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estudio del comportamiento

Lineex: el laboratorio de las decisiones irracionales

El Laboratorio de Investigación en Economía Experimental de la UV se creó en 1998 y es uno de los más importantes del mundo

21/03/2016 - 

VALENCIA. Parece el Frogger, aquel videojuego del Pleistoceno en el que había que ayudar a una rana a cruzar una autopista, pero con la resolución gráfica del ZX Spectrum. La misión es la misma, llevar un coche al otro lado de la carretera, pero con una diferencia: hay dinero en juego. Cruzar vale diez puntos; intentarlo y fracasar, cero; no moverse, cinco. Los coches van cada vez más rápido y cuesta más decidirse: ¿arriesgar o no?

El ejercicio tiene otra parte, todavía más sencilla y que sólo requiere ganas de ganar dinero. Si se acepta el reto, en la primera apuesta hay un 100% de posibilidades de obtener premio, en la segunda 90% y así sucesivamente. La recompensa es la misma: diez puntos si se acierta, cero si se falla y cinco si no se hace nada. Parece sencillo, pero de lo que hagan las personas que están en la sala depende el futuro de la industria de los seguros.

¿Exagerado? Un poco. Pero cuestiones así son las que se estudian en el Lineex de la ERI-CES de la Universitat de València, uno de los laboratorios de economía experimental más avanzados de Europa. El ejemplo va de estudiar el comportamiento de las personas ante el riesgo para determinar cómo diseñar un futuro seguro, pero podría ser sobre seguridad en la red o un producto bancario. El de hoy es un encargo de una de las muchas empresas públicas que acuden para diseñar sus productos, pero podría ser de una institución privada.

El Lineex (Laboratorio de Investigación en Economía Experimental) se creó en 1998 y es, actualmente, uno de los más importantes del mundo. En España, es el único que funciona de manera permanente ya que a veces recibe encargos que tienen que estar listos en 24 horas para que alguien pueda tomar una decisión. Además, dispone incluso de un equipo móvil que le permite hacer sus investigaciones a pie de calle. No hay tubos de ensayo ni mecheros Bunsen, sólo ordenadores, pero no por eso es menos laboratorio.

El Lineex es un grupo formado por catorce miembros. Su director es el matemático y doctor en economía José Vila que, además es uno de los cuatro investigadores locales, a los que apoya un equipo de diez personas. La mayor parte de ellos son economistas, aunque hay excepciones como Vila, pero también hay ingenieros, expertos en marketing, un físico y un informático. Forman un colectivo bastante joven en el que la mitad son mujeres. «Aunque suene raro —explica Vila— la economía también puede estudiarse en un laboratorio, sobre todo lo que tiene que ver con el comportamiento de las personas a la hora de tomar decisiones. Nos interesan las decisiones pero sobre todo los mecanismos que llevan a tomarlas».

En el último año se realizaron 82 sesiones y más de 3.000 personas tomaron parte, de un total de 14.000 inscritos en su base de datos a través de su web. Actualmente, se está realizando un experimento online con más de 5.000 personas en España, Reino Unido, Alemania, Rumania y Finlandia. En total, se realizaron 39 experimentos económicos de investigación y otros 33 de transferencia de resultados, las dos actividades a las que se dedican.

Lo que hace el equipo del Lineex es diseñar pequeños experimentos para saber cómo reacciona la gente, por ejemplo en situaciones de incertidumbre, como cuando se suscribe un seguro (si no hay accidentes, pagamos por nada) o un fondo de inversión (una oscilación del precio del petróleo o una guerra en un país lejano pueden marcar la diferencia entre pérdidas y beneficios). Por supuesto, no es fácil.

«Uno de los principios» —explica Vila— «es que cuanto más complicado es lo que se quiere medir, más sencillo tiene que ser el experimento». El otro, un incentivo  conómico «adecuado al objeto del estudio». No mucho, lo normal es llevarse entre diez y 20 euros. Aunque también hay excepciones: un participante se llevó calentitos y al contado casi 1.200 por apenas media hora de trabajo: participar en un experimento con decisiones de inversión realizado para una entidad bancaria. Parece fácil, pero no lo es. De lo que se trata es de descubrir patrones que permitan predecir la irracionalidad.

