María José Martínez, o la cocinera de la miel, como ya muchos la llaman, se subió hace poco a una escalera de 6 metros para recuperar un enjambre. Lo cuenta entusiasmada cuando llegamos a la sede del Observatorio del árbol de Valencia (OMAV), ubicada el el interior de los Jardines de Viveros, que depende de la Concejalía de Parques y jardines del Ayuntamiento de Valencia.
El OMAV se encarga desde 2015 de, entre otras cosas, ayudar a los bomberos con los enjambres que se instalan en jardines o en el cementerio, y desde entonces también lideran el proyecto de Apicultura urbana que en España solo existe en Alicante, Málaga y Tarragona, además de en Valencia. "En 2015 nos llamaron desde bomberos para ayudarles en la recuperación de una colmena en un chopo que había en la plaza del Cedro, era una colmena enorme. Desde esa recuperación, con el apoyo de la concejalía de parques y jardines y alcaldía, se puso en marcha el proyecto de apicultura urbana, se trajo aquí la colmena y se inició el colmenar municipal experimental y divulgativo para ver si era viable", explica Isabel Aviñó es la responsable del OMAV.
Siete años después, ese colmenar ha crecido y ya existen cuatro puntos de la ciudad donde residen los insectos. Además de los Jardines del Real, Patraix, Malilla y la Seu acogen a estas colmenas en las que nacen, crecen y mueren miles de abejas. No se reproducen en las colmenas porque la reina que es la única que pone huevos -hasta 2000 al día cuando es la época- sale a fecundarse fuera del panal. Es la única vez que saldrá de allí. Vuela y busca la compañía de diferentes machos y guarda el esperma para cuando necesite tener descendencia. Chica lista.
Los zánganos tienen mala fama, pero también cumplen su función, que es básicamente fecundar a la reina en los vuelos nupciales. Son los únicos que pueden entrar en otras colmenas que no sean en la que han nacido. Su tiempo de vida dura aproximadamente tres meses y si el alimento empieza a escasear, las abejas obreras expulsan a los machos, que mueren de frío o hambre. Las colmenas son un perfecto matriarcado y a los zánganos solo se les tolera mientras la reina sea virgen. Luego de la cópula, el zángano mueren al desprenderse su aparato genital.