CASTELLÓ. Pedro Simón, el periodista que se ha colado en la exclusiva lista de los escritores que venden sus libros por miles, ha elegido la Feria del Libro de Castelló para presentar 'Lo inesperado', la novela publicada por Espasa que cierra su celebrada trilogía de la familia iniciada con ‘Los ingratos’ y continuada con ‘Los incomprendidos’. El Parque Ribalta ha sido el escenario del estreno nacional de su última obra, algo muy poco habitual por la complejidad de las fechas de las ferias. En sus páginas, el autor madrileño vuelve a poner el foco en el paso del tiempo, las heridas que deja la vida y la capacidad de sobreponerse a ellas. Eso sí. Tal y como él mismo comenta en conversación con este diario, en este libro su apuesta pasa por infundir un tono más luminoso y esperanzador, aunque sin renunciar a la intensidad emocional que caracteriza su narrativa. ¿Su búsqueda? Consolidar una voz narrativa que conecte de forma directa con los lectores.
-¿Podemos decir que estamos ante un libro que, pese a la dureza de algunas de las cosas que narra, es un libro feliz?
-Sí. Creo que es uno de mis libros más luminosos. Y no solo me refiero a esta trilogía, que también. Tanto en 'Los ingratos' como en 'Los incomprendidos' se habla del paso del tiempo como algo negativo, y en 'Lo inesperado' se hace referencia a ese paso del tiempo como algo positivo. En este libro nos encontramos con esas cosas que empiezan tarde y que precisamente por ello, porque quedan menos tiempo para disfrutarlas, importan mucho más. Opino que todos tenemos una herida y que en esa herida siempre hay una historia que contar. Lo notable en la vida no son las cosas que nos suceden sino cómo las resolvemos. En 'Lo inesperado' ocurren muchas situaciones complejas y los personajes las resuelven de un modo concreto y no de otro.
-¿Buscas en tu libro saber cómo se comporta la persona ante lo inesperado?
-Claro. La vida son encrucijadas y es la toma de decisiones. Lo que a una persona le va a definir, las cinco líneas de tu Wikipedia, no será que te dieron un premio literario o que has tenido cinco hijos, sino cómo afrontaste quedarte sin trabajo o que se te haya muerto un hijo. ¿Cómo saliste adelante cuando te anunciaron que sufrías una enfermedad jodida? Esa es la respuesta que busco en esta novela. Porque esas son las cuestiones que nos definen. Lo inesperado no siempre es malo, por cierto. Lo inesperado puede ser algo fabuloso. Incluso en la vida puedes creer que te está pasando algo bueno y de repente viene algo mejor y te explota la cabeza. Y en este libro que presento eso sucede justo cuando es el tiempo de descuento y ya creías que no te iba a pasar nada de nada. Me parece maravilloso.
-Hacia el final de 'Lo inesperado' preguntas precisamente eso. ¿Qué hacer cuando te sucede algo impactante en el momento que, por ser tan mayor, pensabas que estaba todo hecho?
-Así es. A saber qué te puede llegar. Por eso te hablaba antes de la vida y del paso del tiempo en clave positiva. Considero que lo contrario de la muerte no es la vida. Creo que lo contrario de la muerte es el amor.
-Un personaje de 'Lo inesperado' apunta que es la pasión.
-Exacto. La pasión. Cuando tienes una pasión, estás a salvo. Tienes un búnker en el que meterte. La pasión puede ser leer, puede ser la escalada, puede ser dibujar, puede ser componer música, puede ser cocinar recetas de pescado... Lo que sea, pero si no tienes una pasión, cuando vengan las cosas jodidas, ¿dónde te metes? Por eso considero que lo que te están enseñando los dos personajes más punkis de la novela, que son dos octogenarios, es que tienen una pasión con 80 años. Y ese deseo puede estar en la piel de los otros o puede estar en el deseo de querer jugar otro partido.
-Pero insisto, hay mucho dolor en las páginas de este libro. ¿No tuviste miedo de poner al lector frente a tanto padecimiento?
-Es que este libro tiene mucha más luz que oscuridad.
