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el debate de la prostitución

Hablan las 'Otras'

Marginadas, maltratadas, señaladas, discriminadas... pero con voz propia. En el debate sobre la prostitución muchas veces se olvida dar voz a las trabajadoras sexuales

16/05/2019 - 

VALÈNCIA.-Evelyn Rochell contesta al teléfono a partir de las tres de la tarde. «Es lo que tiene trabajar de noche», sonríe. Responde a la llamada desde el club en el que actualmente ejerce. Hace apenas un mes ganó el juicio de David contra Goliat. El pulso al burdel en el que trabajó y vivió durante varios años. La Sala Flowers, el club de alterne más grande de la comunidad de Madrid. En marzo de 2017, Evelyn se atrincheró en su habitación ante el inminente desahucio por parte de la sala. «Había pasado por un cuadro de salud muy complicado. Estuve a punto de morir y me negaron una ambulancia. No podía trabajar en las condiciones que me exigían, más de doce horas al día, sobre tacones de aguja, teniendo que bajar a la sala en cualquier momento que me llamaran», cuenta. Cuando le comunicaron que la echaban, movilizó a las Redes Sociales y decidió salir del anonimato para contar su situación y la de miles de mujeres como ella.

Tuvo que abandonar el club escoltada por la Policía, pero denunció ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, que ahora le ha dado la razón. Lo que venía a pedir Evelyn es que se reconociese la relación laboral con la empresa, algo inédito hasta la fecha, dada la situación de alegalidad en la que se encuentra el ejercicio de la prostitución en España: no la tipifica como actividad laboral y prohíbe el proxenetismo, es decir, el lucro con el dinero de otra persona que se prostituye, pero permite el alterne como trabajo reconocido. En este caso, para que se reconozca una relación laboral debe quedar acreditada la actividad, que ha de realizarse bajo las directrices de la empresa como son horarios, normas, etc., y una retribución.

Hasta el año 2007, según explica Evelyn, este club pagaba a las mujeres una comisión por cada copa que se tomaban los clientes, pero esta práctica se eliminó, al parecer, para borrar el factor de remuneración. A pesar de la ausencia de una nota acreditativa de la misma, el Tribunal sí reconoció en su sentencia del pasado mes de febrero una relación laboral porque «sus servicios se realizaban en el local del negocio, en horario fijado por la empresa y sometida a sus instrucciones», lo contrario «sería tanto como admitir la esclavitud», llega a decir el fallo. Un hito para la justicia española que, a pesar de quedar documentada la actividad de la prostitución, la desliga de la de alterne y exige el reconocimiento de los derechos laborales para la demandante, y con ello abre la puerta a un convenio colectivo. La contraparte ha recurrido la sentencia, pero Evelyn, la prostituta rebelde, —como la han apodado— se siente optimista.

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«Quedó demostrado con creces que había una relación de trabajadora y empresa, pero mi reflexión va más allá. Cuando me preguntan qué soy, no me ando con rodeos. Soy puta. Es lo que hago y pido unos derechos. Derecho al descanso, a la jubilación, a darte de baja, a negociar colectivamente las tarifas, a la protección física y médica. A la baja por maternidad. Nadie se esperó que me encerrara en la habitación, pero ya no podía más. Los grandes empresarios se mueven dentro de la legalidad, pero a nosotras no nos protege ninguna ley, y eso tiene que cambiar», afirma. 

* Lea el artículo completo en el número de mayo de la revista Plaza

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