‘Valencia. Luz y ceniza’: un paseo ilustrado por la ciudad junto a Raquel Bada y Rosa Fuster

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VALÈNCIA. Existe un dicho popular que dice que para disfrutar bien de una ciudad hay que verla desde los ojos de un turista, o al menos con su curiosidad. Un dicho que en pleno siglo XXI, con una ciudad completamente gentrificada y unos alquileres asfixiantes para los valencianos, resulta imposible de imaginar, ni mucho menos de idealizar. Cuesta mucho pensar cómo amar una ciudad que parece que expulsa a sus ciudadanos, pero aun así siempre hay pequeños tesoros que ayudan a que uno pueda reenamorarse una y otra vez. Uno de ellos está encuadernado, tiene unas 240 páginas y está hecho con mucho amor y talento.

Se trata del libro Valencia. Luz y ceniza, un libro en el que la escritora y editora valenciana Raquel Bada y la ilustradora Rosa Fuster reimaginan y recorren la ciudad con una perspectiva totalmente refrescante: con la curiosidad que podría tener un valenciano sobre su propia ciudad y con el cariño de quien vive en ella. Lo hacen respondiendo a un encargo de la editorial Tintablanca, que dentro de sus “cuadernos viajeros” propone una manera única de recorrer las ciudades de todo el mundo a través de quienes las habitan.

Con un tándem perfecto, Bada escribe y Fuster dibuja una ciudad en la que cualquiera querría quedarse a vivir, por muy difíciles que estén las cosas, y que repasa lo mejor de lo que nos rodea: “El agua dulce de la Albufera frente a la mar salada del Mediterráneo, su arquitectura popular, sus gentes, sus tradiciones; los momentos de la historia de Valencia en que dio la espalda al Mediterráneo y el momento en que se convenció de volver a mirarlo; la celebración de luz y ceniza que representan las Fallas, su ardor, su sonido, su aroma, su color”, reza la editorial.

Un texto que además invita a los protagonistas del arte valenciano, como Chirbes, Blasco Ibáñez, Estellés y Sorolla, a guiar el relato. Con tan solo diez capítulos, Bada y Fuster consiguen dibujar y escribir un viaje único entre las letras para arrojar luz sobre las historias de la ciudad como nunca antes habían sido contadas. “Queríamos hablar de València de una manera personal y única, aprendiendo sobre las calles y recorriendo la ciudad de nuevo para retratarla. “He podido hablar de mi València desde la cercanía y transmitiendo el amor que nos da la ciudad”, explica Bada sobre el proceso de escritura. Encontrándose en la ciudad junto a las ilustraciones de Fuster, encuentra en este libro un lugar en el que la ciudad se tiñe de color arena para presentarse al mundo.

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“Raquel y yo coincidimos en que València nos evocaba a un color marrón tierra, con el que identificábamos la ciudad desde el inicio. Al quedar por primera vez, coincidimos en que la ciudad tenía ese color arena parecido a la tierra. Es el que se ve en la playa, en los monumentos emblemáticos de la ciudad y en algunas paredes cuando les da el sol”, explica la ilustradora sobre el match creativo con Bada nada más conocerse, “a partir de esta coincidencia supimos que todo iba a salir bien”.

Partiendo de este color, ambas decidieron comenzar desde un lienzo en blanco para encontrar las historias de la ciudad. Pasando desde la complejidad de los mosaicos de Nolla hasta el encanto de los arrozales de l'Albufera, tanto Bada como Fuster se descubren imaginando una ciudad llena de luces y sombras que se puede contar desde sus tradiciones y sus ciudadanos. “Nos gusta mirar hacia la otra historia de València, lo hacemos contando también sus tradiciones, como las Fallas, o centrándonos en sus personajes más emblemáticos, pero lo hacemos con un paseo en primera persona y descubriendo al lector cosas que nosotras mismas hemos aprendido con este encargo”.

El parque Gulliver, el Tribunal de las Aguas y La Lonja se convierten en protagonistas de un libro que comprende tan bien la ciudad que incluye al final un episodio clave para esta: la Dana y lo que supuso para los valencianos. “Cuando nos llegó el encargo, justo acababa de pasar la Dana, no nos planeamos que no formara parte de nuestra historia porque lo teníamos muy en mente. “Queríamos hablar de lo que había supuesto para la ciudad desde nuestro punto de vista de creadoras y ciudadanas y a la editorial también le encajó”, destaca Bada sobre esta decisión que pone el foco también en una parte más triste de la historia de València.

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Este capítulo, que está como colofón del libro, llega para explicar también la unión de los valencianos ante las adversidades, y su capacidad de “germanor” y cuidados. Aunque antes de llegar a la Dana el lector debe recorrer toda la ciudad, comprendiendo también sus tradiciones, como las Fallas, y su historia, desde la Ciutat Vella hasta el corazón de los edificios valencianos más emblemáticos. Partiendo de los arrozales de l'Horta como punto de partida para esta historia, Fuster explica que Valencia. Luz y ceniza les sirven para comprender la ciudad desde sus orígenes y casi por completo. 

“Partimos de los arrozales para comprender los orígenes de la ciudad y centrarnos en todos los colores que caben en ella”, y juntando ilustración con historia logran dibujar la historia de una ciudad tan única como sus habitantes y tan palpable como este libro que está abrazado por una encuadernación marrón color arena, color piedra y también color ceniza. Un color que nace precisamente cuando juntas todos los colores que te rodean, como si se jugara con plastilina. El marrón surge de mezclar el color de la luz de Sorolla en sus cuadros, el naranja del fuego que prende las Fallas y el azul del cielo en los arrozales que rodean una ciudad que es toda “luz y ceniza”. 

 

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