‘Sin título’, la publicación que confabula sobre el poder de los nombres propios

Libros y cómic

CON CAROL Y CARMEN
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VALÈNCIA. Se crea una sinergia especial cuando dos personas que tienen el mismo nombre coinciden. Hay algo mágico en que los padres de cada una decidieran, más allá del santoral, poner a sus hijos el mismo nombre. Dos Alfonsinas que fueron nombradas por una canción dedicada al mar, un par de Alejandros que tienen mucho menos poderío que aquel apellidado Magno y quién sabe si algunas Macarenas bailarinas. 

En esta coincidencia hay un punto de pertenencia especial en el que se genera comunidad. La misma que cuando se regala algo con la inicial de cada uno. Este punto en común, no tan único pero sí especial, es el que exploran Carol -sí, Carol y no Carolina- y Carmen en la última publicación de Estudio Ejemplar: Sin título, exploraciones visuales sobre lo que significa ser nombrada, un ensayo visual que parte de la pregunta: “¿Seríamos las mismas personas si nos llamásemos de otra manera?”.

 

  • Durante la presentación de Sin título -

 

A través de restos de sus nombres que encuentran por el mundo, en camiones, camisetas, pegatinas y demás, conforman un ensayo único que habla del poder de ser nombradas. “Nos interesa aprender sobre el nombre propio y la identidad, fue una conversación que surgió entre nosotras y con la que nos pusimos el ejercicio de pensar si seríamos las mismas personas con otro nombre. A partir de leer Sobre la capacidad semántica del nombre propio (1996) de Maximiliano Trapero, comenzamos a cuestionarnos si el nombre es algo que te hace sentir único o única si lo compartes con otras personas, cosas, lugares, objetos y demás. A raíz de esta idea vimos que tenía potencia como ensayo visual”, destacan desde Estudio Ejemplar.

 

Trapero, en su publicación, destaca que “El nombre propio no hace sino identificar -individualizar- a aquellas clases de objetos previamente clasificados por el nombre común”, y es en esta idea en la que Carol y Carmen se encuentran con los objetos que tienen sus nombres y que se relacionan con su identidad. Jugando a un veo veo con sus propios nombres allá donde fueran -y hasta aborreciéndolos- reflexionan sobre una grafía que se repite y que habla del yo. Este juego es el que se traslada a las páginas de Sin título, que están plagadas de fotografías que las identifican, aunque no siempre les representan. “Me hace gracia de repente bajar a la calle y ver un coche con un vinilo que pone Carol, y ver mi nombre en lugares en los que no me lo esperaba. Una vez empezamos este trabajo, empezamos a ver Carol y Carmen en todas partes”, destaca Carol sobre este trabajo. 

 

  • Imágenes cedidas por Estudio Ejemplar -

 

“Muchas veces ves tu nombre escrito en un vinilo o una pared y sientes que te apela aunque no sea para ti. Cuando empezamos a crear este archivo, empezamos a encontrarnos en imágenes de internet y en la calle, era como que no nos pertenecían, pero que llevaban una parte de nosotras implícita”, señalan desde Estudio Ejemplar. En este ejercicio, y más estando en València, encontraron muchas más imágenes con el nombre Carmen que con el nombre Carol, y es por ello que decidieron abrir su búsqueda a Carolina. Aun así, acabaron “aborreciendo su nombre” y decidieron ponerse un límite para no abarrotar esta publicación ni querer cambiarse el nombre del documento de identidad. 

 

Como idea clave, la publicación concluye con una reflexión: “Tal vez, al final, un nombre sea menos una definición y más un punto de partida. No nos determina, pero nos acompaña. No nos encierra, pero nos nombra ante el mundo. Y aunque podamos cambiarlo, moldearlo o resistirlo, de alguna manera, siempre deja una huella en quienes somos”. Una idea amparada también desde el diseño, que las define como creadoras y como personas. Sin título está plagado de guiños a quienes somos. A lo largo de más de doscientas páginas se ve, más allá de los nombres, un diseño en formato 10x15 centímetros que hace referencia a las fotografías clásicas del álbum familiar, “ese lugar donde empezamos a construir memoria e identidad”.

 

  • Durante la presentación de Sin título -

 

El rojo baña toda la publicación como “un elemento con presencia propia, inevitable y reconocible, igual que un nombre”, y Carol y Carmen llenan las páginas con once letras que les llevan acompañando desde que nacieron. Ahora bien, la pregunta del millón: ¿Por qué se llaman así? Carol explica que su nombre le viene dado por la que fue la mejor amiga de la carrera de su madre, que se llamaba así: “Carol a secas, y no Carolina”. Carmen se llama así por una cuestión más tradicional, aunque, pudiendo elegir, se habría querido llamar Susana, que es el nombre “que ponía a sus personajes en los Sims”. Carol, por la pelea que le ha dado explicar que su nombre es así y no viene de acortar Carolina, se querría haber llamado Cala, que curiosamente emplea tres de las letras ya existentes en su nombre. 

 

En cualquier caso, Cala y Susana, o sea Carol y Carmen, se dan la mano entre las páginas de una publicación que se sorprendería gratamente si entrara al escritorio de cualquier estudiante, en el que se encontraría con otros muchos documentos “sin título” con los que cuestionarse por qué sus dueños no le dieron un nombre propio. Aun así su nombre nace de la necesidad de ser nombrados, y hasta en un escritorio repleto de cosas podrían encontrarse con su gemelo al que decidieron llamar igual, y con el que confabular sobre el poder de ser -o no- nombrados. 

 

  • Durante la presentación de Sin título -

 

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