Allí, a escasos centímetros de la plancha, Javier Sancho convierte cada servicio en un pequeño ritual donde el protagonista no es el cocinero, sino el producto que llega cada mañana desde la lonja de Vinaròs.
Después de años al frente de El Faro, Sancho emprendió un proyecto mucho más personal a escasos metros del emblemático restaurante y cerca del centro de Vinaròs, a pocos pasos del paseo marítimo. Un restaurante de dimensiones contenidas donde la cocina sucede delante del comensal (si reservas en la barra). Abre todos los mediodías durante el verano y también las noches de viernes y sábado, convirtiéndose en una parada imprescindible para quienes buscan alejarse de las terrazas más concurridas.
Sentada en esa barra resulta imposible olvidar los canyuts. Apenas pisan la plancha unos segundos antes de llegar al plato, conservando toda la intensidad y la textura de uno de los mariscos más delicados del Mediterráneo. Son, probablemente, los mejores que he probado nunca. Un ejemplo de una cocina que entiende que, cuando la materia prima es extraordinaria, la mejor técnica consiste en intervenir lo justo.
Aunque el pescado y el marisco de lonja son una de sus grandes virtudes, los verdaderos protagonistas de la casa siguen siendo los arroces. Secos, melosos o caldosos, resumen la tradición marinera de Vinaròs con una ejecución impecable y el mismo respeto por el producto que define toda la carta. En Sursuncorda se puede ir a comer buen arroz pero se vuelve por esa sensación, cada vez más difícil de encontrar, de estar sentado justo donde ocurren las cosas.
