Siguiendo la estela de esos inicios que en su día vivieron las barras de restaurantes como Nozomi, Haku o Kaido, una nueva propuesta omakase acaba de aterrizar desde hace muy poco en la ciudad de Valencia. En concreto lo ha hecho en el número 35 de la calle Poeta Mas i Ros, a 100 metros de distancia de la parada de metro d’ Amistat, en el distrito de Algirós.
Con un aura similar a esas que desprenden los speakeasy de turno, nos encontramos desde la calle con un local con una gran cristalera protagonizada por una gran cortina blanca donde todo lo que ocurre en su interior queda a manos de los pocos comensales (máximo ocho, pero lo ideal es que sean seis) que cada noche, de martes a sábado, tienen la oportunidad de sentarse en la barra para comenzar la velada de manera simultánea frente a Rui y dejarse llevar por todo lo que tiene preparado para esa noche.

Un jueves a finales de enero, servidora tuvo la oportunidad de formar parte de una de esas plazas para ser testigo de primera mano de todo lo que acontece de principio a fin en este nuevo omakase. Rui como maestro de ceremonias, su pareja Ana Ortiz como socia y la encantadora Florencia acompañando en sala, nos regalaron una experiencia que no se puede tildar solo como cena, porque si la definimos así se queda muy corta la explicación.
A Sato Kaeru se va a comer muy bien, pero también se va a aprender y a disfrutar del festín. Y es que el conocimiento, precisión, hospitalidad y cercanía de Rui, consiguen que estemos ante una de las aperturas más auténticas de lo que llevamos de 2026.
Con algunos matices todavía por perfilar, -como sucede en todo inicio de proyecto hostelero, especialmente en lo que respecta a los tiempos-, nuestra recomendación es reservar en Sato Kaeru con calma, sin prisas y con la mejor de las disposiciones. Porque ya te adelantamos, que una vez acabada la cena, existe el riesgo real de no querer marcharse: que el vino de paso al sake y que la conversación con Rui se alargue hasta altas horas de la madrugada. ¡Luego no digas que no te avisamos!
El chef que nunca ha estado en Japón
El protagonista de esta historia nunca ha estado en Japón, pero tampoco ha sido un impedimento para poner en marcha su propia aventura. Aunque siempre ha estado muy vinculado al mar por su afición al surf, la pasión de Rui Silva por el mundo del sushi comenzó hace quince años, cuando apenas tenía 28. Natural de Lisboa, casualidades de la vida, un día mientras trabajaba en sala como camarero en un restaurante de la ciudad, conoció al sushiman que le introdujo en el arte de la gastronomía nipona.
“Aquel día le dije que si podía mirar, a la mañana siguiente ya estaba aprendiendo de él sin cobrar y el resto es historia. Lo que más me impresionó durante todos los meses en los que estuve a su lado fue su forma de trabajar con los cuchillos y la precisión con la que ponía a punto cada plato. Y desde aquella primera toma de contacto, llegaron otros restaurantes y otros maestros de los que me llevo mucho bagaje, que me movieron por destinos como Lisboa, Oporto, Barcelona, Ibiza, Andorra o los Alpes”, reconoce a Guía Hedonista, el impulsor de Sato Kaeru, Rui Silva.
A la hora de preguntarle quiénes han sido esos mentores, se desmarca del tema con educación: “Creo que mi calidad tiene que hablar por los platos y las propuestas que hago en la actualidad, no por dónde vengo, quién me ha enseñado o en qué restaurantes he trabajado”, añade con sinceridad. Y desde aquí no vamos a ser quiénes para rebatirle.
Tras hacer temporadas entre Ibiza y Barcelona, un día por pura casualidad se encontró con Valencia. En palabras del propio chef: “en una de las escalas que hice en Denia de camino a Barcelona desde Ibiza, decidí parar en Valencia y me enamoré de la ciudad”. Eso fue en 2022, al año siguiente comenzó a buscar piso junto con su pareja Ana Ortiz y en 2024 ya estaban instalados en la ciudad del Túria.