Y es que lo «racional» no es lo que parece, como demuestra el juego del ultimátum y siempre se repite con resultados similares. Se trata de dar, por ejemplo, cien euros a una persona y tiene que repartir con otra. Pero ésta debe aceptar para que ambos se queden el dinero. En principio, el segundo aceptaría un euro, ya que mejora lo que tiene, pero la práctica demuestra que si el primero da menos de 30 su compañero no acepta y ambos se quedan sin nada.

¿Economía experimental?

Gracias a la película Una mente maravillosa (Ron Howard, 1994) el público conoció la llamada Teoría de los Juegos que le valió el Premio Nobel de Economía a John Forbes Nash, uno de los puntos de partida de la economía experimental. Aunque habría que remontarse a 1713 para encontrar los orígenes de esta disciplina, cuando Nicolaus Bernoulli formuló lo que se conoce como la paradoja de San Petersburgo, no es hasta 2002 cuando la economía experimental y del comportamiento obtiene su reconocimiento con la concesión del Nobel de Economía a Vernon Smith y Daniel Kahneman.

La idea clave de los experimentos económicos es sencilla, y sigue el consejo del catedrático de la Universidad de Duke Dan Ariel: no fiarnos de lo que la gente dice, sino de lo que la gente hace. Si queremos saber de verdad cómo las personas tomamos decisiones económicas, lo mejor es generar en el entorno controlado de un laboratorio una situación en la que los participantes deban tomar de verdad esas decisiones. Para garantizar que los sujetos actúan como en el mundo real, las decisiones que toman en el laboratorio determinan el dinero que reciben por participar. Si bien el diseño de estos experimentos no es sencillo, su análisis es una valiosa ayuda para comprender y predecir el comportamiento económico en investigación, diseño de políticas públicas y análisis del consumidor.

¿Cómo actúa el cerebro?

La economía experimental ha ido evolucionando mucho desde que comenzó su época dorada en los años 90. Ahora el gran objetivo no es ver cómo reaccionan las personas sino, directamente, cómo lo hace el cerebro. En Lineex, que cuenta con neurólogos entre sus colaboradores, utilizan ordenadores para ver cómo reacciona lo que Woddy Allen definió como nuestro segundo órgano más importante, qué partes de él se activan en función de si la oferta es justa o injusta.

Se puede hacer mediante encefalogramas o a través del potencial acumulado de las ondas cerebrales: las frecuencias son más altas cuando la oferta es más injusta. El campo de estudio del centro es casi infinito. Por ejemplo, determinar cómo afecta directamente al cerebro el diseño de una página web (un encargo de la Unión Europea para mejorar su regulaciónde los mercados online) o saber cómo reacciona la gente cuando le ofrecen un descuento en números absolutos (en euros o de manera porcentual).

El futuro en Economía Experimental del Comportamiento, con las posibilidades que ofrece desde el big data (grandes bases de datos que recogen nuestro comportamiento) hasta la capacidad de adentrarse en nuestro cerebro es prometedor, pero no exento de nubarrones. «Evidentemente, todo en esta vida se puede usar para el bien y para el mal, y en el equipo tenemos claro qué tipo de estudios nunca haríamos aunque hasta ahora nadie nos ha propuesto nada que vaya contra nuestros principios éticos».

Pero teniendo en cuenta que ya sabemos que nuestra opinión sobre una web se toma de manera inconsciente en los primeros cinco milisegundos, que se puede controlar el eye tracking (dónde miramos en una páginas) y que es posible elaborar nudges (‘empujones’) que nos llevan a tomar decisiones sin darnos cuenta, ¿cuánto falta para que en lugar

(Este reportaje se publico en el número de octubre de 2015 de la revista Plaza)

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