Comer

Uno de los almuerzos más interesantes de l’Horta sud está en el Ateneu de Alaquàs

Siempre me han fascinado los mercados y los ateneos. Tienen algo cautivador que emana valor, historia y cultura. Espacios que, muy a mi pesar, muchas veces van perdiendo relevancia por falta de público o por no encontrar un relevo generacional en sus gestiones.

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El Ateneu d’Alaquàs es uno de esos lugares. Un espacio donde todavía se escucha el dominó golpeando el mármol y donde los socios juegan a cartas todas las mañanas. Un rincón social de otra época que, desde hace casi dos años, vive una segunda vida gracias a José.

Nacido en Alaquàs y cocinero desde 2012, José llevaba años trabajando en restaurantes de nivel, pasando por cocinas exigentes y proyectos gastronómicos relevantes, algunos incluso vinculados al universo Michelin. Pero en 2024 decidió regresar a casa y ponerse al frente del Ateneu. Una decisión valiente. No tanto por abrir un bar más, sino por asumir la responsabilidad de revitalizar un espacio con muchísima historia y con un público muy concreto

A finales de agosto de 2024 abrió esta nueva etapa. Ahora, en mayo de 2026, el cambio es más que evidente: mesas llenas, una carta modernizada y un ambiente maravilloso. El Ateneu mantiene intacta su esencia social, pero José le ha dado un lavado de cara muy acertado. Ha invertido en diseño, decoración y atmósfera pero sin borrar el alma original. Mesas de mármol desgastadas tras años de partidas de dominó, socios jugando a cartas, ruido de café y conversaciones. Pero, al mismo tiempo, hay una sensibilidad gastronómica distinta, un trato gracias a un equipo maravilloso y una cocina que busca ir un paso más allá sin perder el vínculo con lo popular.

 

En el almuerzo conviven dos mundos. Por un lado, la vitrina clásica con la que montar combinaciones de toda la vida: tortillas, habitas, ingredientes reconocibles y posibilidades varias. Pero, al mismo tiempo, José y su equipo llevan tiempo trabajando en otra dirección. Durante estos dos años ha ido testeando propuestas, ajustando la carta y entendiendo a su público para encontrar un equilibrio entre tradición y creatividad que consiga conectar con perfiles muy distintos.

José habla de “cargarse la vitrina” pero no como un rechazo a la tradición, sino como una evolución hacia una carta más definida, más personal y diferencial. Una carta donde convivirán clásicos de toda la vida con bocatas especiales que reflejan mucho más su manera de entender la cocina.
 

Yo he tenido la suerte de probar algunas de esas creaciones especiales y puedo confirmar que son una maravilla. Desde uno de los bocadillos veganos con Heura más buenos que he probado hasta mezclas como sepia con sobrasada o su súper bombón de sepia, un guiño directo al mítico bocadillo de La Pérgola. Tampoco puedo olvidarme de sus patatas bravas con salsa de chistorra o de sus brutales alcachofas con palomitas de corteza de cerdo ibérico. Platos y bocadillos que parten del lenguaje popular valenciano, pero que empuja hacia otro lugar con muchísima personalidad.

El Ateneu no busca convertirse en un local moderno porque sí. Su nueva cocina nace desde el respeto al producto, desde el conocimiento técnico y desde una mirada muy honesta hacia el almuerzo. El pan llega del horno de toda la vida que hay girando la esquina, un negocio que además ahora también está bajo la dirección de una nueva generación. El producto es de proximidad y el gasto de olivas y encurtidos está muy bien cuidado.
 

  • - Kike Taberner


Además, el precio sigue siendo casi un pequeño milagro para los tiempos que corren: 6,50 € el medio almuerzo y 7 € el entero. Una relación calidad-precio que hace todavía más meritorio lo que están consiguiendo. El cremaet y el pescado tienen un pequeño suplemento aparte.

Quizá es porque soy un nostálgico de los bares de siempre, pero tengo claro que un buen almuerzo no depende únicamente de la comida, sino también del ambiente y de la atmósfera. Y a mí, en sitios como el Ateneu, los almuerzos me saben mejor.

 

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