Buen producto

Llisa Negra

Quique Dacosta y Juan Ramos

La primera vez que vi la silueta de Llisa, cuando todavía era un esqueleto, pensé en un gabinete de curiosidades cuya llave guardaba Quique Dacosta como oro en paño. Una vez abierta, tras quitar el contenedor de la puerta, y bronceado siempre por el aroma nocturno del antiguo señorío de Pascual y Genís, se convirtió en el acceso a ese cuarto donde si miras por los estantes te vas encontrando ostras, langostas de Dénia, un arroz en llanda, huevas de atún, la tarta de queso y la cabeza de Bittor Arginzoniz... La concreción de la diferencia entre el lucimiento y la exhibición. El banquete con los favoritos. 


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¿Qué pido?

Arroz a banda seco en llanda, con cazuela de bullit de peix