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UNA HABITACIÓN PROPIA / OPINIÓN

Injurias de la Corona

El privilegio feudal de la inviolabilidad del rey tiene su correlato en una especial protección frente a las críticas de sus “súbditos”. ¿Por qué no invertimos los términos?

22/11/2015 - 

VALENCIA. «Juro por Dios y sobre los Santos Evangelios cumplir y hacer cumplir las leyes fundamentales del reino y guardar lealtad a los principios que informan el Movimiento Nacional.»

Este fue el juramento que realizó, tal día como hoy hace 40 años, el Rey Juan Carlos I de Borbón. Cuando el entonces diputado de EUPV, Ignacio Blanco, pronunció estas palabras del rey emérito en la tribuna de Les Corts, se produjo un creciente murmullo entre las filas del Partido Popular. No podían creer lo que estaban oyendo. Desde la bancada del partido que toma como chiquilladas los enaltecimientos de la dictadura por parte de miembros de sus NNGG, que se declara insumiso al cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica y que protege a Billy el Niño de ser extraditado a Argentina, como decía, desde la bancada del Partido Popular se produjo un creciente murmullo. El diputado Ignacio Blanco enseguida intentó calmar sus aspavientos y les informó del origen de esas palabras.

Entonces se tranquilizaron. Su alivio era semejante al que se produce cuando se olvida la letra de una canción muy querida de la adolescencia y de repente la canta alguien y se recuerda. A los diputados y diputadas del PP les pasaba eso mismo. Se sabían perfectamente la canción, pero incluso a ellos se les había olvidado la letra de tanto usar la amnesia para blanquear su pasado. Habían olvidado que en su origen se halla Alianza Nacional, que su presidente honorífico fue ministro del dictador y, por supuesto, que al rey Juan Carlos I le designó Franco y que nunca juró la Constitución. De tanto alabar el proceso de transición, a mucha gente, y no sólo del PP, se le olvidan algunos detalles sin importancia. 

Cuando Ignacio Blanco pronunció esas palabras lo hacía para defender, por primera vez en un parlamento, un referéndum entre monarquía y república que no fue respaldado ni por el PP ni por el PSOE. Un año después de esa iniciativa parlamentaria se producía la abdicación del rey Juan Carlos para dar paso, por derecho de sangre, a su hijo Felipe VI. Como diputada de EUPV volví a defender la posibilidad de ejercer el mecanismo constitucional de una consulta popular pero, para los valedores del régimen del 78, el cuestionamiento del modelo de Estado continuaba siendo eso, incuestionable.

Contra la amnesia profunda que ha permitido que no se cuestionen los cimientos del Estado durante 40 años es un buen antídoto ir a ver El Rey, una obra de teatro de Alberto Sanjuán en la que se hace un repaso a la vida y milagros de Juan Carlos de Borbón empezando por las conversaciones de su padre con el dictador para negociar una restauración de la Corona, pasando por la “muerte accidental” de su hermano, su estrecha relación con Franco y el enigma del elefante blanco del 23F, hasta la decadencia final de un rey emérito solo, sin Corinna y sin Corona. Una imagen que nos pone ante el espejo de lo que hemos permitido que sea esta sociedad. Un país cuyo Jefe se burló de nosotros cada día haciendo negocios con dictadores saudíes y atesorando yernos comisionistas, pero al que no podemos juzgar por ningún delito ya que “la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Es decir, todos somos iguales ante la ley excepto el rey, que se sitúa por encima del debate político y al margen de los tribunales de justicia. 

Mi compañera Marisol Moreno no tiene tanta suerte. Es tan sólo una ciudadana y, como tal, puede ser condenada a pena de cárcel por injurias a la Corona. El privilegio feudal de la inviolabilidad del rey tiene su correlato en una especial protección frente a las críticas de sus “súbditos”. ¿Por qué no invertimos los términos? Sería interesante analizar si en el origen y fundamento de la monarquía no podríamos inferir nosotros una injuria más honda y profunda a los valores del sistema democrático: la violación del principio de igualdad.

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