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InTempo: Así es por dentro el nuevo diamante de Benidorm

Se proyectó antes de estallar la burbuja y abre con las últimas restricciones por el coronavirus. Desde hace unas semanas la torre InTempo acoge sus primeros inquilinos tras un proceso de catorce años. Unos días antes, Plaza entró, y también visitó la oficina de Pérez-Guerras Arquitectura, mentores de un proyecto que ha convertido el turismo de Benidorm en especulación financiera

18/01/2022 - 

ALICANTE.- En la primavera de 2008, la promotora aseguraba que se había vendido el 40% de los pisos sobre plano. Sesenta y cuatro personas trabajaban a destajo por aquel entonces en las oficinas que Pérez-Guerras Arquitectura tiene en la Ciudad Jardín de Alicante, a cinco minutos del campus de la Universidad de Alicante. Pero un año más tarde, cuando el cemento alcanzaba en Benidorm los encofrados de la cuarta planta, la constructora anunciaba un expediente de regulación temporal de empleo que dejaba la plantilla en treinta trabajadores por turno.

«Empezamos en Alicante, después tuvimos sedes en Monóvar, Villena, Banyeres y Almansa. Hasta que saltamos a Madrid y Marbella. Ahora estamos entre Madrid y Alicante, pero a esta siempre la hemos llamado La Fábrica, de aquí siempre salen los planos», cuenta Roberto Pérez-Guerras, el presidente de la oficina de arquitectura. En sus archivos, situados en el ala norte de la segunda planta de las oficinas, guardan 3.095 proyectos ejecutados. «Los anteproyectos no edificados los contamos aparte», explica la directora de la oficina, Consuelo Arana. «Cuando empezamos en los setenta, teníamos un pequeño estudio en la calle Pintor Murillo. Cogimos tanto trabajo, que teníamos dos turnos, uno de ocho de la mañana a seis de la tarde y otro de seis a dos de la madrugada».

Al poco tiempo se trasladaron a un edificio aislado en la avenida de Novelda, con una fachada que no pasa desapercibida. «Fue un alivio porque aquí podíamos imprimir a cualquier hora y quedarnos hasta tarde, porque no molestamos al vecindario», explica Arana. Pero ahora en plantilla son seis personas trabajando.

El InTempo condensa en sus doscientos metros de altura la historia de las dos grandes crisis que golpearon con el nuevo milenio: la Gran Recesión y la pandemia del coronavirus. Probablemente por eso, es una de las arquitecturas más mediáticas de los últimos años. Además de por su lustroso aspecto, que no deja indiferente, especialmente en las miradas centralistas que observan a Benidorm como un exótico paraíso para plebe británica. 

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En ese imaginario del Levante feliz y despreocupado, es fácil encajar leyendas urbanas como que su forma responde a un homenaje a las víctimas del 11-S y el 11-M o que se empezó a construir sin prever el hueco del ascensor. «Ay, por Dios. Bueno, tú que eres arquitecto sabes que eso es imposible ¿no? Se filtró porque intentaron minar nuestra credibilidad». En un cruce de acusaciones entre constructoras, promotoras, técnicos y direcciones, es difícil deshacer la madeja, casi diez años después, y no solo en este asunto. «Cada torre tiene seis ascensores desde el principio, dos para diez personas y otro para veinte personas. Además, hay otros dos ascensores en el cono, para acceder a las piscinas. Enviamos un comunicado a la prensa, pero la noticia no la eliminaron». De hecho, lo segundo que se determinó en el proceso para diseñar el InTempo fueron los ascensores.

Porque lo primero para arrancar un proyecto es ir a la normativa urbanística, y la de Benidorm es muy singular. «Para empezar, aquí en la normativa no hay límite de alturas. Solo te marca la edificabilidad de la parcela, que son los metros cuadrados de techo que puedes construir por cada metro cuadrado de suelo que tienes. Y tú ya decides si los construyes todos y si lo haces a lo ancho, a lo largo o a lo alto —cuenta Consuelo Arana—. Nosotros teníamos claro que tenían que ser lo más altas posibles, y por eso optamos por la solución más esbelta. Como también hay un límite de anchura de la torre, hicimos dos. Y en cada una de ellas, tres ascensores». 