Por aquel entonces y motivado durante los confinamientos de la pandemia, Rui Silva comenzó a estudiar joyería desde casa con la idea de poco a poco ir dejando a un lado la hostelería. Quién se lo iba a decir justo ahora, pero la vida tenía otros planes para él. Fue su pareja Ana quién le motivó a abrir un proyecto personal relacionado con la gastronomía nipona: “yo lo tenía muy claro, porque veía a diario que tenía toda ese potencial y siempre pensaba para qué iba a trabajar para otros si podía trabajar para él mismo”, reconoce Ana Ortiz. Lo pudo decir más alto, pero no más claro.
Y es así como poco a poco, Sato Kaeru fue convirtiéndose de sueño en realidad. En diciembre de 2024 comenzaron con la búsqueda de local y lo encontraron en marzo, mes en el que empezaron la reforma para la puesta a punto de esa barra japonesa que es la gran protagonista del espacio. Finalmente abrieron sus puertas con soft opening el 2 de enero de este 2026 y desde entonces su apertura ha corrido como la pólvora entre los pasillos de Instagram, siendo muchas las personas que se han acercado hasta el distrito de Algirós para saborearlo.
“Yo tenía claro que si tenía que emprender en hostelería iba a ser ahora, no más adelante. No quería llegar a los 60 o 70 años, echar la vista atrás y pensar que no lo había intentando. En el mundo sobra sushi de mala calidad; hacerlo bien, con rigor y respeto, demuestra que todavía hay margen para ofrecer algo realmente bueno”, comenta Rui Silva.
¿Y el nombre elegido? Es Rui quien arroja algo de luz sobre el asunto: “Es una combinación de dos palabras con un fuerte significado simbólico. Sato es el nombre de nuestro perro y, además, uno de los apellidos más comunes de Japón. Kaeru significa ‘rana’ en japonés, pero también ‘regresar a casa’. Hace unos 15 años, al comienzo de mi trayectoria profesional, encontré un pequeño amuleto, -una rana de barro-, pegado a una hoja de papel donde se explicaba ese significado. Desde entonces, la idea se quedó conmigo: si algún día abría mi propio restaurante de sushi, no podía llamarse de otra manera que Kaeru”, reconoce.

Un menú omakase para 6-8 comensales
Es así como hace algo más de un mes que se descorrieron las cortinas de Sato Kaeru en el número 35 de la calle Poeta Mas i Ros. ¡Y es ahora cuando empieza lo bueno! Una vez crucemos a su interior, Rui tras la barra, Florencia en la sala y en algunas ocasiones Ana con el perrito, nos dan la bienvenida para comenzar a las 21:00 en punto con una de esas experiencias que prometen permanecen en la memoria bastante tiempo.
Durante nuestra visita al restaurante, Rui nos condujo a través de un menú omakase de catorce pases donde no faltaron nigiris, tatakis, usuzukuris, sashimi, kakuzukuri y otras técnicas esenciales del universo del sushi. Conviene recordar que, muy probablemente, la próxima vez que cruces la puerta, -sea la primera o la enésima vez-, el recorrido no tendrá por qué coincidir con el que aquí describimos, ya que la palabra omakase viene a significar “ponerse en manos del chef”. Y eso fue lo que los allí presentes hicimos. El resultado: un festín que conquistó tanto la vista como el paladar.
¿Algunas de las propuestas que probamos? El tataki de bonito, con tomate, jengibre fresco y myoga; sashimi de atún, gallo San Pedro, calamar y virrey; gunkan de huevas de mújol y salmón con arroz; el nigiri de atún rojo, wasabi y soja, bautizado como ‘Ferrari’: o el nigiri de Wagyu que no necesita presentación alguna, porque ese simple bocado promete elevar la cena al 200%. La velada se cerró con unas peras al vino, un guiño al padre de Rui cargado de emoción, para quien este postre era el favorito. Por el camino, muchas sorpresas más en calidad de técnicas o ingredientes que preferimos no desvelar para que la experiencia sea aún mejor.

Y cómo no, siempre acompañado por una bodega interesante donde no faltan propuestas como nuestro querido Riesling 1840, el Franciacorta Rosé o los tradicionales sakes.
“Seleccionamos nuestros productos priorizando la proximidad y la calidad, buscando siempre el equilibrio entre el producto local y de Japón. Nuestra filosofía se basa en apoyar a pequeños productores y marcas artesanas de calidad. El pescado intentamos que sea del Mediterráneo o Atlántico, excepto alguna pieza que ocasionalmente importamos de Japón por aportar un sabor y textura característicos”, indica Rui Silva a Guía Hedonista.

Lo mejor (todavía) está por llegar
Si la pasión por la gastronomía japonesa corre por tus venas y una barra omakase es para ti como ir al parque de atracciones, esta nueva dirección gastro está hecha para ti. “Aunque por el momento hemos tenido comensales de todos los perfiles, al final nuestro propósito es crear un ambiente personal y muy familiar donde sentirnos a gusto. Por ahora la acogida está siendo buenísima y se crea un espacio-temporal muy especial donde incluso nuestra clientela quiere quedarse más y tomarse unos vinos o unos sakes tras finalizar la velada”, reconoce Rui.
Entre sus planes en el horizonte destacan afinar tiempos, ampliar la oferta gastronómica y dar forma a un menú más ambicioso. Quién sabe incluso si incluir esa brasa japonesa conocida como robata. Y cómo no, seguir buscando nuevos proveedores para mantener y mejorar esa calidad que tanto les caracteriza.
Para ello, Rui ya prepara su primer viaje a Japón en los próximos meses. Un destino que no era necesario meter en la ecuación para entender su cocina, pero que, sin duda, llega para sumar nuevas capas a esta historia que ya camina por sí sola.