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RESTORÁN DE LA SEMANA

Atemporal (Castellón)

Atemporal convierte la calle Navarra en otro punto de terraceo en Castellón.

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El nuevo espacio impulsado por Iñaki Tobar ocupa el local contiguo a El Portón, uniendo ambas terrazas en la calle peatonal donde las mesas han sustituido al tráfico y donde la vida sucede al aire libre. Allí comienza la experiencia de Atemporal: en una transición casi imperceptible entre interior y exterior gracias a sus grandes ventanales acristalados, que convierten el local en uno de esos lugares especialmente apetecibles para las comidas de verano en Castellón.

La apertura supone un paso más en el proyecto personal de Tobar, conocido en la ciudad por haber convertido sus croquetas en objeto de devoción para muchos comensales. Cuando llegó a la calle Navarra lo hizo con la intención de recuperar uno de esos espacios que forman parte de la memoria gastronómica local. Muchos recordarán El Portón como una de las primeras tascas de la ciudad, otros de la época de Fernando Molina y su Cocina Desoca, una propuesta profundamente vinculada al territorio y la cultura castellonense.

 

 
 

El Portón sigue funcionando como una tasca contemporánea de mesas altas y platillos para compartir, de cocina desenfadada y sabores reconocibles. Atemporal, por su parte, amplía ese universo. De hecho, ambos espacios son hoy inseparables. El nuevo local permite mejorar el servicio y alberga la cocina central donde se elaboran las croquetas que han dado fama a Tobar.

Pero Atemporal también explica mejor la personalidad culinaria de Iñaki. En sus estanterías, visibles para el comensal, conviven conservas, encurtidos, higos en almíbar y otros ingredientes que después aparecen en los platos, como si el restaurante mostrara abiertamente su despensa. Una forma de cocinar que habla de memoria, de producto y de una cierta pasión por las elaboraciones que mejoran con el tiempo.

Quizá por eso el nombre resulta tan acertado. Atemporal se parece a esas buenas casas de comidas que han existido siempre, aunque hoy las llamemos neotabernas. Lugares donde importa más el placer de comer que las etiquetas. La croqueta de callos es un ejemplo de ese juego de Atemporal que versiona lo tradicional para llevarlo a lo contemporáneo. Y todo ello convive con propuestas fuera de temporada que marcan el ritmo de la cocina. Como sus codornices en escabeche, intensas, jugosas y servidas con pan pasado por la brasa para no dejar una sola gota de salsa en el plato.

 

 

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