Y después vino el diamante. «Después de varios estudios de viabilidad económica, en julio el promotor nos confirmó que compraba la parcela. Y ese mes de agosto, aunque nosotros cerramos la oficina, en casa hicimos varias propuestas con dos torres unidas por la cumbre con algún volumen: un cilindro, una esfera, un cono, un triángulo… Se lo enviamos por correo a Marbella, donde vivía, y nos respondió con el boceto del cono. Y así fue». 

El skyline de Benidorm es inconfundible desde 2012, cuando se coronó el diamante sobre las dos torres. Pero en la cabeza de Pérez-Guerras, según cuenta, estuvo tan claro desde el primer día que llegó a la parcela, situada en una pequeña montaña sobre la playa de Poniente. «A mí me gusta mucho visitar los sitios al amanecer, porque es cuando uno mejor los conoce. Llegué de noche, y desde que el sol despuntaba, me llamaba la atención cómo las gaviotas bajaban, no sé por qué, y hacían un ruido que me asustó un montón de veces». 


«DEBÍA SER LO MÁS ALTO POSIBLE Y OPTAMOS POR LA SOLUCIÓN MÁS ESBELTA. COMO HAY LÍMITE DE ANCHURA DE LA TORRE, HICIMOS DOS»

Aunque suele ser usual adornar fotomontajes y maquetas con vegetación extra o pájaros, en este caso las gaviotas que cruzaban el hueco de las dos torres no eran un mero efecto sobre las imágenes. Seis gaviotas de acero galvanizado sujetadas con cables tensores volarían bajo el cono; pero aseguraban que solo serían visibles cuando la luz del sol se reflejara en ellas. Y es que la visión que tuvo Pérez-Guerras en su encuentro con las gaviotas fue determinante: el edificio debe ser una puerta que dé la bienvenida a Benidorm. Y esa es la única posible especulación que admite sobre su forma. 

La estructura fue sometida incluso a vientos de doscientos kilómetros por hora en un túnel que medía su capacidad de resistencia. «En esa improbable situación en Benidorm, la última planta, a doscientos metros de altura, solo se desplazaría diez centímetros». El diamante está reforzado por una cercha —una superviga, normalmente conformada por un entramado de decenas de barras metálicas— que se construyó en la torre de Poniente y después se desplazó hasta la otra torre, como si fuera un puente.

¿Y el miedo a las alturas? «Yo no conozco a nadie que tenga tanto vértigo como yo. Pero te acostumbras a la altura, le restas importancia. Además, estábamos tan altas que, si mirabas al horizonte, no pasaba nada. Si te asomas, sí se ve pequeña la ciudad. Pero si miras al frente, solo se ve el horizonte del mar», cuenta Consuelo Arana. «Siempre nos imaginamos que la fachada era un espejo para que reflejara el ambiente. El cielo, las nubes, el sol, el mar. Pero no queríamos que fuera un edificio gris si el día estaba nublado», explica Roberto Pérez-Guerras. «La torre Neguri Gane, que también hicimos con el mismo promotor en Benidorm, era completamente blanca, pero al final se quedó gris, de hormigón visto. Pero la InTempo tenía que reflejar el sol siempre. Y como también vimos espejos azules pero no nos gustaban, nosotros decidimos que serían espejos dorados».

En 2017, el fondo de inversión estadounidense SVP Global compró el inmueble a la Sareb, el banco público que asumió los activos tóxicos de las entidades bancarias rescatadas. Y no, el importe no se ha hecho público, pero se estima entre los sesenta millones y los noventa millones, que fue el precio de tasación. El edificio ya estaba ejecutado entonces al 95%, pero aun así se hicieron algunos cambios, incluso en el programa de usos. «El promotor anterior no quería restaurantes, porque no quería perder intimidad. Pero en el nuevo modelo prima que el usuario tenga todos los servicios sin salir fuera», explica Pérez-Guerras. 

