y vistas privilegiadas.

Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

Pasa con todo. Un lugar habitual, un plato que forma parte de las celebraciones familiares, el paisaje diario que ves desde el coche cuando vas al trabajo. Pasa hasta con las personas. Que debido al uso, la costumbre y la rutina dejamos de percibir lo extraordinario del enclave, lo reconfortante del guiso, lo espectacular de las vistas. L’Estibador podría pertenecer perfectamente a esta categoría de cosas que, al tenerlas tan a mano, a veces subestimamos. Ocurre lo mismo con el El Saler y el Parque Natural de la Albufera donde se ubica. Tan cerca de la ciudad, tan fácil de acceder, que se nos olvida valorar lo que es, un pequeño paraíso a diez kilómetros de Valencia.  

Esta arrocería es, desde hace veinte años, una de las puertas a la Dehesa de El Saler. La montó Mari Carmen Alex Belén, una mujer emprendedora y gran cocinera,  junto a Carmen, una de sus hijas, en 2006. Levantaron el edificio a los pies de la arena y trabajaron sin descanso para conseguir un restaurante que se hiciese hueco entre la mejor hostelería de la zona. Lo que no preveían era la crisis que en 2008 golpearía a todos, y que se cebó con especial virulencia con el sector de la restauración. En este contexto, y aunque siempre había estado vinculada, hace aparición Nuria Sanz, otra de las hijas de Mari Carmen, que aparca su carrera de ingeniera forestal para involucrarse de lleno en el negocio familiar. “Fueron diez años muy duros”, recuerda. Ella no se lanzó a lo loco, sino que quiso asegurarse de tener los conocimientos necesarios que le ayudaran a enderezar el timón y se marchó al Basque Culinary Center para estudiar uno de sus másteres más potentes. También se fue su pareja de entonces y padre de sus hijos, Pascal Leydet, al frente de la cocina de L'Estibador durante mucho tiempo. “Queríamos refrescar todo lo que sabíamos y darle un criterio técnico  a la gestión del restaurante”, asegura Nuria.  Desde entonces no ha dejado de estudiar y formarse para lograr la excelencia tanto en su negocio como en el sector –es la Vicepresidenta de la Federación de Hostelería Valencia y Presidenta de restaurantes desde hace casi siete años–. 

L’Estibador te cautiva por sus vistas –arena y mar en un ángulo de 180 grados– pero te hacen volver sus arroces, el servicio de sala –profesional y cercano– y un tique ajustado de unos 40 € (sin bebida), un regalo si tenemos en cuenta dónde estamos. Los arroces y fideuàs son su emblema, pero desde hace años apuestan por un producto de calidad que complementa la carta. Los pescados y mariscos, proviene en su mayoría de la lonja de Cullera. No se pierdan las croquetas de atún Balfegó.

Nuria es una trabajadora incansable que se dedica en cuerpo y alma a mejorar la marcha de su restaurante a todos lo niveles, pero si de algo está orgullosa es del “equipazo” que ha conseguido reunir y que según dice, son los que realmente hacen que funcione la arrocería. Jonathan Santana es el jefe de de cocina de L’Estibador, llegado desde Las Palmas de Gran Canaria, el chef también se ha dedicado a perfeccionar sus conocimientos en el Basque Culinary Center. Sanz es consciente de la dificultad que entraña hoy en día conseguir un equipo implicado, por eso hace todo lo posible para que el personal pueda conciliar su vida profesional y personal al máximo. Tanto que cierra quince días en agosto. Algo impensable en un restaurante como el suyo, con una clientela que rebosa en el mes de máxima facturación. 

El espacio siempre ha estado en constante renovación –el salitre del mar no perdona– y lo espacioso del salón lo hacen perfecto para acoger cualquier tipo de evento. Bodas llevan unas cuantas a sus espaldas, pero también celebraciones de cualquier otro tipo y mucho evento corporativo. Antes de que llegue Fallas cambiarán ell mobiliario y renovarán la terraza exterior. Se agradece ese cuidado por los detalles, a pesar de que el telón de fondo –el azul del mar y esa luz desbordante – consigue hacer que te abstraigas de todo lo demás.

Ahora que ha parado el viento y se empieza a intuir la primavera –20 grados alcanzaremos hoy viernes–, no se me ocurre un plan mejor.  Una paella de gamba roja, sepionet y allioli de ajo negro, una botella de vino blanco y luego un largo paseo por la orilla de la playa. Nada puede salir mal a partir de ahí.

Recibe toda la actualidad
Valencia Plaza

Recibe toda la actualidad de Valencia Plaza en tu correo