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crónica de las últimas horas del bar

La última tortilla del Alhambra

El Alhambra cerró sus puertas de forma temporal el 15 de julio, pero ayer se confirmaba la triste noticia: el cierre es definitivo

Por | 31/07/2020 | 3 min, 4 seg

Llegué al bar Alhambra a las 15:30 h. con la idea de preguntarle a Benito y Plasen por los rumores que había oído sobre el cierre. Enseguida noté algo raro. Todavía quedaba tortilla. A esas horas eso era algo insólito. Una buena noticia para mí (no había comido), pero una señal aciaga de que lo que hostelería post covid camina por la cuerda floja.  Fui directa a Benito. "He oído que cerráis". "¡Noooooo! Aún nos quedan unos años para jubilarnos, mujer. No eres la primera que nos lo ha dicho", me suelta Benito mientras come.  Yo me contengo para no dar un salto de alegría y le explico dónde he leído la información. Fue en este artículo del periodista Paco Alonso en la Vanguardia.  Supongo que sabía algo que yo desconocía. Paco no suele equivocarse. Puede que Benito y Plasen se lo plantearan durante el estado de alarma y puede que incluso lo comentaran y consultaran con algún asesor. Puede que ya se hubiesen cansado de hacer tortillas, pero algo pasó (quizás les dijeron que necesitaban trabajar un par de años más antes de jubilarse para cobrar una pensión medianamente digna) pero ese día ambos lo desmintieron. Era 14 de julio. El último día que el bar Alhambra permaneció abierto. 

Me senté en la barra y pedí lo de siempre. Pincho de tortilla, una cerveza y para innovar, decidí probar el magro con tomate que tenía pintaza. La tortilla era la de siempre. Gorda, jugosa, con el toque justo de sal. El punto cuajado del huevo revelaba que la tortilla no estaba recién hecha, pero eran casi las cuatro de la tarde, yo estaba hambrienta y feliz porque el Alhambra no iba a cerrar y aquella seguía siendo una gran tortilla. Cuando aún no había terminado con el pincho, Benito se acercó a la barra, cortó un trozo de una segunda tortilla y me lo ofreció. "Para que lo pruebes", me dijo.  Era de patata y ajos tiernos. Le di las gracias y charlamos un poco. "Mira, yo antes de todo esto había días que hacía 20 tortillas y antes de la hora de comer se habían terminado, ahora hago como mucho ocho y mira... ", me dice señalando a la media tortilla que me reposaba sobre la vitrina. "Esto nunca pasaba, y aún así, nosotros tenemos marcha. No estamos mal", señala. 

Al día siguiente, una compañera me manda la foto del bar con la persiana cerrada y un cartel. Cerrado del 15 al 30 de julio. Plasen había sufrido un ictus el mismo día que estuve allí. Con ella también estuve hablando. Es una mujer seria y diligente, pero enseguida que le dabas bola, te acompañaba. Todo el barrio los amaba. Llevaban casi 35 años en esa esquina de Calixto III. Ese mediodía fueron unos cuantos vecinos los que entraron a verles y a hablar con ellos.  El Alhambra era un bar de pueblo en una ciudad. 

Se me hace raro pensar que puede que probase la última tortilla de 4 kilos que Benito cocinó en el que ha sido refugio de muchos vecinos y currantes durante tanto tiempo. Espero que Plasen se recupere y puedan disfrutar de su jubilación. Tantos años de repartir felicidad lo merecen. 


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