VALÈNCIA. Un cine lleno para ver presentaciones en PowerPoint o empezar un taller de escritura. Un grupo de desconocidos que se sientan juntos a ver una película y se quedan después a comentarla mientras se beben una cerveza. Un bar en el que, entre semana, unas cincuenta personas compiten por responder preguntas culturales. O una librería donde gente creativa se reúne para hablar de fotografía, arte, diseño, literatura o moda. No es casualidad. En distintos puntos de València conviven desde hace tiempo propuestas que se alejan de la programación cultural más tradicional para explorar otras formas más informales y participativas, donde el público deja de ser solo espectador.
No se presentan, además, como “citas imprescindibles” en la agenda cultural y, sin embargo, consiguen algo que no siempre es fácil: generar comunidad. Son espacios donde se puede ir solo, pero no sentirse solo; donde no hace falta saber, aunque a veces ayude; donde lo programado importa, pero también estar a gusto.
En este movimiento, lugares como los Cines Babel, ABC o la librería Bangarang empiezan a funcionar también como contenedores culturales abiertos. Espacios que no solo programan, sino que amplían la forma en la que el público puede estar dentro de ellos. Pero, ¿por qué están funcionando ahora este tipo de formatos híbridos? ¿Qué tipo de comunidad generan y qué le están aportando a esos espacios?
Guillem Beltrán López, socio desde hace un año y medio de Babel, explica que siempre ha entendido los cines como “un contenedor cultural, donde aunque la actividad principal es ver películas, también se pueden alojar otras propuestas”. Solo hay que revisar su agenda. Este sábado acogen una nueva sesión de la PowerPoint Party impulsada por Álvaro Góngora y, además, el próximo 13 de abril inician un taller de escritura semanal con la poeta Elsa Moreno, destinado a quienes estén desarrollando un proyecto propio y quieran compartir ese proceso, habitualmente solitario.
“De manera objetiva no podemos decir si ha habido un gran cambio, porque todavía no tenemos datos, pero sí que hemos notado mucha gente joven, sobre todo en la cafetería que antes apenas usaban, algo que sí está constatado en la facturación. Los eventos tienen respuesta y también lo hemos visto reflejado en nuestras redes sociales”, explica Beltrán, quien apunta que programar este tipo de actividades en un espacio como los Babel también influye por “el sello de calidad” que arrastra. “No siempre es fácil impulsar un curso de guión, pero aquí funciona, porque el espacio ya tiene cierta calidad”.

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La PowerPoint Party en los Cines Babel
En el caso de la PowerPoint Party, la propuesta de Álvaro Góngora ya contaba con un grupo asiduo de público antes de su salto a los Cines Babel, donde aterrizó hace apenas un mes. De hecho, ya van por la 17 edición. La dinámica es sencilla, pero no falla: varias personas se suben al escenario para presentar, con apoyo de las famosas diapositivas de Microsoft, aquello que consideran digno de exposición. Desde historias personales hasta teorías improvisadas o ideas que normalmente quedarían en una conversación entre amigos. En este ocasión, el tema es Expediente X, Ex, Ex, Exes, una temática que gira en torno a las relaciones pasadas, entendidas no tanto desde el drama original como desde la distancia que permite revisarlas con humor. Como ocurre en cada sesión, el tema funciona más como excusa que como marco cerrado, dando pie a enfoques muy distintos.
“Todo surgió en una cena con amigos. Lo organicé y gustó tanto que otros amigos lo vieron por redes y me pidieron repetirlo. Así que nos fuimos directamente a un bar, hasta que este se quedó pequeño y pasamos a la Mina y de ahí a los Babel”, cuenta Góngora sobre una propuesta que ha crecido de manera orgánica y sin demasiada pretensión inicial.
Así, con el paso de las ediciones también ha ido cambiando el tipo de público. “Al principio era gente de mi entorno, más vinculada a lo creativo o a la organización de eventos, pero poco a poco se ha ido abriendo. Ahora ya no me suenan todas las caras, y eso es guay. Al final viene gente que busca una propuesta diferente, una alternativa a un ocio más tradicional, pero que también tiene esa parte de pasarlo bien”, señala. La llegada al cine, además, ha ampliado ese perfil hacia un público más diverso e intergeneracional.
