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el muro / OPINIÓN

Legislar para sumar

En los países desarrollados existen marcos legales para hacer participar al sector privado en la vida social y cultural

25/10/2015 - 

El éxito obtenido por el Palau de la Música gracias al concierto de inicio de temporada de la Orquesta de Valencia (OV), patrocinado por Aguas de Valencia (AV) con motivo de su 125 aniversario, nos conduce a varias reflexiones. E incluso a sugerir un debate a fondo y más interesante en torno a los límites y encuentros entre lo público y lo privado. Todo ello sin entrar a valorar la presencia política en el auditorio y los gestos concatenados.

A) No es cierto que la sociedad valenciana no esté dispuesta a participar en actos populares y/o culturales cuando se le anima o invita. Llenar el Jardín del Turia para seguir la Novena de Beethoven por pantalla grande fue una demostración lo suficientemente contundente para animar a repetirla. Los asistentes se fueron encantados. Arrancaron en aplausos frente al plasma. Fui testigo. Se compartió un hito.

B) Sí existen empresas capaces de tener sensibilidad hacia la cultura y ser participes de ella, o con deseo de querer revertir a la sociedad aquello que ésta le ha dado, que es un principio de generosidad. Un acierto de AV como lo han sido otros detalles recientes en esta celebración, como el reconocimiento al Tribunal de las Aguas o su exposición conmemorativa.

C) ¿Mimamos de verdad y lo suficiente, e incluso animamos a la sociedad empresarial y civil a participar de la vida pública bajo criterios de calidad y responsabilidad solidaria? Me explico. ¿Pone el poder político los suficientes mecanismos para que entre todos juguemos en el mismo tablero y la sociedad se beneficie de aquello que financia con sus impuestos? ¿Existe real interés desde la esfera pública por establecer vínculos civiles? ¿Hay contacto, proximidad y sobre todo vehículos que permitan a las empresas encontrar soportes fiscales amables para que las acciones no sean puntuales o pasajeras y sí vinculantes y duraderas?

No existen demasiados ejemplos que podamos anotar a estas alturas. Es una lástima. No sucede así en la gran mayoría de países desarrollados que han encontrado amplios marcos legales desde los que poder hacer participar al sector privado en la vida social y cultural en forma de conciertos, exposiciones, congresos, patrocinios sólidos, o acciones sociales y solidarias.

El problema, seguramente, son las normas. AV efectuaba su gesto, pero no sabemos si lo repetirá o habrá otras firmas interesadas en seguir su estela. ¿Por qué? La legislación en torno a la participación de lo privado en lo público quizás sea por aquí todavía bastante débil e insuficiente.

Un reciente informe de la Cuenta General de la Generalitat confirmaba que el Palau de les Arts y IVAM han mantenido en los últimos años un importante declive en materia de patrocinios, fundamentales en la actualidad debido a la época de penurias presupuestarias y agujeros contables.

En el caso del Palau de les Arts, los ingresos por patrocinio pasaron de los 868.558,37 euros a los 429.262,28. Con respecto al IVAM, si el descenso de 2012 a 2013 ya rozaba el 70%, de los 265.000 euros a los 82.453,47, el ingreso en este concepto durante el pasado año apenas supuso un ingreso de 55.000 euros. Suficientes datos de momento para analizar fríamente.

¿Qué falla? Sí: la crisis, la desafección del empresariado con las actividades culturales, la falta de sensibilidad, el desapego y hasta el desconocimiento legal. También la ausencia de mediadores o de proyectos ilusionantes pero, sobre todo, de mecanismos legales ambiciosos capaces de hacer ver a nuestros empresarios que la cultura podría ayudar a tender puentes y, al mismo tiempo, obtener bonanzas fiscales. ¿De verdad las leyes existentes en la materia han ayudado en algo o ayudan lo suficiente? Al parecer, no del todo.

A finales del pasado 2014 la Generalitat aprobaba una Ley de Mecenazgo cuyo recorrido real desconozco en profundidad pero que, al parecer, no ha sentado las bases necesarias. Quizás las dudas obedezcan a la ausencia de un desarrollo formal legislativo. No todo consiste en aprobar una ley. Hay que creer en ellas e irradiarlas, con garantías reales y beneficios sensibles.

Esa Ley, de las muchas que se han aprobado en las últimas legislaturas y tantas sin desarrollar, llegó a su debate final sin consenso de ningún tipo. Ahí radica uno de los problemas. Este tipo de normas son lo suficientemente importantes para que los acuerdos sean unánimes. No se trata de elaborar un texto porque sí, sino de que todos sean protagonistas del compromiso.

La ley hablaba de crear una Oficina de Mecenazgo que iba a gestionar el plan o la distinción Pere María Orts'de Gran Mecenas de la Comunidad Valenciana mediante decreto del Consell, e incluso el desarrollo reglamentario del Estatuto de Gran Mecenas. No conozco nada de nada.

Grave error legislar por legislar cuando muchos expertos advertían del problema, la encrucijada a la que se iba a llegar antes o después. Una ley no puede decidir, como advirtieron en su día desde muchos círculos, que por decreto la sociedad económica o civil financie proyectos de investigación o cultural pero que al mismo tiempo sea la Administración de turno la que decida en qué invertir lo que uno ha querido donar. No se trata de “convencer” por afinidad económica o política, como ha sucedido en otras ocasiones. No. Se trata de sumar.

Por ello, el hecho de que al concierto del Palau de la Música asistiera la plana mayor de nuestra sociedad política fue muy importante. Fue mucho más que un gesto: un reconocimiento.

Ahora que Les Corts se han animado a revisar leyes –la de Símbolos, al margen de ser otro gesto no significa en sí misma que una norma pueda llegar a unir corazones ni sentimientos- bien estaría revisar la de Mecenazgo para hacerla grande y muy útil. Al caso de Aguas de Valencia me remito. Más de uno se animaría si en ella encontrara soluciones ilusionantes. La sociedad civil y empresarial es lista. Mucho más de lo que imaginamos. Y hay que contar con ella. Así sucede en el mundo moderno. Legislar no es simplemente ordenar.

Felicidades a Aguas de Valencia, por su cumpleaños y compromiso. Ojala anime a nuevos protagonistas.

Un último ejemplo de aproximación civil fue la reciente entrega de los Honores y Distinciones del Ayuntamiento de Valencia. El detalle de pluralidad, convivencia y diversidad del alcalde, Joan Ribó, y su consistorio es de agradecer. Volver a la normalidad, como ya demostró en su momento aunque en solitario la exconsellera de Educación y Cultura, María José Català, frente a los muros hostiles es más que importante para que nuestra sociedad camine unida al margen de afinidades, ideales, programas e ideologías. Nunca sobra nadie. El sectarismo sólo sirve para enfrentar y dividir. Es lo menos aconsejable. Al menos sabemos que la música une.

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