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La nave de los locos / OPINIÓN

Las mujeres y la literatura

Foto: PACO NAVARRO

Marginadas del estudio y el conocimiento durante siglos, las mujeres se han tomado también la revancha en el campo de la literatura. Leen más y empiezan a vender más libros que los hombres. El poder femenino ha alcanzado a las letras. Se trata de una moda bendecida por el mercado. Falta por ver cuántas de estas escritoras perdurarán

20/08/2018 - 

Cada tarde de agosto es un dilema para quienes veraneamos en València. ¿Qué hacer?, me pregunto. Si te dejas llevar por la pereza te quedas en casa, reptando del sofá a la cama y de la cama al sofá, pero tienes la sensación de estar perdiéndote algo, y si decides salir has de elegir un sitio a salvo del calor homicida. Un cine es un lugar perfecto para las tardes de verano. Hay aire acondicionado y los asientos, por lo general, son cómodos.

La cartelera, sin embargo, tiene todo lo que me disgusta: películas de ciencia-ficción y de héroes pistoleros, pensadas para personas que no han alcanzado la edad de la razón; alguna de terror que provoca carcajadas y comedias españolas de usar y tirar. Hay que rebuscar mucho para encontrar algo potable. Yo lo hice y di con Mary Shelley, la película de la directora Haifaa Al-Mansour que cuenta la historia de la mujer que escribió, con sólo 18 años, Frankestein o el moderno Prometeo.

Nos reunimos unas treinta personas en una sala de los Babel. La mayoría eran mujeres; algunas con cara de profesoras de instituto. La media de edad rondaba los cincuenta años. Gente educada que se mantiene en silencio durante la proyección, lo que es de agradecer.   

De aquella novela convertida después en un clásico se han cumplido 200 años de su publicación. Mary Shelley, que adoptó el apellido de su marido, el poeta Percy Shelley, fracasó al principio en su intento de ver editado su libro. Tenía un doble problema: era mujer y, además, muy joven. La primera edición fue anónima, sin su nombre, y los lectores creyeron que detrás de la historia del monstruo estaba la mano de su marido.

Una literatura hecha por hombres

La historia de la literatura fue, hasta hace bien poco, más o menos hasta el siglo XIX, una lista de nombres masculinos. Durante siglos la mujer, relegada a las tareas del hogar, fue excluida de la enseñanza. Esto también vale, con muy pocas excepciones, para la admirada Grecia clásica. Sólo a partir de la Revolución Francesa e Industrial, algunas mujeres se abren paso, frente a la oposición de los hombres, en el campo de la literatura. Aparecen Madame de Stäel, Jane Austen, las hermanas Brontë, Mary Godwin Wollstonecraft (así se llamaba Mary Shelley de soltera)...

Los escaparates y los principales expositores de las librerías están copados por mujeres. Lo femenino (y feminista) cotiza al alza en el mercado literario

En España la situación fue peor para ellas. En un país en el que la población analfabeta ha sido mayoritaria hasta hace sólo 60 años, la mujer tenía vedado el acceso al conocimiento y el estudio. Antes de la Edad Contemporánea, las mujeres escritoras lo tuvieron todo en contra; algunas como Santa Teresa de Jesús se enfrentaron a la Inquisición. Vienen a mi cabeza los nombres de María de Zayas, precursora de la literatura feminista, Sor Juana Inés de la Cruz y, en valenciano, Isabel de Villena. En el siglo XIX la literatura sigue siendo patrimonio masculino con las salvedades de Fernán Caballero, pseudónimo de Cecilia Böhl de Faber, Rosalía de Castro y la condesa de Pardo Bazán, célebre por Los pazos de Ulloa y precursora del género policiaco en España.

En mi vida como lector admito haber tenido gustos homoliterarios, es decir, me he inclinado por autores masculinos en perjuicio de las mujeres. No toda esta culpa, si es que de culpa puede hablarse, es mía porque, como apunté antes, los hombres han ejercido casi el monopolio de las letras hasta bien entrado el siglo XX. Pese a lo dicho, he sido feliz descubriendo las obras de autoras españolas como Carmen Laforet, Mercè Rodoreda (esta en catalán), Ana María Matute, Adelaida García-Morales y, por encima de todas, María Zambrano, la primera escritora de nuestro país en el siglo pasado. Zambrano, discípula de Ortega, luego exiliada por su apoyo a la República, fue una ensayista brillante, poseedora de un talento excepcional que se manifiesta en libros como Delirio y destino, Claros del bosque y España, sueño y verdad.

Los títulos de mujeres copan las librerías

Los tiempos han cambiado, para suerte de las mujeres, que tienen las mismas posibilidades de estudiar que sus compañeros. Son mayoría en la universidad y leen más que ellos. Muchas han decidido ser escritoras. Si vais a una librería, los escaparates y los principales expositores están copados por mujeres. Lo femenino (y feminista) cotiza al alza en el mercado literario. Entre las mujeres hay una predisposición a leer a mujeres como reacción, me imagino, a la discriminación que unas y otras padecieron durante siglos.

La reivindicación del poder femenino en las letras es comprensible desde ese punto de vista; otra cosa bien distinta es que de esta moda sobrevivan algunos títulos. No creo que Reyes Monforte, Julia Navarro, Matilde Asensi, Elísabet Benavent, Mónica Carrillo y María Dueñas, todas ellas autoras muy vendidas, sean herederas de Virginia Woolf y Sylvia Plath. Ni siquiera están a la altura de Corín Tellado. La suya es una literatura de consumo como la que cultivan algunos escritores, fácilmente olvidable. Casos distintos serían, por ejemplo, los de Marta Sanz, Sara Mesa y Belén Gopegui

Con todo, bienvenidas seáis las mujeres al campo de batalla de la literatura, espacio muy apropiado si se es caníbal y egoísta, en el que el sexo, además de la clase social o la ideología de cada cual, no garantiza la calidad de la obra. Lo que te sitúa entre los grandes es el esfuerzo, el trabajo, la modestia y el orgullo a partes iguales, el plagio inteligente, el amor a la lentitud, la tenacidad, el tener voz propia y el no dejarte confundir por el ruido del mundo. Si, además de lo dicho, posees talento, puedes llegar a ser Mary Shelley. ¿A qué esperáis, chicas, para intentarlo?

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