-Suceden cosas muy dolorosas…
-Sí. Es cierto que pasan cosas dolorosas, pero cuando vas cumpliendo años vas gestionando pedradas. A ti mismo te habrá sucedido que a tu edad habrás tenido entre manos cuestiones mucho más complicadas que cuando tenías 15 años. Y eso les ocurre a los que cumplen años en la novela. El dolor y las heridas funcionan como un espejo, y todos tenemos cicatrices. Vuelvo a lo de antes, pienso que lo reseñable es verse esas cicatrices en un espejo una mañana y decir qué guapa estoy con mis cicatrices y qué bien me llevo con ellas. Eso acaba pasando. Lleva tiempo, pero yo creo que los personajes de mis novelas se llevan bien con sus cicatrices. Y eso me parece ejemplar, esa gestión de la herida. Literariamente no me interesa tanto la sangre sino la herida, que tiene que ver con restañar. En 'Lo inesperado' te enfrentas a ese momento de restañar la herida, ¿no?
-Sí. Se ve en el accidente de coche o en las enfermedades como el cáncer o el Alzheimer que aparecen en el libro.
-Efectivamente. A partir de ahí trabajo con mis personajes.

Foto: Esteban Palazuelos
-¿Por qué aparece el Alzheimer en varios de tus libros?
-Ha sido algo un poco azaroso. En el caso de la composición de ‘Lo inesperado’ quise contar una enfermedad que no fuese brusca, en la que la forma de irse fuera lenta y que tuviese humor también. Tengo familiares con enfermos de esta terrible dolencia. Lo digo para que quede claro que no quiero banalizarlo. Ellos me comentan que han podido reír en el día a día con el enfermo, porque llega un momento que tienes que reírte. Aparte de eso, veo mucha ternura en el cuidado. Como decía Joan Margarit, cuidar a quien se ama no es un sacrificio sino una extraña forma de privilegio. Considero que puede haber amor, mucho disfrute y hermosura en el cuidado. Esto me lo ha dicho gente.
-¿Por qué utilizas la cursiva en la novela?
-Para cambiar de registro narrativo. Cuando aparece el narrador omnisciente, el dios literario que todo lo sabe, ahí escribo con cursiva. Y cuando los personajes hacen un monólogo interior hablando de ellos son en redonda. Es un recurso puntual que he utilizado para escribir este libro; no es habitual en mi literatura.
-¿Eres consciente del momento 'Cinco horas con Mario' que viven tus dos personajes octogenarios cuando les hablan a sus cónyuges ya fallecidos?
-Miguel Delibes me parece un escritor muy inspirado. Mi familia es de Zamora, cerca del Valladolid del escritor, y me importa especialmente su mirada al medio rural o al medioambiente. Delibes es un escritor de viajes, incluso de los emocionales. Nadie como él retrató esa España que iba de la transición a la democracia. Nadie como él retrató esa España que iba en diáspora desde los pueblos hasta las ciudades. Nadie como él retrató esa España que iba de la infancia a la adolescencia. En Castilla es el escritor referencial, por lo menos para la gente de nuestra generación.
-Esos momentos de monólogo interior de los octogenarios desengrasan mucho la densidad del dolor que se sufre en la novela.
-Desengrasa, sí, me imagino que sucede así. Leer es ponerte en los zapatos de otro, pero escribir también. Y a veces los zapatos de los demás te aprietan, porque tú tienes que ser el otro con su dolor, con su tara y con su carencia. No vale que no pongas toda la carne en el asador.
-¿Te ha costado escribir según qué pasajes del libro?
-Me costó mucho más escribir ‘Los siguientes’, porque el paso del tiempo ahí no sucede en clave luminosa como en ‘Lo inesperado’. Hay pasajes en los que convulsionas, y está bien que tú sientas ese dolor y que te emociones escribiendo. Cuando le preguntaban a la cantaora flamenca Tía Anica la Piriñaca cuándo sabía que había hecho una buena actuación, ella contestaba que cuando la boca le sabía a sangre. Pues eso escribiendo te pasa a veces, y está bien que así sea porque significa que estás tocando algo, que estás ahí.
-¿Te ha pasado algo inesperado mientras escribías ‘Lo inesperado’?
-Lo que estoy deseando que me pase inesperado es que el Atlético de Madrid gane la Champions.