Para Góngora, ese paso a los Cines Babel, uno de sus espacios preferidos en València, tiene más que ver con el contexto que con el tamaño. “Me gusta mucho que algo que puede ser tan ‘serio’ o tan ‘sacro’ como el cine de repente dé cabida a una propuesta completamente informal”, explica. En ese traslado también cambia la lógica del propio formato. “En una sala de cine estás acostumbrado a sentarte y mirar, pero aquí se rompe esa unidireccionalidad. La idea es que se convierta en algo más colectivo, donde el público pueda hablar, reír, participar”.
Aun así, reconoce que no siempre es fácil encontrar a las personas que suben a presentar. “Cuesta, porque al final es exponerte delante de mucha gente”, reconoce. Y, sin embargo, ahí aparece uno de los efectos más interesantes del formato, porque -como apunta Góngora- las PowerPoint Party “han servido a mucha gente para enfrentarse a un micro y perder ese miedo inicial. Personas que pensaban que no podían hacerlo acaban participando y sorprendiéndose a sí mismas.”
Ese crecimiento también empieza a salir de València. Aunque el formato nació aquí, ya se han hecho sesiones en ciudades como Sevilla o Vic, organizadas por Míriam Ferrer de Lisasinson, abriendo la puerta a que deje de ser una propuesta estrictamente local.

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El Club de Cine Inexperto en los Cines ABC
Desde otro lugar, ha aparecido el Club de Cine Inexperto en los Cines ABC, impulsado por Melany Domínguez, mente creativa de la marca de journaling It’s OK Generation. Una propuesta reciente -cuenta con una única sesión hasta ahora; la próxima tendrá lugar el 8 de mayo con Her de Spike Jonze- y que plantea ver una película en grupo, aunque todas las personas van solas (así lo asegura un proceso de sorteo), para después comentarla con una cerveza. El punto de partida, hablar entre inexpertos, cambia además el tono. Aquí no hace falta entender de cine ni tener un discurso afinado, basta con compartir lo que la película ha despertado en cada uno. En ese sentido, la propuesta conecta con el proyecto de la valenciana, centrado en el cuidado personal, trasladando una práctica íntima a un espacio colectivo.
“Aunque parecen experiencias muy distintas, en el fondo tienen mucho en común. Cuando escribes en un diario, pones en palabras tus emociones para entenderlas mejor. Cuando comentas una película en grupo, haces algo muy parecido: verbalizas lo que te ha hecho sentir, lo interpretas y, al compartirlo, también lo ordenas internamente. Además, en los dos casos hay algo clave: el significado no es único ni cerrado. Igual que cada persona escribe desde su propia perspectiva, cada uno interpreta una película de forma distinta. Y ahí es donde ocurre algo interesante: ves otras formas de sentir y pensar que quizás no habías considerado. La diferencia es que el journaling es un diálogo contigo misma, mientras que comentar una película es un diálogo con los demás. Pero ambos espacios te ayudan a lo mismo: conocerte mejor y entender un poco más el mundo emocional, tanto el tuyo como el de otros”, explica Domínguez.
Esa relación entre lo íntimo y lo compartido es precisamente la que da origen al club, aunque su planteamiento inicial era distinto: ver la película por separado y comentarla después, como se hace con los clubs de lectura. Fue tras anunciarlo en redes cuando los propios Cines ABC se interesaron por la propuesta y ofrecieron acogerla en su sala VIP, con capacidad para 24 personas, dando lugar a una experiencia más completa. “Es un lujo que los cines apoyen un proyecto tan pequeño. Aquí es cuando el club cobra otra envergadura”.
Pero, más allá del formato, la propuesta conecta con una necesidad bastante extendida. “Hay muchísimas personas que se sienten solas y echan en falta la interacción en persona. Tener un club al que puedas asistir sin conocer a nadie es una buena oportunidad para conocer a personas nuevas y conectar con gente que igual no te cruzarías en tu día a día. Además, creo que ha gustado mucho esto de que no haga falta ‘saber’ o ‘ser experto’ en nada para participar. Un lugar donde puedes simplemente estar, sentir, escuchar o compartir desde donde te apetezca en ese momento. Relacionarnos más desde el “a ver qué pasa” que desde el “tengo que hacerlo bien”.