La planta de acceso cuenta con una piscina, un chiringuito y otro restaurante. Pero todos los servicios serán exclusivos para el vecindario, sin acceso público. Tras dejar atrás un amplio atrio trufado de vegetación, cada torre cuenta con su propio acceso. El ascensor es sin duda la parte más elegante del edificio: recubierto por completo de espejos, una luz discreta multiplica hasta el infinito los distintos planos. Y en tiempo récord, llega a la última planta del cono. De uso comunitario, la parte que mira hacia la playa cuenta con una piscina climatizada, mientras que hacia la sierra Escalona miran el bar y gimnasio. En medio, una pequeña zona de spa para realizar la transición entre los dos programas con unos acabados discretos, que buscan más un fácil mantenimiento que una lujosa estancia. En la terraza, a ciento noventa y ocho metros de altura, está la postal más buscada del edificio: un solárium con tres jacuzzis rodeados de grava y hierbas aromáticas, con vistas al infinito del mar. 


La mitad de los doscientos cincuenta y seis apartamentos están ya vendidos, incluyendo los dos apartamentos de un millón de euros. El precio arranca en los trescientos mil euros y sube seis mil euros por cada altura. Un 60% de los compradores son españoles, especialmente de Madrid, el País Vasco y Castilla-La Mancha. Bélgica, Polonia, Francia, Alemania y México completan el ranking internacional. Más allá de la espectacularidad de las vistas o la iconicidad de la torre, la mayoría de sus clientes buscan rentabilidad. 

Los pisos se pueden alquilar como apartamento turístico con una estancia mínima de tres noches, y a los compradores que visiten Benidorm por temporadas se les ofrece financiar su compra arrendando el apartamento para la promotora. «Nosotros hacemos arquitectura pensando que cuando uno está llegando del trabajo a casa, pueda ver la luz de su piso encendida y reconocerlo. Por eso cada edificio, cada balcón, nos gusta que sea reconocible, personalizado y distinguible», explica Pérez-Guerras. Aunque ahora también sean activos en los balances de fondos de inversión.

¿Arquitectura del placer o activo financiero?

La apertura del InTempo no solo marca un paso más en la espectacularización de la arquitectura de Benidorm. Ahora el diseño no solo se usa como reclamo turístico, sino que también implica una forma diferente de construir el territorio. Si en los orígenes del modelo turístico genuino, los hoteles y apartamentos fueron ganando altura regentados por familias de la Marina, ahora los rascacielos empiezan a ser un activo más en el balance de cuentas de fondos de inversión globales.

La Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb), más conocida como el ‘Banco Malo’, asumió el edificio en diciembre de 2012 como parte de la deuda de Caixa Galicia, acreedora de la promotora alicantina Olga Urbana. Cinco años más tarde, el fondo estadounidense Strategic Value Partners compró la deuda del inmueble, lo canjeó como dación en pago y encargó su comercialización a la promotora catalana Uniq Residential.

La entrada de la Sareb supuso la salida en la dirección de las obras de la oficina de Pérez-Guerras. Con la entrada en 2017 de la nueva promotora, el estudio del madrileño Rafael Robleado asumió la finalización de las zonas comunes, tanto del diamante como de la urbanización. Este despacho ha declinado hacer declaraciones para este reportaje de la revista Plaza. En el tintero quedan algunas cuestiones sobre la elección de los vidrios o la interlocución entre arquitectos y promotoras, que Pérez-Guerras tampoco ha dilucidado en una de las pocas entrevistas que ha concedido en la última década.

* Este artículo se publicó originalmente en el número 87 (enero 2022) de la revista Plaza

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