La cocinera madrileña Andrea Díaz se enamoró de la cocina japonesa en Kabuki, donde trabajó durante siete años tras salir de la escuela de hostelería. Primero en el Hotel Wellington, luego en Málaga. Después estuvo tres años en LÚ Cocina y Alma, con Juanlu Fernández. También pasó por Paco Torreblanca, porque le fascinaba el mundo dulce. Por motivos personales, y por suerte para los alicantinos, se mudó a Alicante y en 2022 abrió Ukiyō en el Mercado Central, con la intención de poder compatibilizar la maternidad con su vida laboral. En un puesto del mercado montó una sugerente barra de cara al cliente, pero el pasado mes de diciembre se mudó a otro local (Calle Cienfuegos 7), donde ha creado un universo propio con un magnetismo fascinante. Tras una reforma integral, ha conseguido que la arquitectura y el diseño te arropen desde el primer momento.
Aquí no hay cobertura: te aíslas completamente para ponerte en manos de Andrea, que ritualiza y embellece cada bocado. Su base es, evidentemente, el pescado crudo. Aunque dice que Ukiyō no es sólo un restaurante japonés: “creo que tenemos esa parte de técnica y de producto por encima de todo, de experiencia japonesa y el show del directo, pero también ese punto de sorpresa y de incertidumbre de no saber qué te vas a encontrar”. Propone un menú degustación (73€), al que puedes añadir extras, que son diferentes platos del día que ella misma “canta” antes de comenzar. Andrea no está sola. Le acompaña en cada servicio, también detrás de la barra y como ejecutora, Anais Tomás. “Ha sido una luz que ha aparecido de la nada, es un gran apoyo incondicional moral y profesional, tiene una implicación absoluta porque ama el proyecto”, confiesa.



¿Sus iconos? El taco de anguila: “una base crujiente con forma de teja que se llama dentel, anguila ahumada del Delta del Ebro, manzana encurtida, mayonesa de miso y chimichurri de piparras”. Por su filosofía japonesa, también el sashimi de vieira de Hokkaido, quisquilla de Santa Pola y huevas de salmón. Andrea fusiona las materias primas, intentando elegir lo mejor de cada zona, usa tanto producto japonés como mediterráneo. “La quisquilla de aquí es insuperable, igual que la gamba roja de Denia, pero prefiero usar vieira japonesa a gallega, por su textura y dulzor”, justifica. Todos los bocados, sabrosos y elegantes, delicados y muy reflexionados, son un deleite para los sentidos.
A Ukiyō hay que ir con la mente abierta y con tiempo. Hay dos turnos a mediodía (13h. y 15h.) y dos por la noche (20h. y 22h.). Si quieres disfrutar de la experiencia con calma, te recomendamos que reserves en el segundo, porque en el primero corres el riesgo de quedarte sin postre.