Ese planteamiento también se traslada, como señala Domínguez, a la forma de acceso: no se compran entradas directamente, sino que se accede mediante un sorteo que busca que las personas no se conozcan entre sí. “Todos partimos de la misma base, no se forman grupitos -más bien un gran grupo- y además no tienes que estar pendiente de buscar a alguien que venga contigo, algo que frena a muchas personas a la hora de hacer ciertos planes. Esta idea está inspirada en Party Club, un colectivo también de València que organiza fiestas para comer pasta y conocer a gente, al que tuve la oportunidad de ir”.
En la primera sesión, ese equilibrio funcionó. “Me daba un poco de miedo que a la gente le costara interactuar, pero se generó una conversación muy fluida, donde todo el mundo aportaba su punto de vista. De hecho, creo que todas las personas que acudieron compartieron sus sensaciones en el coloquio tras la película.”

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Tremendo Trivial en el bar L’Ermità
Un miércoles cualquiera, medio centenar de personas se reparten en equipos de 2-7 jugadores, y se preparan para responder preguntas de cultura general. Así funciona Tremendo Trivial, un formato que lleva tiempo ocupando el bar L’Ermità. La dinámica es reconocible, los participantes compiten por acertar bloques de preguntas que van de la actualidad a la literatura, pasando por ciencia o música, pero de nuevo el tono cambia. Aquí la cultura se mezcla con lo lúdico, lo rápido y lo ligeramente kitsch.
El proyecto nace en 2019, cuando Fiona Songel propone a Albert Martínez dinamizar el sótano de una librería con alguna actividad cultural y acaba generando un público fiel que, con el tiempo, se traslada a otros espacios. “La gente viene en grupo, muchas veces amigos, pero también se acaba generando algo más. Hay equipos que repiten desde hace años”, señala Martínez, que ha visto cómo alrededor del trivial se han formado dinámicas propias e incluso relaciones que van más allá del propio juego.
Ese arraigo también se nota en la relación con el espacio. En su paso por librerías, el formato funcionaba como puerta de entrada para nuevo público, que acababa comprando. En el bar, en cambio, la lógica es distinta pero igual de efectiva. “Ese día el espacio es solo para nosotros, no hay clientes descolocados, y se genera una simbiosis muy natural”, explica. Una fórmula que, además, permite llenar un local entre semana con más de cincuenta personas.
“Creo que soy bastante defensor de ocupar espacios diversos. Aunque se haga alta o baja cultura, no entiendo la diferencia, son bares que todos frecuentamos, y L’Ermità tiene bastante encanto”, apunta. En ese sentido, el trivial funciona como punto intermedio: no es académico, pero tampoco es solo consumo pasivo. “La gente tiene ganas de hacer cosas distintas. Salir a un bar está bien, pero si le añades un aliciente, cambia la experiencia”.
Siete años después, el formato sigue funcionando sin grandes cambios. “Yo no esperaba que esto aguantara tanto tiempo. Y si la gente dejara de venir mañana, ya sería un éxito rotundo”, reconoce. Pero, por ahora, la respuesta se mantiene: los equipos se llenan, las plazas vuelan y las inscripciones -que suelen hacerse por mensaje directo debido al aforo limitado- se completan con rapidez. La próxima cita será el 15 de abril.
Martínez lo vincula también a una red más amplia de iniciativas que comparten público y espíritu en la ciudad. “Al final nos vamos conociendo todos. Hay una escena de gente que quiere hacer cosas, pasarlo bien y montar proyectos culturales desde otro lugar”, señala. De hecho, espacios como la librería Bangarang acogen también los ciclos Cuadernos Bla Bla, encuentros en los que distintas personas comparten procesos o proyectos creativos en un formato breve y cercano. Y hasta podría aparecer pronto en la ciudad alguna propuesta de vermut y petanca dentro de ese mismo ecosistema.